PROTAGONISTAS

Jefe de una tribu especial

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El periodismo gastronómico es bravo. Hay mucho ego, mucho glamour, mucha fantasía. Es un mundo netamente nocturno de burbujas y taninos, de paladares entrenados, de viajes con abundantes estrellas y personajes sorprendentes, generalmente muy cultos, con destellos tiranos, pero absolutamente encantadores. En Argentina esta tribu tuvo un jefe. Se llamó Miguel Brascó; y acaba de dejarnos.
    Abogado, dibujante, escritor, carpintero, poeta, experto en esto y en lo otro. Todo es verdad. Pero lo que marcó a fuego a tantos fue su capacidad bestial para escapar de lo obvio. El hombre que acaba de morir inventó un idioma y se rió de todo lo supuestamente correcto. Mucho más que experto en bodegas y comidas. Muchísimo más que escritor de sabores. Fue un original que sacó palabras del olvido para describir lo indescriptible. Que fusionó el francés con nuestro lunfardo, que puso de moda lo que se le antojó y se recicló hasta el último día.
   En lo personal, puedo decir que tuve el enorme peso y responsabilidad de heredar  el manejo de una revista que inventó él con su entonces esposa, Lucila Goto, allá por 1984. ¿Qué pensará el hombre del moñito cuando nos vea, jóvenes e inexpertos, relanzando su monstruo sagrado? Y llegó el día, ese encuentro tal vez no tan casual en el maravilloso Grill del Plaza Hotel, lugar icónico donde él soñó a lo grande con el Gato Dumas, Ramiro Rodríguez Pardo y el mismísimo Pedro Muñoz, alma del hotel. Entonces hubo saludo informal, piropos que guardaré para mí y un “¡Dale piba, lo están haciendo bien!”.
Y así fue que, en el mundo de los egos, el rey nos dio la bendición, que se agradece. ¡Salud Miguel!

*Directora de Cuisine&Vins.



Flavia Fernandez