SOCIEDAD VERANO EN LA CIUDAD

Catas de vinos y cenas gourmet, se suman a las experiencias ‘a ciegas’

Son alternativas a las conocidas obras de teatro y recitales, donde se busca estimular sensorialmente al público, más allá de lo visual.

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La oferta ciega porteña se renueva a ojos vendados y luz apagada. Buenos Aires en tinieblas regala una sensorialidad que escapa a la vista en  música, teatro, vino, y más.
Miguel Sanz ofrece, a ojo vendado y por invitación, una cata de vinos en El Campanario, una cúpula reimaginada como cava en Monserrat. “Es liberarse de la correa de los ojos y experimentar con total libertad más que el sabor: también es explorar el vínculo con quien te rodea”, elabora.
El convite son tres copas de vino, una venda en los ojos y tapas españolas. La invitación, por Facebook, se extiende a diez personas. La particularidad de La Cúpula es que sus asistentes no se conozcan.
En el Centro Argentino de Teatro Ciego (CATC), en Almagro, A Ciegas Gourmet es otra propuesta de 160 minutos en completa oscuridad encontrándose con el propio paladar. Cruza entre obra de teatro, y experiencia bonvivant gastronómica, se trata de una exploración de todos los sentidos, menos la vista.
A la silla se llega en fila india y tomado de los hombros de Maxi Griro, actor, camarero y maestro de ceremonias. Un plato cuadrado delante con seis pasos, panera a la izquierda, copa y dos servilletas a la derecha, y chocarse manos con un vecino invisible. “No es sólo comer a oscuras e imaginar el sabor, sino imaginar toda una escena, a quien tenés al lado, el espacio en el que estás, los actores y a vos mismo. Es una experiencia única”, explica Andrea Márquez, en la tercera vez que asiste.  

Teatro y música. En el CATC, todo febrero ofrece cuatro espectáculos teatrales a oscuras, con una cartelera incluye a Inodoro Pereyra reimaginado a ciegas, shows de magia, infantiles y musicales. “El objetivo es estimular sensorialmente al público para que deje volar la imaginación”, explica Paula Cohen, organizadora del evento.  
Allí también, Hugo Zuccarelli, con sus parlantes holofónicos, recrean la experiencia de un recital, pero completamente a oscuras. Los parlantes -de 4 metros- operan con tal fidelidad, que el sonido se percibe en proximidad. “La oscuridad es tan profunda, que por más que estés rodeado de gente, estás solo con el disco girando. Es toda una experiencia”, sostiene Pablo Zumarraga, un participante.
Similar es la experiencia de El Club Silencio, recital a ojos unplugged, en el corazón de Palermo Soho. Con 30 personas máximo y en clave unipersonal, Shoni Shed -creador del club- explica que no es “un show lineal: va de un lado al otro de la mente: cada cual se encuentra con sus luces y sus sombras y con su propio viaje, el de la introspección”.



Gabriella Botello