SOCIEDAD EN LA PATERNAL

Antiguos depósitos y fábricas se reconvierten en espacios de arte

En un radio de 15 cuadras hay 20 talleres en los que trabajan 65 artistas de variadas disciplinas. Hoy abren sus puertas al público.

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Colores. Ramiro Oller comparte el taller Maturín con colegas.
Colores. Ramiro Oller comparte el taller Maturín con colegas. Foto:obregon

Lo que hace un tiempo era una zona de casas bajas, talleres industriales y depósitos textiles en La Paternal hoy se convirtió en un nuevo circuito de arte que crece en la ciudad de Buenos Aires. En un radio de 15 cuadras hay 20 talleres donde conviven 65 artistas de distintas disciplinas, edades y trayectoria. Juntos pusieron en marcha La gran Paternal, un evento que tendrá lugar hoy de 14 a 20, donde el público general podrá visitar los distintos espacios creativos y conocer las obras de la mano de los artistas.

“Esto surge por una necesidad de juntarse, de vincularnos entre nosotros de una manera más orgánica. Además la idea es que la gente pueda ver las obras en el contexto donde se producen. Las puertas están abiertas para todos”, comenta entusiasmado Hernán Salamanco, del taller Yerua, un espacio donde conviven 12 artistas dedicados a diversas disciplinas: pintura, arte instalativo, videoarte, objetos, fotografía y diseño, entre otras.

“La Paternal se empezó a llenar de artistas, y así como llegaron artistas, también hubo un deseo de juntarse”, agrega Juan Giribaldi, uno de los miembros del taller La Bolivia Díaz, que hace cuatro años funciona en la zona.

La llegada del arte está cambiando la fisonomía y la vida del barrio. Antiguos depósitos y talleres mecánicos están hoy “invadidos” por latas de pintura, caballetes, andamios y esculturas. Y si bien todos señalan que los espacios amplios y los precios más accesibles fueron los principales motivos que los llevaron a elegir la zona, el intercambio que se produce al trabajar es un plus que muchos valoran. “Las ventajas de compartir el taller con otros colegas no son sólo económicas. Para mí lo mejor es que al convivir en un mismo espacio podemos intercambiar miradas y contar con la opinión de otros durante el proceso de elaboración de los trabajos”, asegura Hernán Torres.

La propuesta de hoy es que cada persona arme el recorrido de acuerdo a su gusto. En cada taller hay mapas con los sitios abiertos. “Nos juntamos, alquilamos un lugar, lo ponemos en condiciones y lo empezamos a utilizar como un taller. Entonces surgió la idea de hacer un estudio abierto. Es una manera de mostrar que en el barrio hay vida artística”, agrega Ramiro Oller, del taller Maturín.