PROTAGONISTAS TIENE 45 AÑOS Y ES JAPONES

Shigetaka Kurita: creó los emojis y nunca cobró los derechos de autor

A los 26, ideó para la empresa en la que trabajaba los dibujos que dieron origen a ese alfabeto universal. Está orgulloso, aunque no se hizo rico.

A los 26, ideó para la empresa en la que trabajaba los dibujos que dieron origen a ese alfabeto universal. Está orgulloso, aunque no se hizo rico.
A los 26, ideó para la empresa en la que trabajaba los dibujos que dieron origen a ese alfabeto universal. Está orgulloso, aunque no se hizo rico. Foto:afp

Una imagen, dicen, vale más que mil palabras. En tiempos enérgicos de mensajería instantánea, un emoji puede agilizar una conversación vaciándola de palabras. Con sólo un pictograma de una carita que llora de risa podemos sintetizar el común “jajaja”.

Los emojis están entre nosotros, y detrás de ellos hay un creador. Se trata de Shigetaka Kurita, un simpático japonés que es –lisa y llanamente– el inventor del lenguaje universal que emplea el 90%de la gente. Sin embargo, Kurita se quedó sin reconocimiento económico alguno: los millonarios derechos de autor los tiene la empresa para la cual trabajaba. “Lo hice para Japón, nunca pensé que serían un fenómeno global”, dice este oriental de 45 años.

NTT DoCoMo es la empresa para la que Kurita trabajaba. Entre 1998 y 1999, con 26 años, Shigetaka diseñó el primer lote de los pictogramas de emociones. Los primeros emojis diseñados por el japonés los lanzó DoCoMo en febrero de 1999 para el servicio i-mode, el primer sistema relevante de internet móvil del mundo.

Se trataba de 176 imágenes de 12 por 12 píxeles en blanco y negro que se convirtieron en la base que seguirían todos los emojis a partir de entonces. “El primer color apareció en 1999, cuando otras compañías móviles en Japón comenzaron a diseñar sus propias versiones, como las caras amarillas que vemos hoy”, contó Kurita. Y a su vez destacó que uno de los objetivos principales en aquel momento, cuando todo comenzó, “era hacer que las previsiones del tiempo fueran más fáciles de transmitir por mensajes cortos”.

Pater emojis. El llamado “padre de los emojis” relató que para su creación se inspiró en los símbolos que se usan para el pronóstico meteorológico y en los propios caracteres de los kanji, sistemas de escritura japonesa. “Al principio fueron cerca de 200 y estaban vinculados con el tiempo, la comida, la bebida, los estados de ánimo y los sentimientos. Para el amor diseñé el emoji del corazón”, dijo Kurita. Y ése es su preferido.

¿Los emojis han cambiado la forma de comunicarnos? Kurita está convencido de que su uso no es un signo de que las personas están perdiendo la capacidad de comunicarse con palabras, o de que tienen un vocabulario limitado. “Las personas de todas las edades entienden que un simple emoji puede decir más de sus emociones que un texto. Los emojis han crecido porque respondieron a una necesidad entre los usuarios de telefonía móvil”, explica Kurita.

Legado. Apple, Google y Facebook han incorporado los emojis. Pero, sin dudas, WhatsApp es el sistema de mensajería instantánea donde más aparecen estos símbolos. “Es algo que me alegra. Las letras y los caracteres de los distintos alfabetos no son objetos de derecho de autor, así que los emojis tampoco deben serlo. Los creé para que fueran de dominio público y me enorgullece que así haya sido”, dice.

“Creo que el próximo paso con los emojis será la pertenencia”, agrega el japonés cuando le preguntan por el futuro de los emojis. “Todavía hay muchos símbolos particulares de la cultura y la sociedad japonesa porque aquí se inventaron, y creo que pasará lo mismo con otros países”.


Y un día llegó al museo

Kurita no cobró un yen, dólar ni euro por la creación de sus emojis. Sin embargo, sigue involucrado en el diseño de servicios y contenidos para la comunicación en internet. Ahora, encontró una veta para mostrar su trabajo: el arte.

Recientemente viajó a Nueva York para acompañar la difusión de la obra que contiene 176 emojis originales de su autoría, adquirida por el Museo de Arte Moderno de Nueva York. Kurita tuvo que ir por sus propios medios. Según trascendió, los pasajes los pagó su mujer y sólo se quedaron dos noches por lo caro que resultó el alojamiento en la Gran Manzana. “Tener el honor de estar expuesto en el MoMA es más de aquello a lo que podría aspirar”, dice Kurita, quien siempre parece ver el vaso lleno.