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Argentinos que viven en EE.UU. sin papeles, en alerta por Trump

Muchos se fueron hace más de diez años, estudiaron y trabajan ahí, pero aún son indocumentados o tienen permisos temporales. Incertidumbre por el futuro.

‘Dreamers’. Sánchez (centro) y Péndola (der.) llegaron a Miami hace 15 años. Tienen permisos temporales.
‘Dreamers’. Sánchez (centro) y Péndola (der.) llegaron a Miami hace 15 años. Tienen permisos temporales. Foto:Luis Fernandez
Con mucha incertidumbre, los argentinos que viven indocumentados en Estados Unidos esperan el día que Donald Trump asuma la presidencia. Es que, como los millones de inmigrantes que viven sin papeles en ese país, temen que si se cumplen todas sus promesas de campaña puedan caer en los planes de deportación masiva anunciados.
Y si bien pasados los días el discurso se fue suavizando apuntando a los que tengan antecedentes criminales, nadie sabe qué pasará. Incluso en las últimas semanas, una empresa de mudanzas radicada en Miami recibió consultas de argentinos para volver al país o a Uruguay; y en Nueva York hay nortemaericanos que ofrecen casarse con inmigrantes a cambio del pago de la universidad.

“No somos nadie, pero tenemos todas las boletas a nuestro nombre, de luz, agua, el impuesto de la casa, hasta en algunos casos las patentes de los autos”, dice Claudia Saucedo (48), una argentina que vive en Miami, donde llegó poscrisis de 2001 con su familia. Ella es indocumentada, pero sus hijos mayores, casados con norteamericanas, son residentes permanentes. Junto a otras mujeres, trabaja en la organización Dreamers Mom’s o Madres de Soñadores, como se dice a los jóvenes indocumentados, beneficiarios del plan DACA que Barack Obama impulsó en 2012 para proteger a los jóvenes de la deportación y permitirles trabajar. “Durante la campaña pensamos lo peor y el día de la elección no dormí, porque hay muchos padres y madres con orden de deportación. Ahora pasan los días y uno trata de ser fuerte. Hay varias madres argentinas con hijos norteamericanos”, dice. A ellas alcanzaría, por ejemplo, una ampliación del DACA que la gestión de Obama planeaba, pero que Trump no continuaría.

Sin papeles, las personas no pueden salir del país, tener permiso para trabajar, ni registro. Tampoco seguro social, y si tienen que ir al hospital les cuesta miles de dólares. Pero los que trabajan pagan impuestos. Y en el caso de los estudiantes, si bien no pueden sacar préstamos, sí obtienen becas.
En 2013, durante un discurso, Obama dio el ejemplo de Diego Sánchez, un argentino (26) que llegó a Miami con su familia cuando tenía 9 años, hizo la secundaria y por sus buenas notas consiguió beca para la universidad. Hasta ese momento, vivía indocumentado.

“En la universidad me involucré con grupos que luchan por los derechos de los inmigrantes, trabajando por un proyecto de ley de reforma migratoria y ayudando a los jóvenes a acceder a becas de estudio”, cuenta Sánchez, que ahora va camino a tener permiso de residente. Y si bien en lo personal no correría riesgos, está preocupado “porque vas conociendo historias de familias separadas por la deportación. DACA fue una victoria, que venga otra administración y lo quiera sacar sería quitarles el beneficio a casi un millón de chicos”, dice. Con él trabajan otros argentinos en situaciones parecidas, como Tomás Péndola (25), que llegó a Miami con su familia a los 10 años, estudió Química en la universidad y ahora trabaja como maestro en la secundaria donde estudió. “Cuando llegamos, no había forma de aplicar para la residencia o ciudadanía”, dice. Es que, salvo quienes  se casan con norteamericanos o tienen perfiles laborales buscados, aplicar es casi imposible. En su caso, también está alcanzado por el DACA pero, si se termina, se queda sin protección.

Y si bien Miami es donde hay más argentinos –50 mil residentes, y estiman otros 20 mil ilegales–, en Nueva York y California también hay argentinos sin papeles, que llegaron primero con visas de turismo o permisos de estudio temporales. “Ahora dependo del azar y de tener bastante suerte como para que nadie me encuentre”, dice Iván (28), otro argentino en Nueva York que llegó hace dos años con visa de estudiante y se quedó a trabajar en la ciudad.