PROTAGONISTAS UNA MUJER QUE TUVO QUE HACERSE A SI MISMA

Imágenes del poder que tuvo Ernestina de Noble

Fue una de las pocas argentinas que tuvo que cimentar su poder de manera inesperada y en una época donde el sillón más importante de una compañía estaba reservado sólo a los hombres.

Final del Mundial 78, en el palco presidencial con el dictador Jorge Rafael Videla y con Julio Grondona.
Final del Mundial 78, en el palco presidencial con el dictador Jorge Rafael Videla y con Julio Grondona. Foto:cedoc

Fue una de las pocas argentinas que tuvo que cimentar su poder de manera inesperada y en una época donde el sillón más importante de una compañía estaba reservado sólo a los hombres. Por eso, el caso de Ernestina Herrera de Noble es comparable con el Amalia   Lacroze de Fortabat.

Ambas fueron segundas esposas de respectivos maridos que contruyeron una empresa poderosa. Alfredo Fortabat le legó a Amalita Loma Negra, compañía cementera de la que ella se hizo cargo por décadas: fue casi o del todo monopólica y supo tejer alianaza con los gobiernos de turno sin importar si su origen era o no democrática. Y así potenció Loma Negra hasta venderla a la brasileña Camargo Correa  e hizo del apellido Fortabat sinónimo de, sobre todo, una de las mayores fortunas de Latinoamerica.

A Ernestina Herrera de Noble le sucedió lo mismo al morir Roberto Noble, empresario desarrollista y, sobre todo, fundador y dueño de Clarín, cuando “tan sólo” era un diario.

Varios libros relatan desde diferentes perspectivas el crecimiento y consolidación de Clarín, en el imperio mediático que alcanzó su cenit –al menos su primer cenit– durante la década menemista. Pecado Original. Clarín, los Kirchner y la lucha por el poder, de Graciela Mochkofsky; La Noble Ernestina, de Pablo Llonto, La era Magneto, de Martín Sivak, y Diario de la Argentina, que a Jorge Asís lo conminó a la lista de personas no gratas del multimedio.

Las imágenes de Ernestina dan una idea del poder sostenido por un equipo hábil para alianzas. Un equipo que perdió a una integrante sin por eso perder su poder.