PROTAGONISTAS DE VISITA EN BUENOS AIRES

Gaultier en Argentina: de Awada a Moria Casán

El diseñador francés dio una charla en la UBA, almorzó con la primera dama en Olivos y paseó por La Boca. Dijo que quiere volver para conocer la Patagonia.

Contento. Piquito con Moria Casán (izq.), y con el poncho de vicuña que le regaló Awada.
Contento. Piquito con Moria Casán (izq.), y con el poncho de vicuña que le regaló Awada. Foto:Presidencia

Parecía mentira: el hombre que le puso alguna vez corpiños de cono a Madonna estaba ahí, caminando por los pasillos de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires, derrochando una simpatía que fue devuelta con una catarata de aplausos. La escena del jueves último en la UBA, fue una postal más en la trayectoria de Jean Paul Gaultier, quien está cumpliendo cuarenta años con la moda.

Histriónico, divertido, interesado en la cultura argentina... Así lo describieron quienes estuvieron junto al diseñador, quien llegó el miércoles por la tarde a Buenos Aires, en la que es su segunda visita al país.  Al otro día, temprano, arribó a la facultad, donde en el Aula Magna recibió el título de Profesor Honorario. Allí, dio una clase maestra ante más de dos mil alumnos: unos 700 entraron en el aula y el resto se ubicó en el patio central para seguir la charla desde las pantallas gigantes. “La única manera de tener éxito es hacer lo que les gusta. Ese es el éxito, no la fama ni el dinero sino haber alcanzado su sueño”, aseguró Gaultier con un español que mantuvo durante gran parte de la charla. En otro tramo, contó que fue su abuela, quien habiendo guardado los dibujos de su infancia, se los llevó a todos los modistos de París de aquellos años, para que su nieto consiguiera trabajo. A los 18 años, dio inicio a su carrera cuando comenzó a trabajar para Pierre Cardin. “La escuela está muy bien, luego hay que trabajar lo más pronto posible, y después trabajar, trabajar y trabajar”, remarcó. Cuando le preguntaron qué significaba el perfume para él, sostuvo: “Un perfume es una primera piel para vestirse. Hay personas que no comprarían mis vestidos pero sí usarían mis perfumes. Y, contradictoriamente, el vestido es lo primero que te sacás cuando te vas a la cama. En cambio, el perfume se va a dormir contigo”, dijo el diseñador dando muestra de cuán importante es el marketing para vender fragancias.
 
Raid.
Al mediodía del jueves, el diseñador fue a conocer a Juliana Awada a la quinta de Olivos, donde mantuvo un almuerzo con varios diseñadores locales, entre ellos, Martín Churba y Jazmín Chebar. El almuerzo fue en el  comedor principal de la residencia y se sirvió pescado, lomitos de cerdo, y volcán de dulce de leche. Los comensales escucharon con atención las anécdotas del galo. “El estaba re-contento, quería practicar su castellano y respondía en español las preguntas que algunos le hacían en francés. Dijo que quiere volver con más tiempo y conocer el Sur” contó a PERFIL uno de los presentes. A modo de agradecimiento, Juliana le regaló un poncho de vicuña.

Por la noche, Gaultier fue homenajeado en el Café de los Angelitos. Allí, pasadas las 20:30, llegó junto a Corinne Ricard, una amiga francesa que casualmente vacaciona en Buenos Aires y que se vistió con un diseño de él. Desde una hora antes, se paseaban por el salón mujeres en corsé y hombres en remeras a rayas, prendas emblemas del francés.

Entre los famosos que no quisieron perderse una foto con él, estuvieron Pampita, Juana Viale, Cecilia Roth y Florencia de la V, entre otros. Luego, todos pasaron a un salón para una cena-show que estuvo animada por Moria Casán, quien hizo desatar de risa a Gaultier con un monólogo que incluyó frases célebres de la diva como “Si querés llorar, llorá”. Según pudo saber este diario, uno de los pedidos de Jean Paul, fue justamente ése: ver y escuchar artistas que sean representativos de la Argentina. Por eso el cierre de la noche estuvo a cargo de Ráfaga. Ayer, Gaultier salió a pasear por Caminito. Y al cierre de esta edición, el plan era cenar con la modelo Milagros Schmoll y disfrutar del espectáculo en Rojo Tango, aunque, pidió –según contaron– algo que “no sea turístico sino una buena milonga porteña”.