PROTAGONISTAS EMPRENDEDORA, MADRE, ARTISTA Y FANATICA DE RACING

La nieta de Amalita: "Soy conservadora popular, un día voy a armar ese partido"

Amalia Amoedo es la menor de los tres nietos de la millonaria más famosa del país, y quien tiene el perfil más alto. “No me considero la más rebelde, sí la más curiosa”, dice.

Foto:Cedoc

El curandero y vidente ruso, Grigori Rasputín, dijo a comienzos de este siglo que el fin del mundo iba a suceder el viernes 23 de agosto de 2013. Son las cinco de la tarde y, al menos, en este rincón de Palermo, nada parece indicar que se acerque “la lluvia de fuego” vaticinada por aquel hombre. Ella se ríe: aquello de la predicción fatalista le hace fruncir el ceño restando veracidad. “Sólo Dios sabe cuándo va a ser el fin del mundo”, suelta con una bocanada de humo y una postura que se reacomoda una y otra vez sobre un sillón. Así será durante toda la charla: cigarrillos, café y, por momentos, cierta incomodidad. Es que si hay algo que a Amalia Amoedo no le gusta –y de hecho no está acostumbrada– es a dar entrevistas. Sin embargo, la nieta de Amalita Fortabat se esmera y resulta una amable anfitriona a la hora de recibir a PERFIL en su atelier palermitano.  

Aquí, entre cuadros y latas de pintura, entre olor a incienso y espejos “intervenidos” con frases del estilo “guirnaldas de caricias florecen entre besos musicales”, es donde esta mujer de 37 años pasa gran parte de su tiempo con la pintura.  Fue en este lugar donde hasta hace poco funcionó el showroom de Beleidades, su marca de lencería, con la que convivió durante los últimos diez años. “Se terminó un ciclo”, dice sin ampliar más. “Ama”, como le dicen sus íntimos, habla poco o, como ella prefiere graficar, “con un punto final después de cada frase”.

Lleva puestas unas botas blancas con tachas, una campera de jean, remera blanca y un pantalón con estrellas dibujadas, una autoreferencia inmediata que también se ve reflejada en el empapelado de este ex local de ropa interior. Por ahí empezamos, por el cosmos aunque la primera pregunta, la hará ella:

—¿Qué me vas a preguntar?
—¿Estudiaste astrología?
—¡Ah!, pensé que ibas por el legado de mi abuela, esa frase ya está gastada. Sí, estudié durante cuatro años. Desde chiquita me llamó la atención mirar el cielo, las estrellas. No me gusta la astrología predictiva, sino la integrativa, o sea lo que tiene que ver con ayudarse a conocer las luces y sombras de cada uno.
—¿Te da miedo el futuro?
—No, pero me gusta también que me sorprenda.
—¿Si tuvieras que definir tu arte, cómo lo harías?
—Hago arte pop, un arte que tiene que ver con transmitir lo que estoy sintiendo. Me gusta que la gente se lleve algo y que busque cierta información que está escondida en algún lugar.Hay cosas astrológicas, palabras y números...
—También tenés un laboratorio de fragancias, ¿qué sería exactamente?
—Se llama Fueguia. Hacemos velas y difusores, entre otras cosas. Le damos identidad aromática a los locales de distintas marcas de ropa, como así también elaboramos fragancias.
—¿Es importante oler bien?
—Los aromas te conectan, te llevan a un lugar romántico, a los mejores y tal vez, peores lugares. La fragancia también puede ser arte: tuve algunas muestras donde pintaba con esencias.
—OK. ¿Me explicás cómo pasás de la sensibilidad del arte y el gusto por las fragancias, a estar en la platea de Racing gritando un gol?
—(Risas) Es una pasión que tengo: Racing. Voy de chiquita a verlo; mi hermano me llevaba. A pesar de lo que implica ser hincha de Racing, soy una fanática. Ayuda a tener tolerancia a la frustración en la vida (risas).
—¿Sos de insultar?
—No... Bueno, tengo momentos (risas).
—¿En el entretiempo, te comés un choripán?
—Un chori no, pero el paty de cancha me gusta. La pizza también.
—¿Es cierto que también practicás tiro?
—Sí. En realidad lo hacía más seguido de chica. Me gusta como deporte.
—¿Solés estar armada?
—Noooo... pero tengo el papel que me habilita a la portación.
—¿La usarías como defensa personal?
—Para nada. Para combatir la inseguridad acá hace falta hacer cosas urgentes como fomentar la educación.
—Hace poco escribiste tuits apoyando las marchas que se hicieron contra el Gobierno...
—Me parecen bien esas marchas, pero no sólo se trata de ir a marchar, también tiene que haber una preocupación del ciudadano por conocer el candidato que va a votar.
—¿Fuiste a alguna de esas marchas?
—Sí…
—¿Qué te parece Cristina Kirchner como política?
—(Silencio largo). Es nuestra presidenta y a mí me enseñaron a no hablar mal de los presidentes. Me parece que podría escuchar más al pueblo argentino; pero me gusta cómo se maquilla.
—¿Y Elisa Carrió?
—(Piensa) Lo que me gusta es que va de frente. No me gusta dar nombres, si digo esto van a pensar que soy fanática de Lilita. A mí me gusta la política de antes donde había más debate. 
—¿Te dedicarías a la política?
—Sí, en un futuro lejano.
—¿Y cómo te gustaría empezar, ¿como asesora?
—¡No, qué asesora! Embajadora en algún país
—¿Con qué partido te identificás?
—Mi papá fue conservador popular (N. de la R.: Julio Amoedo, senador por Catamarca desde 1982 a 1993, ya fallecido). Yo soy conservadora popular, voy a armar ese partido algún día.
—¿Qué tan importante es el dinero para vos?
—Es importante, pero no es algo que te haga feliz o ayude a resolver todos tus problemas.
—¿En qué lo gastás?
—No soy mucho de gastar. La ropa me gusta pero no soy de comprarme todo. Si sé de algo que me gusta voy y lo busco tanto en Europa como en la Avenida Santa Fe.
—¿Comprarías algo en La Salada?
—No porque no te dan factura.
—Es cierto que tenés un ojo que llevás contra la envidia como tenía tu abuela?
—Sí, ella lo llevaba colgado, yo lo tengo tatuado.
—¿Leíste la biografía que salió sobre ella?

—Leí muy poco y la dejé. No sentí que fuera la biografía de mi abuela. No me gustó.
—¿Sos la más rebelde de la familia Fortabat?
—No, sí tal vez, la más curiosa, pero no llego a meterme en problemas. Soy muy pasional, a veces la gente se asusta.
—¿Estás en pareja ahora?
—No, estoy sola. Y bien. Me puedo divertir y pasarla bien con alguien. No creo que me enamore en lo inmediato.



Agustín Gallardo