PROTAGONISTAS HABLA EL CURA QUE SE CONFESO GAY

“El Papa me transmitió simplicidad y transparencia”

En diálogo con PERFIL, el cura polaco Krzysztof Charamsa dice que admira la diversidad sexual que hay en la Argentina.

Foto:Cedoc

“Lo mío fue una liberación... un poco como sucede en los sacramentos donde uno recibe la gracia y energía de Dios”. Está claro que Krzysztof Charamsa no sólo no teme a la exposición pública, sino que no se achica a la hora de las definiciones. En diálogo telefónico con PERFIL, la comparación queda atrás luego de una afirmación exultante. “¡Dios mío, soy gay y estoy feliz de serlo!”, dice Charamsa desde Barcelona, donde vive su nueva vida luego de sorprender al mundo hace dos semanas, cuando un día antes de que comenzara el Sínodo de la Familia confesó su homosexualidad y presentó a su pareja. Atrás quedó su amada Roma, donde están sus oficinas y las aulas de la universidad que tuvo que abandonar de forma inmediata después de su anuncio.

Por allí quedaron cientos de libros de teología de su biblioteca personal y que lo acompañaron durante su pasado tortuoso que ahora –dicho en sus propias palabras– se reconvierte en un sentimiento presente que él resume en un concepto: libertad. “Para mí todo esto es nuevo, ¡estoy tan feliz!”, cuenta. “Estaba viviendo una pesadilla que llevaba a todas partes. ¡Fue salir de una prisión espiritual!... Una imposición que ya experimentaba como irracional. He vivido toda la vida con el estrés que acompaña ser gay y no poder decirlo. Ahora disfruto de mi liberación y también estoy desocupado”.

—¿Sabe de qué va a trabajar?
—No he pensando aún en eso. Estoy desocupado (risas).

—¿Qué le dice la gente en la calle?
—Los catalanes son extraordinarios, me dan aliento. “¡Enhorabuena!”,me dicen. Tratan de entender esta decisión existencial de un cura que ha vivido con fobia y ha salido del closet. Tengo en mi casilla más de mil mails. Hay de todo, eh. Esta semana recibí un mensaje de un médico que me proponía hacerme volver a la Iglesia y curar mi homosexualidad.

—¿Cómo era su pensamiento con respecto a la Iglesia cuando se inició como cura?
—Empecé a los 18 años. Jamás admitía que la Iglesia pudiera ser retrógrada, me esforzaba por entender la doctrina. Fue dramático darme cuenta de que no aceptaban la homosexualidad. ¡La Iglesia va en contra del conocimiento y del desarrollo del pensamiento humano. En la Congregación Doctrina para la Fe estuve doce años y se hablaba de homosexualidad con un nivel de conocimiento de Wikipedia. Para mí tal ignorancia es pecado. Creo que hay necesidad de trabajar en una mentalidad nueva. Argentina ha sabido manejarse de una forma abierta y respetuosa.

—¿Sabe que hace más de cinco años que aquí existe la Ley de Matrimonio Igualitario?
—¡Por supuesto! Están a la vanguardia en los derechos de diversidad sexual. He seguido de cerca el caso de Argentina y leí varios textos teológicos relacionados con este tema que me resultaron muy interesantes.

—Cristina Kirchner ha impulsado varias políticas. ¿Está al tanto?
—Sí, sé que es muy abierta. Aprecié mucho el hecho de que sea la madrina de la hija de una pareja lesbiana. ¡Cuando escuché la noticia me conmoví mucho! Estos gestos no cambian el mundo, ni a la Iglesia, pero empiezan a cambiar un poco la mentalidad. Creo que en este camino se pone mi humilde gesto de liberación.

—También se puede cambiar la identidad del DNI.
—Eso para las personas transexuales es indispensable, una persona transexual abandonada en su propio conflicto existencial está al borde del suicidio. En mi Polonia natal, para que un transexual lo haga debe ir a juicio con sus padres. Por eso muchos esperan a que mueran sus padres.

—¿Siente que tiene ahora una nueva misión?
—Sí, yo sigo siendo cura. Quiero humildemente poder servir a los que son discriminados y estigmatizados, los que sufren, por usar palabras del papa Francisco. Tuve la suerte de estar cera de él cuando fui segundo secretario de la Comisión de Teología Internacional. Siempre me transmitió simplicidad y trasparencia, algo que en el Vaticano falta. Creo que con su planteo al decir “¿Quién soy yo para juzgar a los gays?” marcó un verdadero postulado.

—Usted hizo su anuncio un día antes del Sínodo de la Familia. ¿Quiso generar un golpe de efecto?
—Lo hice en el momento que sentí y lo hice para mí, y también por muchas personas que viven el mismo miedo.

—Ahora se convirtió en una celebridad...
—(Ríe) ¡Nooo!, mamma mia… Si hacía esto como desconocido y de noche, huyendo de Roma, yo estaría de nuevo en el closet. Conozco curas que continúan en un semicloset y con culpa.

—¿Siente culpa?
—¿Yo? No. Al contrario: ¡Me he liberado de la culpa!

—¿Cómo vive Eduard, su pareja, todo esto?
—Creo que ha hecho un sacrificio de amor. De él sólo puedo decir quién es para mí: es una experiencia de amor y liberación

—Usted habla varios idiomas, incluso español. ¿Tuvo algo que ver Eduard, que es traductor?
—(Risas) Sí, él es muy bueno en idiomas.

—¿Practica algún deporte?
—Mi deporte toda la vida fueron las bibliotecas... ¡Jamás he jugado fútbol como verdadero gay que soy! (risas) Ahora empecé a nadar e ir al gym; y estoy fascinado con el spinning.



Agustín Gallardo