Los trece crímenes pasionales más impactantes

Un libro recorre los peores asesinatos del país durante los últimos diez años. Desde el que se comió al padre en un guiso hasta el que le arrancó los ojos a su novia. Fotos.

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Si el horror se pudiera clasificar por etiquetas, este libro sería un buen muestrario. Un hombre, que dice haber pactado con el diablo, disecciona a su padre y lo come en un guiso. Una mujer que mata a mazazos a su amiga porque le  mostró a todo un pueblo un video hot que protagonizaba pocos días antes de casarse. Un pai umbanda que se reencuentra con su padre, después de varios años, y lo termina asesinando a golpes, lo baña, lo viste, lo peina y baila un tango en el patio de su casa.

El periodista Rodolfo Palacios escribió Pasiones que matan, trece historias escalofriantes que tuvieron lugar en Argentina durante la última década.

- ¿Cuándo empezaste a trabajar con este libro?

- La propuesta surgió inmediatamente después del libro de Robledo (El ángel negro, sobre Carlos Robledo Puch), en mayo de 2010. La idea era buscar trece historias que tuvieran un eje en común. Entonces a Daniel Guebel se le ocurrió unir historias de amor y de locura y trabajó en la selección de casos. Traté de recurrir a casos que ya conocía o tenían algo de cobertura y me ayudó en la investigacion Candelaria Schamun.

- ¿Qué formato buscaste para reunir los casos?

- Era demasiado difícil meterse en la historia y poder hablar con familiares, con asesinos. Entonces, se decidió contar cada capítulo en forma independiente con una estructura de principio, nudo y desenlace. Hay bastantes diálogos, bastantes escenas. Los nombres fueron cambiados por cuestiones legales para proteger a los protagonistas de cada historia y está basado en hechos reales y si bien todo fue real, todo ocurrió, hay algunas ambientaciones que fueron ficcionalizadas.

- ¿Cuál es el caso que más te impactó de los trece?

- El que más me impactó - no quiero ser injusto, me impactaron todos - es el único donde no hubo un homicidio. Es el caso del caso de “El chacal” de Mendoza.

En ese capítulo, Palacios reconstruye la historia Armando Lucero, un hombre que durante 20 años violó a su hija y tuvo 7 hijos-nietos, todo en el marco de una naturalización enferma.

"El tipo porque violaba a la hija, el hijo lo quería denunciar pero no se animaba, la madre miraba para otro lado”, señala el autor y agrega: “Los vecinos, incluso, no se daban cuenta de lo que estaba pasando entonces me impactó bastante porque fue mucho tiempo que se vivió en esta atmósfera bastante cruel".

Otro de los casos en el que el periodista observa esa naturalización es en la historia del caníbal. "Conocí al hermano del asesino y al hermano de la víctima. Me llevaron a la escena del crimen. Me imaginaba cómo se lo había comido, que lo adobó como un guiso, como si fuera un lechón y al rato uno de ellos abre una heladera y había justamente un lechón adobado, como si nada. Por eso hablo de la naturaleza enferma. Esa naturalización de la tragedia es notable".

Factor común. A pesar de tratarse de casos independientes, hay algunas características que los unen: todos los crímenes se podrían haber evitado.

Palacios analiza esta cuestión: "Eso es lo que pasa en las cárceles argentinas, hay un montón de tipos que están presos que necesitan ir a un psiquiátrico porque están enfermos. Los dejan en la cárcel, el tipo cree que viene el diablo, cuando tendría que estar en un manicomio con tratamiento".

- ¿Creés que la exacerbación de lo pasional aparece aún más en los pueblos chicos?

- No, sería muy injusto decirlo porque hay muchos casos que ocurren también en la clase alta y el desafío. Me hubiese gustado contar casos de gente adinerada, pero es difícil acceder y los casos más notorios son Belsunce, Dalmasso o Lucila Frend, que además ya están en la televisión.

- La que se apróxima a una historia de ricos es la de Gerardo Walter Sosa, que gana el Loto...

- Claro, pero él quería hacerse pasar por rico. Hablé con la hermana de la chica y ese caso es terrible por todas las humillaciones que vivía la novia. Me llamó la atención el hecho de que él se creyera salvado por haberse ganado el loto y que eso haya sido su peor pesadilla, porque lo convirtió en alguien que no era: se peleó con la madre y terminó en un horror. Lo mismo que el tipo que le saca los ojos a su mujer. Para la justicia argentina, ser psicópata no es estar enfermo, ser psicópata es comprender la criminalidad del acto y por eso vas a una cárcel común.

(*) De la redacción de Perfil.com.

 

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