SOCIEDAD VIAJES, LUJOS Y NEGOCIOS DE ‘MILANCO’

Cómo vivía el acusado de liderar una banda de secuestradores virtuales

Javier Papandopoles tiene 32 años. Con el dinero de los rescates, se sospecha que compró autos importados y viajó a Europa y EE.UU.

Foto:Cedoc

Milanco es Javier Papandopoles, el presunto líder de una organización criminal especializada en secuestros virtuales que llegó a realizar hasta 150 llamados en una noche. Un joven de 32 años que hasta su detención llevaba un nivel de vida sorprendente, con un caserón de dos plantas en el barrio porteño de Villa Devoto, autos deportivos y viajes por Europa y Estados Unidos.

Papandopoles fue detenido la semana pasada junto a otros cinco presuntos miembros de la banda de las lloronas, en el marco de una investigación que demandó más de cinco meses y que fue dirigida por la Subdelegación Departamental de Investigaciones de San Fernando, a cargo del subcomisario José Miguel Ojeda.

En la ficha de Milanco no aparecen antecedentes delictivos. Según fuentes policiales consultadas por PERFIL, es la primera vez que termina preso, aunque el año pasado la Policía Federal había allanado su domicilio, pero por otra causa.

Milanco es el dueño de la concesionaria de autos Milan, ubicada en la calle Baigorria al 2000, en Villa Devoto. Allí tenía a la venta 14 vehículos, en su mayoría viejos y modestos, como Renault 19 o Chevrolet Corsa. “El volumen de dinero que manejaba no se condice con la venta de coches”, aclara un vocero.

Fanático de los autos deportivos, a Milanco se lo podía ver a bordo de un BMW negro, en una camioneta o en un Mercedes-Benz. Eso sí, cuando presuntamente salía a cobrar los rescates de los secuestros virtuales cambiaba de perfil: por lo general piloteaba un Volkswagen Gol Trend blanco.

Sólo en autos se cree que la banda de Milanco invirtió 18 millones de pesos. En su garaje se destacan modelos importados de alta gama, como un BMW 335i Sport Biturbo, un Mercedes-Benz AMG, un Dodge Journey o un Mini Cooper, entre otros autos costosos.

El supuesto líder también habría ampliado su patrimonio inmobiliario. Según fuentes policiales, posee dos departamentos en la ciudad de Mar del Plata, ambos en la avenida Colón.

De viaje. En un lapso no muy extenso, Milanco registra varios viajes al exterior. Sobre todo a los Estados Unidos, donde tiene familiares. Además paseó con su familia por Europa, y hasta se dio el lujo de conocer París. Allí se fotografió con la Torre Eiffel de fondo.

Para los investigadores, el nivel de vida de Milanco tiene una explicación: el caudal de dinero recaudado con los secuestros virtuales. Entre los casos que se atribuyen a la banda figura una víctima que llegó a pagar 170 mil dólares como rescate, y otra que abonó 80 mil. También se sospecha que esta misma organización habría engañado a la periodista Sandra Russo, quien el 2 de julio pagó un rescate de 50 mil dólares por el falso secuestro de su hija.

La banda de Milanco habría cometido más de mil secuestros virtuales. A esa cifra llegaron los pesquisas luego de analizar las comunicaciones realizadas por los teléfonos que intervinieron. “La duración de la comunicación es un indicativo: una llamada que dura diez o más minutos permite entender que hubo una extorsión y una posible negociación, aunque es difícil establecer si se pagó o no un rescate si después la víctima no quiere hacer la denuncia. De esas llamadas tenemos aproximadamente mil”, indicó uno de los voceros.

Si bien Milanco es considerado el cabecilla de la banda, para los detectives tanto Rubén Papandopoles, alias “Gano”, como Daniel Ivanoff, alias “Chicho”, cumplían roles determinantes. Cada uno lideraba una célula, aunque a veces trabajaban juntos. Los investigadores pudieron establecer que la banda operaba entre la una y las 5 de la madrugada, preferentemente en Tigre y San Fernando, pero también en distintos barrios porteños.

Para los pesquisas, Milanco además de líder sería el principal recaudador. El encargado de recoger el dinero que las víctimas pagaban como rescate. Gano era el negociador, el delincuente que intervenía en el teléfono cuando la víctima accedía al pedido de la llorona que simulaba ser un familiar. Y Chicho cumplía las dos funciones: llamaba y cobraba.



Leonardo Nieva