PROTAGONISTAS LA HIJA DEL RABINO BERGMAN

“Juliana no usa un vestido para hacer un favor a nadie”

Maia Bergman vistió a Elton John, pero que Awada usara un diseño suyo junto a Máxima fue especial. Tiene 28 años y vive en Londres.

Emprendedora. En Londres tiene su taller y la oficina de su marca. Abajo, con su papá.
Emprendedora. En Londres tiene su taller y la oficina de su marca. Abajo, con su papá. Foto:Gentileza Maia Bergman
“En diez minutos llego y hablamos. No paro hace tres días, pero estoy feliz”, anticipa por Whatsapp. Son las diez de la noche y recién está volviendo de su taller en Wimbledon en las afueras de Londres. Pero su felicidad no la deja sentir cansancio. “Cuando me detengo pienso lo que esto significa para mí. Tantos años esforzándome... Es emocionante”, suelta con la satisfacción de quien acaba de cumplir una meta. Y no es para menos, en su último viaje oficial, Juliana Awada eligió uno de sus diseños y su vestido y su nombre se mencionó como nunca antes: Maia Bergman. Se trata de la hija de 28 años del rabino y actual ministro de Ambiente y Desarrollo Sustentable, Sergio Bergman.
“Es la primera vez que visto a Juliana. Cuando le hice el vestido no estaba segura si lo iba a usar y verlo fue un shock. Además, lo usó junto a Máxima; fue un hito en mi carrera. Hice trajes para Elton John y conocí a varias celebridades pero vestir a la primera dama es diferente. Y eso que  no soy de las personas que se shockean frente a un famoso”, suelta mezclando palabras en inglés y castellano que luego justificará con un “vivo hace tanto acá que ya pienso en inglés”. Y sigue: “Tiene que ver con una cuestión emocional. Yo me fui de muy chica de mi país, y esto es como un círculo que se cierra. Que la primera dama haya usado un vestido mío es mucho más importante que si lo hubiera usado Beyoncé”.
—¿Cómo llegó a vestirla?
—Me contactó su asistente. Me comentó del viaje y les propuse un diseño. Y les encantó el bordado. Ya sabía más o menos el tipo de corte que usa, y que le gusta, por ejemplo, que se le vea la clavícula, así que lo hice en tiempo récord y a ojo.
—¿Cuánto tardó?
—Tres días, cuando en general se tardan siete. Pero durante ese tiempo, el vestido de Juliana fue el foco central de mi equipo. Y se dio la casualidad de que Lidia, la modelista con la que trabajo en Argentina y quien le hizo los últimos retoques, había trabajado para la marca Awada y conocía a Juliana, así que todo ensambló perfecto.
—¿Por qué cree que usted fue la elegida?
—Algunos dijeron que fue por la relación con mi papá, pero no es así. Ella siempre tuvo un interés marcado por impulsar la moda de jóvenes argentinos y siento que ésta era una ocasión más que interesante estando Máxima. Pero por sobre todo, creo que le gustaron mis bordados, que son piezas únicas y a los que les dedico mucho tiempo. Y si bien ella es fiel a algunas marcas, le pone mucha garra al diseño de jóvenes.
—¿Le molestó que se dijera eso?
—No tengo ningún problema en que me llamen la “hija de”, me llena de orgullo. Pero yo tengo nombre propio. Por otro lado, Juliana, en la posición que está no se pone algo para hacerle un favor a alguien. Y si no le hubiese gustado el vestido, no se lo hubiese puesto. Eso me deja tranquila.
—¿Conocía a Juliana?
—Nunca la vi personalmente. Para mí no podemos tener una mejor primera dama.
—¿Hace cuánto tiene su marca?
—Dos años. Pero no tengo un local, sólo el taller y una oficina donde atiendo a mis clientas, que son muy fieles. No hago prendas seriadas, sino únicas. Y sueño con abrir un local en Argentina.
—¿Cómo ve al país?
—Es difícil opinar desde afuera. Es una etapa de transición muy dura para muchos, pero soy optimista.
—¿Cómo empezó en la moda?
—Desde chica supe que quería ser diseñadora.Cuando volvía del Nacional Buenos Aires, me iba a estudiar moda. Luego apliqué y quedé en Saint Martins, donde de 500 entran 30. Así que me vine a Londres con 18 años. La colección que hice para recibirme voló más allá de la facultad. Me llamaron de Dior, Richards James, Nina Ricci...Luego gané la beca de Stella McCartney y armé mi marca. Cuando cuento esto la gente no se imagina el esfuerzo y lo duro que fue estar lejos de mi familia luchando por un sueño. Todos los días extraño a mi familia, mi país, pero es una decisión que voy a seguir a paso firme.