PROTAGONISTAS DANIEL ENZ Y MARINA WALKER GUEVARA

“Se pelea siempre por la libertad de expresión”

Los ganadores del Premio Perfil a la Libertad de Expresión, nacional e internacional, son ejemplos de cómo avanza el periodismo: investiga cómo actua el poder.

Juntos. Los ganadores en la visita a la redacción. Investigar, en la era de las redes y los datos, no cambia lo esencial que es el rol de la entrevista y de ser creíbles a la hora de buscar historias verídicas y rigurosas.
Juntos. Los ganadores en la visita a la redacción. Investigar, en la era de las redes y los datos, no cambia lo esencial que es el rol de la entrevista y de ser creíbles a la hora de buscar historias verídicas y rigurosas. Foto:Marcelo Aballay
Una, Marina Walker Guevara, trabaja con un equipo de periodistas de todo el mundo: coordinó desde Washington la investigación que muestra cómo funciona el poder económico global. El otro, Daniel Enz, hace su labor junto a 15 personas, desde un medio independiente, que investiga el poder de las corporaciones y el delito. Ambos se reivindican como provincianos argentinos, que no necesitaron de Buenos Aires para ejercer con rigor su tarea profesional. Miembros del equipo de Marina y del Internacional Consortium of Investigative Journalists (ICIJ) recibieron amenazas y perdieron su trabajo. El mismo Daniel Enz tuvo un atentado contra su vida en 2005.Para ellos, trabajar de lo que trabajan es un compromiso ético: algo que trasciende lo ideológico y se transforma en moral. Además, los dos recibieron los Premios Perfil a la Libertad de Expresión 2016, el internacional y el nacional. Antes de recibir el reconocimiento, visitaron la redacción y respondieron algunas preguntas que intentan explicar qué es hoy en día libertad de expresión. Y que nos hablan de un punto de vista acerca del poder, su alcance, su significado.

—Acerca del trabajo de ustedes se dijeron muchas cosas. Alguien habló de la soledad del periodista ante el poder. También se dijo “el mundo no será igual después de los Panamá Papers”, ¿cómo se sienten ante esas definiciones?

MARINA WALKER GUEVARA: El poder es  el que nos hace levantar cada mañana a hacer este periodismo de investigación, que es difícil, peligroso y sin glamour. Siempre les digo a los estudiantes de periodismo que existimos porque existe el poder. Y existimos para cuestionarlo, para incomodarlo. Los Panamá Papers fueron aún más lejos porque parte de ese poder era legal o estaban en un borde. Cuando hablamos de periodismo de investigación, muchas veces nos referimos a la coima. A formas más primitivas de la corrupción. No era éste el caso. Los Panamá Papers nos hablan de un sistema que es legal, pero profundamente inmoral. Y esos son desafíos más difíciles para periodistas de investigación, porque las presiones a veces llegan desde nuestros propios medios.

DANIEL ENZ: En nuestro caso el desafío es en una comunidad de unos 220 mil habitantes, donde uno se cruza todo el tiempo con los mismos tipos que denuncia. En ese marco, en que uno ve que las nuevas generaciones de periodistas, en las ciudades del interior, pueden ser quebradas más fácilmente, los jóvenes se involucran menos. ¿Qué hace el poder en esas ciudades? Hace un trabajo de seducción permanente, para demostrarles a los jóvenes periodistas que van a estar mejor al lado suyo. El mensaje es: “Si estás con nosotros, vas a tener un buen auto, un buen sueldo; si no, la va a pasar mal tu familia, menos trabajo”. Hoy por hoy tenemos la necesidad de marcarle la cancha al poder todo el tiempo.

—El poder hoy por hoy es muchas cosas: el poder político, la Iglesia, el narcotráfico. ¿Dónde está hoy el poder?

MWG: Es un muy buen punto. Nos hemos obsesionado con el poder político. Y a veces enfrentarse al poder económico es mucho más complejo, porque estamos trabajando en medios que son empresas. Y hay otros ámbitos que son también complejos. La Iglesia, tal como se vio en Spotlight, o en la investigación de Daniel. O en el Tercer Sector, en el que también hay corrupción, desmanejos.
DE: Fijate lo que nos pasó a nosotros. Hicimos las denuncias sobre los excesos en el convento de carmelitas descalzas. ¿Qué hizo la Iglesia? Dio la orden de que en todas las iglesias se hable de nosotros en las misas de sábados y domingos, y nos dedicaran el sermón a nosotros. Hay una comunidad religiosa muy fuerte... Yo tuve situaciones en el supermercado, en las que me increparon. Mi respuesta fue poner a la persona en contacto con las víctimas.

Lo imaginario y lo real. Les preguntamos cuánto se parece el periodismo de investigación de las películas. Enz contesta: “Hicimos denuncias sobre abusos en la Iglesia. A partir de entonces no nos dejan de llegar denuncias sobre el tema. Nuestro grupo es chiquito y tenemos que hacer un trabajo muy fino al respecto”.

MWG: Sería muy bueno que se haga algo al respecto y que se unan periodistas de varias provincias como para trabajar juntos. Lo que se ve en Spotlight es una etapa de una tecnología distinta a la actual. Pero guarda sin dudas muchos elementos en común. Lo que agregó Panamá Papers es la capacidad de un trabajo periodístico que pudo lidiar con 11,5 millones de documentos. Tenemos que sumar habilidades diferentes, nuevas: ingenieros, expertos en tecnología.

—¿Qué sucede con el periodismo en la era de las redes, de las nuevas plataformas, a la hora de encontrarse con la información y de manejar datos?

DE: Hoy por hoy no se puede estar al margen. Pero el buen periodismo se hace cara a cara. Preguntando, escuchando al otro. Un testimonio por mail es un 3% del testimonio.

MWG: Nosotros insistimos en que la base de datos y la tecnología es importante, pero es el comienzo. Hay que construir una historia con todo eso. Hay que saber salir de la base de datos.

Lejos de Buenos Aires. Ambos ejercen y ejercieron su oficio en Washington. Marina trabajó junto a Canela en TN. “Trabajé cinco años en Mendoza, en el diario Los Andes y luego fui a Estados Unidos y me quedé allí. Cuando era chica, pensaba que si no llegabas a Buenos Aires, no llegabas. Pero no es así”. 

Daniel dice: “Rechacé siempre las ofertas de Buenos Aires. Me propuse desde joven que los medios de Buenos Aires puedan hablar del trabajo de uno, pero sin resignar algunas cosas que te da estar en otro lugar. Creo que en Buenos Aires no podría vivir. Me gusta llegar a mi trabajo caminando, ir a la plaza a jugar con mi hijo al fútbol. Prioricé cosas que me hacían sentir mejor. Es notable cómo cambian los periodistas de Buenos Aires cuando llegan al interior.

—¿Cómo se hace para reconocer una fuente de una operación política?

DE: Uno las pone a prueba todo el tiempo. Información nos llega todo el tiempo. Que se transforme en una fuente es otra cosa. Que haga mérito.

MWG: En el caso de las filtraciones, de los leaks, es importante saber que las fuentes no son santos, sino que son seres humanos complejos, con motivaciones de todo tipo. No todos quieren cambiar el mundo. No todos filtran por buenas intenciones. Es importante verlos en toda su complejidad y es importante ir manejándolos. Muchas veces se sienten inseguros, se arrepienten de lo que te dicen. Son todos elementos para ir manejando.

—¿Qué significa para ustedes el concepto de libertad de expresión?

MWG: Es un concepto difícil de definir. Pero las nuevas formas de hacer periodismo de investigación nos ofrecen nuevas y ampliadas formas de libertad de expresión. El nuestro es un nuevo tipo de periodismo que rompe con el esquema de periodista como lobo estepario, solo con sus primicias. Estamos frente a un periodismo que cambia, que es en red, que es colaborativo. Que privilegia la investigación y la historia por sobre geografías y salas de redacción. Posibilita nuevas y más contundentes formas de libertad de expresión. Y le gana a la censura, donde la hay.

DE: Por la libertad de expresión se pelea todos los días, todo el tiempo. Uno se siente todo el tiempo enjuiciado ante los lectores. Es una lucha diaria en la que no te podés fallar a vos mismo en ningún momento. Tu credibilidad está siempre puesta en juego y eso es mucha autoexigencia. 
El poder trabaja todo el tiempo por su necesidad de ocultarnos las cosas.