PROTAGONISTAS TRAS LA SEPARACIÓN DE SANTILLI

“Uno perdona la infidelidad, pero no el quiebre de la complicidad”

La periodista asegura que su ex pareja le dijo que no hubo tercera en discordia.

Foto:Cedoc

“Esto ponelo acá. Esto, lo dejás por allá. Vení mi amor, sosteneme esta panza”. Casi como si fuera una directora de orquesta, Nancy Pazos es una máquina de indicaciones. Parada en el centro del show room de Estilo Bebé, el nuevo local de ropa de chicos que acaba de abrir en el centro, la periodista devenida empresaria irradia una energía resplandeciente, totalmente distinta a la que tenía unos meses atrás cuando, sentada en un living de televisión, fue a hablar sobre la crisis que estaba viviendo con Diego Santilli, el candidato a senador por el PRO, de quien se separó luego de veinte años de convivencia y con tres hijos.

“Ahora me ves bien, pero estuve algunos meses en los que no me podía levantar de la cama”, dice mientras sostiene uno de los tres moldes de cerámica que le hizo en su momento una artista con uno de sus tres embarazados. Acto seguido, se tira al piso, la próxima toma es propuesta por ella: será junto a unos cincuenta peluches. “Ahora esto lo puedo hacer porque bajé de peso, tuve una anorexia nerviosa”, dice soltando una risotada.

Fin del acto fotográfico. Nancy baja un cambio, ofrece pasar a una oficina contigua. Invita café. “Para mí una cerveza con naranja”, pide. “Bueno, acá estoy”, dice visiblemente predispuesta. La pregunta que se impone entonces, es: ¿Cómo están las cosas con Santilli, su ex. No es un interrogante más: su separación tuvo señalada a una tercera mujer en discordia, la modelo Analía Maiorana, quien en medio de los rumores, dio hace unos meses una entrevista donde sugería estar con el actual ministro de Espacio Público de la Ciudad. “Estamos bien, viviendo en casas separadas. El sigue viviendo en el hotel y yo estoy en la casa familiar de Pilar con mis hijos, pero la idea es mudarme al barrio Abril. Además, tenemos un departamento que habíamos comprado juntos este año, pero bueno ya lo vendimos”.

—¿Y vos cómo estás?
—Estoy mejor. Voy cuatro veces a terapia de las cuales, una, es de pareja, con Diego. El tuvo una crisis muy grande y se fue de casa. Yo me puse a trabajar en mis zonas erróneas. Me puse a pensar por qué una persona sale corriendo así...

—¿Hubo o no otra mujer?
—Los terceros en discordia si aparecen, lo hacen luego de que haya un problema inicial en la pareja. Yo no tengo nada que decir de nadie. Absolutamente de nadie.

—Se menciona a la modelo Analía Maiorana. ¿Estuvo con Diego o no?


—No tengo idea... a ver: no es que no tenga idea, Diego dice que no. Preguntale a ella... preguntale a él, no sé. Ella es una persona que yo conozco socialmente. Fuera cierto o no, ella me pareció que habló muy livianamente de algo que a otros les podía doler.

—¿Te llamó ella luego o la llamaste?
—No, esperaba que levantara el teléfono y me llamara. Me pareció que cierto o no estaba en todo caso utilizando el dolor ajeno para promocionar una marca. Como sea, da la sensación que dejaba bastante que desear como ser humano. Pero no por si hubiera estado con Diego o no, sino por aprovecharse del tema.

—¿Para qué subiste a Facebook la nota donde ella habla del supuesto romance con Diego?
—Para que la gente opinara. Yo no opiné. De todas formas yo hoy no estoy en un medio de comunicación y la web termina siendo un medio de comunicación con la gente que me sigue. Por otro lado no deja de ser catárquico.

—¿Le perdonarías una infidelidad a Diego?
—Cinco, siete, ocho, diez. Las infidelidades son físicas …Dejamos de vivir treinta años para vivir cien: ¿quién puede pensar estar sólo con una sola persona toda la vida? Lo que uno no perdona es que se quiebre la complicidad y la complicidad va más allá de la cama.

—¿Te gustaría volver con él?
—(Silencio largo) Creo que si te lo respondo no estaría siendo del todo sincera conmigo misma. Todavía no llegué a dilucidarlo bien. Es difícil. Lo que sí no me gustaría es volver con el Diego con el que conviví, ni me gustaría volver a ser yo la mujer que fui conviviendo con él.

—El se fue y vos, ¿seguís enamorada?

—Enamorada, creo que uno se desenamora al año y medio de la relación (risas). ¿Cuánto dura el amor? Pero sí, lo quiero muchísimo. Hoy si me preguntás le doy muy pocas chances de que volvamos a estar juntos.

—¿Cómo tomarías que él sea padre nuevamente?
—Bien. “¿Ustedes quieren tener otro papá en casa?”, les pregunté a mis hijos, y me dijeron que no, pero “¿qué pasa si papá tiene otra chica?, les pregunté. Y me dijeron: “Bueno, pero a papá no lo vemos tanto (risas). Si él se casara y tuviera hijos yo me imagino invitándolos a comer el domingo al mediodía.

—¿Pensaste en la posibilidad de volver a enamorate?
—Si viene alguien alguna vez, el príncipe azul, digamos, será cama afuera. Me estoy reenamorando de mí misma. En mi caso durante tanto tiempo trabajé en función del otro, que casi me había olvidado de mí.

—¿Sentiste que le diste demasiado?
—¡Para nada! Nos dimos los dos, pero no es fácil. Diego no se iba de vacaciones con nosotros a Miami porque no se quería exponer. Yo me iba de vacaciones con los chicos porque él no podía, la excusa que siempre decíamos era que Macri no lo dejaba (risas). Pobre Mauricio terminó siendo el ogro de la película.

—¿Actuarías por despecho contando cosas de tu marido?
—Para nada. Esas mujeres no son despechadas, son mujeres cómplices. Alguien que sale a contar algo post facto... ¿dónde estabas? Yo no tengo nada que contar.

—¿Te arrepentís de haber mezclado tanto el trabajo y familia?
—Sí, tengo culpa cristiana, judía, todas juntas (risas).



Agustin Gallardo