SOCIEDAD LANZAN AVISOS EN REDES SOCIALES

Agrupaciones ecológicas en campaña contra el uso de sorbetes

Denuncian que se utilizan sólo unos minutos y pueden tardar 150 años en descomponerse. Los fabricantes de plástico los defienden.

Avisos. En España, contra el pitillo –así llaman a las pajitas. Afiche de Australia y otro de Londres.
Avisos. En España, contra el pitillo –así llaman a las pajitas. Afiche de Australia y otro de Londres. Foto:cedoc

Están en los tragos de todas las fiestas, en los licuados que se venden en la playa y en los envases de jugo que llevan los chicos al colegio. Las pajitas de plástico están en la vida cotidiana y, aunque fueron creadas para reducir el contagio de enfermedades propias de los depósitos donde se guardan los productos, o para ayudar a personas que tienen discapacidades físicas, se convirtieron en el blanco principal de distintos movimientos ambientalistas, de países como Estados Unidos, Australia, Inglaterra y España (ver aparte). Con fuertes campañas en las redes sociales, buscan reducir o hasta prohibir su uso, y denuncian que con sólo unos minutos de uso, pueden llegar a tardar 150 años en descomponerse y generan un efecto irreparable en los océanos y su fauna.

En Argentina, las organizaciones ambientales también comienzan a denunciar las consecuencias ecológicas de los sorbetes. La Fundación Surfrider realiza campañas para reducir la huella plástica en las playas marplatenses, y advierte que, junto con los sorbetes, las orillas suelen estar invadidas por envases y botellas descartables.

Gustavo Huici, su director ejecutivo, asegura: “El mayor peligro está en que los animales confunden los sorbetes con alimento, o se quedan enganchados y a la larga se mueren”. Para Huici la solución no está en prohibir el uso de pajitas sino en reemplazar su material. “Proponemos que las fabriquen con cartón encerado porque el plástico tiene efectos realmente negativos”, afirma.

Según datos de Greenpeace Argentina, en la actualidad hay 12,7 millones de toneladas de plástico que terminan en los océanos cada año, y estiman que para 2020 se usará un 900% más de plástico que en 1980.

Debate. Según la Cámara Argentina para la Industria Plástica (CAIP), no existen cifras sobre la cantidad de pajitas que se producen en el país, pero sí sobre el polipropileno, material con el que se las fabrica. “Es un termoplástico perfectamente reciclable, de los más utilizados, que representa el 22% de la producción total de plásticos, sólo una pequeña parte se usa (para las bombillas) y se lleva un 18% del consumo”, explica Sergio Hilbrecht, vocero del organismo. Desde Ecoplas, que nuclea a distintos actores de la industria, destacan que con este material se fabrican desde bancos de plazas hasta los durmientes de las vías del tren.

Sin embargo, María Ana Ventura, especialista en sustentabilidad, advierte: “El problema específico de los sorbetes está en que, por sus dimensiones livianas y pequeñas, muy pocos terminan yendo a reciclaje”.

En la Ciudad de Buenos Aires, la discusión sobre el uso racional del plástico apareció con fuerza cuando, a partir del 1º de enero de este año, entró en vigencia la Resolución 341/16, de la Agencia de Protección Ambiental, que prohibió la entrega de bolsas plásticas livianas en los supermercados, hipermercados y autoconsumos. Fue una medida cuestionada por la industria plástica y, hasta en un principio, por una parte de los consumidores, pero se convirtió en el puntapié inicial para abrir el debate sobre cómo achicar el consumo del plástico.

Si bien en Argentina todavía no se tomaron medidas puntuales con los sorbetes, fuentes del Ministerio de Ambiente y Espacio Público porteño aseguraron a PERFIL que se encuentran “trabajando para  la reducción del uso de plásticos” y que, al igual que con las bolsas, van a seguir “impulsando este tipo de políticas con distintos materiales reciclables”.


En todo el mundo

Las redes sociales se convirtieron en la nueva arena pública para visibilizar distintas problemáticas, como en el caso de las pajitas. Así, surgieron movimientos como The Last Straw, en Australia, o Mejor sin Pitillo en Colombia y España, que desalientan a los bares a usar sorbetes, Straw Free, en Estados Unidos, promueve el uso de pajitas de bambú. Y Straw Wars, en Londres, armó un mapa gastronómico con los lugares que se suman a la causa. “Hoy convivimos con generaciones que nacieron con conciencia ambiental y las redes sociales son el nuevo escenario de militancia para las causas positivas, como las ambientales y las sociales”, explica María Ana Ventura, consultora experta en sustentabilidad. Según la organización mundial Ocean Conservancy, los sorbetes son el cuarto residuo más común de la basura total que se encuentra en las costas y océanos, y sólo en Estados Unidos, se consumen cerca de 500 millones de pajitas plásticas por día.



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