PROTAGONISTAS TIENE 31 AÑOS Y ESTA SEPARADO

Pablo Perez Companc: un “playboy” por accidente

Su pasión son los autos que corre y colecciona. Una disputa entre mujeres lo puso en escena: una joven acusó a Luly Salazar de robarle el millonario.

Foto:Cedoc

Bastó que Luciana Salazar escribiera sus iniciales –PPC– en Twitter para que su nombre comience a aparecer en todos los medios. Y así quedar involucrado en el triángulo amoroso entre Martín Redrado y  Amalia Granata. ¿Pero, quién es “PPC”?

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Pablo Perez Companc es el sexto hijo de uno de los hombres de mayor fortuna del país: Gregorio Perez Companc, quien según la revista Forbes, está ubicado tercero en el ranking de millonarios de la Argentina con una fortuna de 1.500 millones de dólares; y con 1.154 entre los hombres más ricos del mundo. Su familia es dueña de la empresa de alimentos Molinos Río de la Plata, una de las principales productoras y exportadoras del país. También de Goyaike, dedicada a la producción de lana y leche, cultivos, biotecnología y ganado. Su mamá María Carmen “Munchi” Sundblad Beccar Varela fue quien fundó la heladería Munchi’s y la que incentivó a su marido para construir el bioparque Temaikèn.  
En 2008 Gregorio Perez Companc y su mujer transfirieron el 75% de sus acciones a sus hijos. Así fue como Pablo habría heredado una cifra que le permitiría vivir cómodamente de por vida aun cuando su rol se limite al de accionista. No se involucra en los negocios familiares, no va a las oficinas ni a reuniones.

Su padre, hacedor de la fortuna familiar, trató de inculcarle humildad y Pablo tuvo que trabajar hasta como cadete. Pero no duró mucho. Para terminar el secundario, pasó por tres colegios. Eso sí, le gustan los negocios inmobiliarios e invirtió parte de su fortuna en el edificio One de Punta del Este. También es dueño de un dúplex de mil metros cuadrados en el complejo Aleph de Puerto Madero. Y tiene un departamento en uno de los edificios más exclusivos de Miami, el St. Regis, frente al famoso mall Bal Harbour.

Gustos. Además de invertir en ladrillos lo hace en autos. Pablo es corredor y como sus hermanos y padre, amante de “los fierros”. Colecciona vehículos deportivos de alta gama en un espacio premium de Miami. Y casi todos los días sube fotos de sus “hijos” –así los llama– a Instagram. Incluso cuando no está junto a ellos, ironiza con que los extraña. Su última incorporación fue un Pagani Zonda Revolution valuado en 2,2 millones de euros al que apodó Black Minion. Es casi un Fórmula Uno y sólo puede manejarse en pistas privadas.  

“Correr es una pasión que llevo en la sangre igual que mi viejo”, dice. Le encanta la velocidad y el vértigo a pesar de haber sufrido un accidente hace siete años que casi le cuesta la vida. Fue en marzo de 2007, cuando hizo su debut en la categoría Indy Pro Series de los Estados Unidos. Estuvo ocho meses en silla de ruedas y se recuperó parte en Miami y en el Fleni de Escobar. Pero la pasión pudo más y es en Instagram donde la manifiesta  subiendo incluso videos conduciendo sus máquinas.

Amor. Su mudanza a Miami coincidió también con su separación de Camila Blousson. Una fotógrafa de Carmen de Areco. Fue allí, donde ambos se conocieron. Cuando él tuvo el accidente, ella lo cuidó y así nació el amor. Juntos llevaron adelante dos revistas especializadas en autos que ya no existen. En 2013 se casaron, pero enseguida se separaron y él se quedó viviendo en Miami.
La mención de las siglas PPC en un tuit de Luciana Salazar decantaron en la mención de su nombre. Al parecer harto de la situación  esta semana llegó a su punto máximo, él escribió en Instagram: “Luego de escuchar a la gente mentir todo el día y decir mierdas de mí, traigo buenas noticias”, subió una foto  de  la “máquina” que lo tiene ocupado: un auto de carrera.



Julieta Mondet