SOCIEDAD ESA CIUDAD DE EE.UU. RECICLA EL 80% DE SUS RESIDUOS

Basura cero: San Francisco, un modelo a seguir

Buenos Aires necesita reducir la cantidad de residuos que envía a la Ceamse. Para eso, busca emular a la ciudad californiana. Separación en origen, objetivos cumplibles y alto porcentaje de recuperación.

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Foto:P.N.
Con el objetivo de cumplir con la ley de Basura Cero, Buenos Aires busca en el afianzado modelo de San Francisco ideas y respuestas a un problema que aparece cada vez más cerca en el calendario: la saturación del relleno sanitario de José León Suárez.
Con poco más de 800 mil habitantes, San Francisco genera casi la misma cantidad de basura que las 3 millones de personas que habitan el territorio porteño. Sin embargo, a partir de un proceso de separación en origen y de tratamientos adecuados, la tercera ciudad más poblada de California recupera alrededor de 80% de sus residuos. De 5.479 toneladas de basura que se producen a diario, sólo se envían a disposición final 1.096. El resto, 4.383 toneladas (de las cuales 30% corresponde a residuos orgánicos, el 23% a áridos, 22% reciclables y 5% restos de poda), se recicla.
Esto fue posible tras un largo trabajo con énfasis en la concientización, pero acompañado por reglamentaciones claras, penalidades severas y metas cumplibles. Una ley estatal de 1989 fijó para 1995 una reducción del 25% en la disposición final de los residuos y de un 50% para el 2000. Cumplido el objetivo, la ciudad fue por más, y en 2002 generó su propia iniciativa Basura Cero, con nuevas metas: 75% para 2010 y 100% previsto para 2020.
Estas normativas estuvieron acompañadas por otras de gran importancia. Una, fue la prohibición de entregar bolsas plásticas en todos los comercios o alimentos en envases de telgopor o polietileno expandido. Además, se encaró una concientización puerta a puerta, que continúa hasta estos días, sobre la obligatoriedad de separar en origen los residuos.
En el interior de cada hogar de la ciudad hay tres contenedores de 120 litros. La tarea de cada vecino es ir depositando la basura en ellos según corresponda. Por un lado, lo reciclable (papeles, cartones, botellas, aluminio, etc.), lo orgánico (restos de comida) y los desechos en general. Sólo por la recolección, cada casa abona mensualmente unos 30 dólares a la empresa encargada. Lo más llamativo, además de la ausencia de bolsas de basura en las calles, es la frecuencia con la que los camiones pasan a recoger los residuos: sólo cuatro veces por semana se llevan los reciclables, dos los orgánicos y tres los restantes. Y sólo una vez al mes el vecino puede deshacerse de electrodomésticos.
Allí, las plantas de reciclables recuperan entre el 80 y el 90% de lo que ingresa. La separación preliminar se realiza con máquinas, pero luego se recupera de manera manual. Unos lectores ópticos ayudan a diferenciar el plástico del vidrio y, mediante un sistema de imanes, eliminan cualquier tipo de metal. Los residuos compostables representan entre el 30 y el 50% del total. Estos reciben un tratamiento de setenta días luego del cual quedan convertidos en humus de primera calidad que puede utilizarse para rellenar terrenos y, adicionándole los nutrientes necesarios, en algunos casos también puede servir para zonas de cultivos.
Buenos Aires todavía está lejos de lograr esos resultados. Si bien en el último año y medio se redujo en 43% (de 6 mil a 3.400 toneladas) la cantidad de basura que va al predio de la Ceamse, le quedan entre dos y tres años de vida útil y ya estaría saturado de no ser por el decreto que firmó la presidenta Cristina Fernández para ampliar su capacidad.
“Nosotros tenemos que ir paso a paso pese a las urgencias. El año próximo llegarán a todos los barrios las campanas verdes y es de principal importancia que el vecino sepa que allí van sólo los reciclables y en los contenedores negros la basura en general”, explicó a PERFIL Edgardo Cenzón, ministro de Ambiente y Espacio Público de la Ciudad.

Patricio Navarra