PROTAGONISTAS LA EX DEL CONDUCTOR

“Rial quiere borrarme de la vida de mis hijas”

Luego de estar en silencio por más de un año, Silvia D’Auro habló con PERFIL sobre su ex marido, el nuevo reclamo judicial y la falta de contacto con Rocío y Morena.

Foto:Cedoc

“Rehacé tu vida y no rompas más las pelotas”, dijo un enojado Jorge Rial el último miércoles en su programa de América. La frase tenía como destinataria a su ex Silvia D’Auro. ¿El motivo? Un escrito que presentó a principios de julio Eduardo Sande –abogado de D’Auro– en el Juzgado Civil N° 76 en el que se manifiesta una “situación de riesgo en la que viven sus hijas Morena y Rocío”, quienes están bajo la custodia del conductor y a través del cual se pide “medidas de resguardo”. Esto desató un nuevo round en esta ya ex pareja. Luego de más de un año D’Auro rompió el silencio y habló en exclusiva con PERFIL.

—¿Por qué surge esta nueva pelea entre usted y su ex?
—Surge luego de que Morena me pidiera fotos de ella de chiquita para su fiesta de 15; fotos en las que no esté yo. No accedí y me dijo de todo. Me quieren borrar. Como yo no se las di, llamó a mi hermano, a mi mamá... Entonces, asesorada por mi abogado entendí que tenía que tomar cartas en el asunto.

—¿Cómo es la relación actual con Rial?
—El me quiere borrar de la vida de mis hijas, si no, no actuaría como lo hace.

—¿Las chicas tienen relación con su familia?
—Van a comer a lo de mi mamá al menos una vez por mes.  Y se llevan bien, salvo cuando mamá les quiere hablar de mí: le cambian de tema.

—¿No hay chances de vinculación entre ustedes?
—Parece que no. Yo trato de ocuparme todo lo que puedo y hasta donde me dejan. Pero las chicas le dijeron a la jueza: “A Silvia no la queremos ver”. No las puedo obligar, sólo trato de ocuparme de que estén bien.

—¿Cómo lo hace?
—Una vez al mes voy al colegio, firmo los boletines y me entero de todo. Por ejemplo, que Rocío esta semana tenía ya 21 faltas, que le quedan sólo siete para quedarse libre. Y no sé de qué buenas notas habla el padre porque no hay ningún 8 o 9. De hecho, las dos tenían que rendir materias del año pasado y no se presentaron a todas. Y las que dieron reprobaron. Al padre le preocupa más que viajen y las vacaciones que que estudien. Cuando estaban conmigo, Rocío era abanderada y no tenía faltas. Morena ahora ni va al colegio con la excusa de su tratamiento contra la obesidad. Pero sí va a bailar, de viaje... Me asesoré, hablé con médicos y nadie recomienda que deje de ir al colegio y que pierda sus amistades, incluso aunque repita. Además, eso nivela para abajo a Rocío.

—¿Por qué cree que se da esta situación hacia usted?
—Yo sostengo que si yo no le hubiera pedido el divorcio,  este hombre no lo iba a hacer nunca porque estaba muy cómodo con la cama limpia, los calzones limpios... Y yo ocupándome de laburar como una burra y de las nenas. Durante doce años me ocupé sola de mis hijas. Cuando le decía: “Están mirando tele y se tienen que bañar”; él me decía: “Yo no les dije nada”.
Y venía la empleada y me decía que había sido él quien había dado otra orden.

—¿Usted cumplía el rol de “la mala”?
—Obvio, por poner límites; él nunca lo hizo. Entonces, obvio las nenas tiran para su lado. Las madres siempre quedamos como brujas. Me considero una madre estricta.

—Rial dijo que era violenta...
—Hablé con todas mis amigas y no conozco una que no le haya dado un chirlo a su hija en algún momento. Vos empezás a las seis de la mañana con el “levantate, levantate, levantante”, al mediodía es “comé, comé”, y a las siete de la tarde es “¿estudiaste?”. Entonces, por más angelical que seas, no es el mismo tono el de las seis de la mañana que el de las ocho de la noche.

—¿Cómo son las chicas ?
—No son complicadas pero están en una edad complicada, la adolescencia. Y la verdad es que la mejor imagen de mujer no es la que el padre tiene al lado (N. de la R: se refiere a  Mariana Antoniale). Lamentablemente, poco inteligente de su parte. Si cree que con eso él me afecta... A las únicas que afecta es a nuestras hijas.

—¿Creé que Antoniale es una mala influencia?
—Claramente. Muchas amonestaciones de Rocío son por ir con las uñas pintadas al colegio.

—¿Quiere la tenencia de sus hijas?
—Las chicas decidieron ir a vivir con el padre y está perfecto. Yo las respeto. Nunca pedí la patria potestad. Pero una cosa es eso y otra es que no tengan límites. Están tan ensimismadas... Mas allá de que Morena tiene un Edipo con el padre que yo alimenté y que me parece fantástico. Pero lo que tienen ellas es un síndrome de alienación parental. Pero insisto, ellas eligieron estar con el padre y yo voy a respetarlo. A mis hijas no las quiero ver sufrir pero la falta de límites no es educación. No es que él no puede poner límites, no quiere. Es más cómodo quedarse en la cama whatsapeando.

—¿La invitaron a la fiesta de 15 de Morena?
–No. A mi hermano y a mis papás, sí. Y me duele porque soñé con la fiesta, porque en este casa donde estoy yo, en San Carlos, era donde habíamos planificado hacerla, alquilar una carpa blanca para el jardín, y un grupo electrógeno por si se cortaba la luz para que nada pudiera arruinar el cumple de mis hijas...

—¿Y ahora qué piensa?
—Que él puso en Twitter que yo les iba a tener que explicar mucho a las chicas y el que más va a tener que explicarles  a ellas por qué las separó de la madre es él. Porque mis hijas saben quién las educó durante doce años. Además él amenaza, y la verdad es que a esta altura si tiene que hacer alguna declaración, por qué no la hace en Tribunales como hago yo, no en la tele. Cada día está más misógino, y la prueba está en cómo están nuestras hijas en cuanto a su actitud, salud y estudio. Es muy preocupante.

—¿En serio siente que Rial las separa de usted?
—Claramente, porque el que tiene miedo de quedarse solo es él. Pero ésta no es la manera de tener a alguien, atado. Al tener a sus hijas al lado como rehenes, hablándoles mal de la madre, a las únicas que está perjudicando es a la psiquis de las nenas. Van a tener que hacer todos terapia. Yo jamás las quise separar, aun no estando de acuerdo firmé permisos para que vayan de vacaciones a Aruba, por ejemplo.

—¿Usted igual habla con sus hijas?
—No, porque cambiaron los números de los celulares, y el del teléfono del departamento de Pampa y Libertador. Igual yo le escribo a Rocío y aunque no me responda, sé que me lee.

 

Otra vez a la Justicia

En el documento  presentado por D’Auro a la Justicia se detalla, por ejemplo,  que no se cumple con la orden judicial “que prohíbe la difusión de imágenes de las menores” en los medios. Además se cuestiona los “plazos excesivos” de la defensora de menores para dictaminar en cada oportunidad en que se le confiriera traslado o vista de las actuaciones” y desliza que esta situación “marca una pauta o de desinterés por los derechos a resguardar”. Por todo ello, el abogado Eduardo Sande  pide “evaluación psicodiagnóstica”, para “poner fin a la actual situación de riesgo moral, psicológico y físico de ambas menores”, y califica la conducta de Rial como “violencia de género, conforme lo normado en la Ley 26.485”.

 

Rial: “Rehacé tu vida”

“Los hijos siempre necesitan amor. (...) Hay padres o madres que quieren serlo circunstancialmente. Por conveniencia o para el afuera. O por guita también...”, dijo Jorge Rial en Intrusos el pasado miércoles. “No hay que aparecer un minuto y desaparecer, supongamos dos años. Eso no es ser ni padre o madre, ni amar a tus hijos”. Luego sin nombrar a Silvia D’Auro sí le habló directo a ella: “Te perdiste un montón de cosas. Hay gente que tendría que aprender a dar un paso al costado. Que su repudio, haber marginado a sus hijos, hizo doler mucho y dejó una herida muy grande. Sería bueno que por una vez en la vida tuvieran un acto de compasión hacia ellos mismos y dieran un paso al costado. Y en la intimidad dijeran: ‘No pude llevar adelante esto, no supe querer, y al no saber querer, no logré que del otro lado me quieran. No me eligieron porque en el momento en que yo tenía que dar cariño, preferí dar golpes, o maltratar’. Sabés lo que costó rehacer la vida. Rehacé la tuya y no nos rompás más las pelotas”, cerró el conductor.



Julieta Mondet