SOCIEDAD PENSAR EL MAPA URBANO

‘Buenos Aires render’: tres arquitectos sub 40 imaginan y dibujan la ciudad ideal

Entre los equipos de Espacio Público y Transporte, Desarrollo Urbano y uno especial para la Villa 31 trabajan 205 personas. Usan espacios emblemáticos como fuente de inspiración.

Equipo. Francisco Milia, Juan Vacas y Alvaro García Resta lideran a los “renderistas” porteños.
Equipo. Francisco Milia, Juan Vacas y Alvaro García Resta lideran a los “renderistas” porteños. Foto:MARCELO ABALLAY
La Buenos Aires que imagina el gobierno porteño para las próximas décadas es una sucesión de imágenes ideales: postales que pintan una ciudad sin baches ni fisuras, con un entorno bucólico, el sol siempre presente y vecinos que caminan despreocupados por aceras y calzadas perfectas. Y la noche sólo se tiene en cuenta para proyectar cómo impacta la iluminación en el lugar.

Los renders –que se pusieron de moda en los 2000 con los grandes desarrollos de real estate en la Ciudad– se convirtieron en el instrumento preferido por los funcionarios de Horacio Rodríguez Larreta para pensar, proyectar y mostrar las obras que se harán: en los últimos cuatro años, calculan que hicieron más de 500. Y los responsables de esos equipos, tres arquitectos que no alcanzan los 40 años, los defienden como “una herramienta indispensable”. Hacer esos dibujos puede costar, en el sector privado, entre $ 15 mil y $ 25 mil cada uno.

“Hacer renders de un proyecto es la mejor carta de presentación que tiene un desarrollo urbano. No se trata sólo de hacer el dibujito de un edificio o de un espacio público; sino de demostrar cómo lo va a usar el vecino”, asegura Alvaro García Resta, subsecretario de Proyectos del Ministerio de Desarrollo Urbano y Transporte de la Ciudad. Sólo para su área trabajan 120 personas: como disparador, tiran ideas inspiradas en referencias de otras ciudades –como los mercados gastronómicos de Barcelona o Londres para proyectar uno en un galpón de la Villa 31, por ejemplo– para imaginarse desde dónde partir en pensar la modificación de un espacio público que ya existe o hay que crear en la Ciudad. Comparten fotos, bocetan, dibujan y luego eligen.

“Es la única forma de visualizar la Ciudad que imaginamos, donde lo más importante es el contenido y qué se quiere proyectar sobre un lugar determinado”, agrega, por su parte, Juan Vacas, director general de Regeneración Urbana del Ministerio de Espacio y Ambiente Público, y responsable de un equipo de 60 personas. El gran inspirador de esa Buenos Aires ideal es el urbanista danés Jan Gehl, para quien el uso del espacio público es la columna vertebral de las ciudades (ver aparte).

Desafíos. Para Francisco Milia, director general de Proyecto y Diseño Urbano porteño –que tiene, entre otras, la tarea de llevar adelante la urbanización de la Villa 31, proyecto para el que 25 personas ya hicieron más de 30 renders en pocos meses–, las necesidades son diferentes: allí deben tener en cuenta no sólo el proyecto urbanístico o arquitectónico, sino priorizar su integración a un paisaje de la Ciudad que a veces dista de esas proyecciones ideales.

En el caso particular de la Villa 31 y 31 Bis, uno de los “caballitos de batalla” de la actual gestión, Milia admite que el trabajo de proyección debió partir de un consenso con los vecinos. “Para armar esos renders, tuvimos que recorrer otro camino: una cosa es hacer una foto y después montar lo que se quiere hacer en el lugar, y otra es trabajar con quienes ya viven ahí, con lo que ellos imaginan para ese espacio. En ese lugar, tenemos que lograr imaginar el barrio con toda la infrasestructura –que aún no existe– instalada. Y, además, lograr armar los renders a la estructura propia que ya tiene ese barrio, como por ejemplo las manzanas que siguen las líneas de las vías del tren en lugar de ser cuadradas, algo que tuvimos que tener en cuenta al tratar de integrarlas a la Ciudad”, explica. “En el caso del futuro Ministerio de Educación, armamos un edificio neutro, que a primera vista puede parecer Puerto Madero, pero está planteado así en el render porque no queremos influir en el concurso internacional que se lanzó para proyectarlo”, agrega. 

Los tres admiten que es difícil lograr el equilibrio entre lo que se quiere hacer y la mejor forma de representarlo pero que, en algunos casos, se logra, como en el Centro de Exposiciones y Convenciones porteño, próximo a inaugurase, donde “el resultado final replica casi en un 100% el de los renders originales”, dice García Resta. “Es una forma de ‘coser’ entre lo nuevo y lo viejo que se restaura o remodela”, concluye Vacas.

claudio corsalini