SOCIEDAD UN TRABAJO HISTORICAMENTE LIGADO A LAS MUJERES

Crece la cifra de varones que estudian para recibirse de maestros jardineros

Aunque aún son menos del 5% en el país, hay distritos como Buenos Aires, donde se triplicaron los inscriptos. Ellos relatan sus experiencias y desafíos.

ellos. Walter Carrera dice que el primer encuentro con los papás es “el más complejo”. Matías Morón fue el primer “jardinero” en Rawson, y Fernández Cordón trabaja en un jardín en Congreso.
ellos. Walter Carrera dice que el primer encuentro con los papás es “el más complejo”. Matías Morón fue el primer “jardinero” en Rawson, y Fernández Cordón trabaja en un jardín en Congreso. Foto:min. educación prov. bs. as.

Son pocos, pero también son pocos los que saben que ellos existen: los varones que se dedican a la docencia en los jardines de infantes, además de hacer su trabajo, tienen que derribar prejuicios. Y aunque en el país no hay estadísticas recientes sobre cuánto aumentó el número que ejerce, sí se hacen sentir cada vez más: “Nuestra presencia aporta ruptura, y ayuda a replantear los roles escolares tradicionales: desde cómo escribís en un cuaderno, si le ponés dibujitos y flores; hasta cómo abrazás, besás o ayudás a cada uno de los chicos”, explica Sol Gonzalo Fernández Cordón, maestro de sala amarilla en el jardín de infantes de la Biblioteca del Congreso.

Matías Morón es maestro en el jardín municipal del barrio de San Pablo en Rawson, Chubut, desde hace 13 años, y es el primer varón en ejercer en la ciudad. “Si bien me conocen, siempre hay gente que se sorprende al encontrarse con un maestro jardinero. Así que muchas veces el desafío es con los padres”, dice. “Yo, en las reuniones con los padres previas al inicio de cursada, les explico mi método”, agrega.

“Recuerdo el primer encuentro con los padres. Fue complejo. Las familias dudaban: ‘¿Qué hace este tipo ahí? ¿Quién acompaña a los chicos al baño? ¿Qué pasa si se mojan? ¿Quién los cambia? Pero después uno se va conociendo y las familias van ganando confianza”, agrega Walter Carrera, maestro en el Jardín Xul Solar de Moreno, en el oeste bonaerense.

Carrera es uno de los 67 docentes varones de educación inicial de la provincia de Buenos Aires. Las mujeres, en tanto, suman más de 19.900. Aunque en el distrito escolar más poblado del país los números son alentadores en cuanto al futuro: el porcentaje de hombres preinscriptos para comenzar el profesorado de educación inicial este año casi triplica al número de docentes en actividad.

A nivel nacional, en 2004 –los últimos datos sobre educación procesados–, sobre un total de 83.681 docentes de educación inicial había un 95,1% de mujeres y 4,9% de varones. Esto indica que, más de diez años después, hay por lo menos 4 mil varones que trabajan como maestros jardineros en todo el país. “En comparación con el promedio de América latina, el porcentaje de participación masculina en esa función es bastante alto. Pero aún falta camino por recorrer”, explica Daniel Brailovsky, doctor en Educación e investigador de las experiencias de maestros varones (ver aparte).

Derribar mitos. Las limitaciones a la hora del trato con los chicos –porque el “fantasma” del abuso, coinciden los profesionales, merodea un poco más que con las docentes mujeres– son un desafío extra: “Es complejo, porque a mis alumnos les digo que confíen en mí para contarme lo que los angustia, lo que les duele, lo que les pasa en su casa y lo que les pasa con sus compañeros, ¿pero cómo les explico que no confíen en mí para ir al baño? Yo en general no hago nada que no pueda explicarle a un niño. Igual, si el jardín está preparado adecuadamente, eso se resuelve solo: donde yo trabajo, el baño no tiene puertas”, reflexiona Fernández Cordón.

“La incorporación de varones como docentes de sala en el nivel inicial –porque ya contábamos con profesores especiales de música y de educación física– abrió las puertas a otras miradas en un mundo femenino casi por excelencia. Sabemos que la presencia de los varones genera otro tipo de respuestas en los niños pequeños”, explica Laura Pitluk, profesora en Ciencias de la Educación y especialista en nivel inicial.

“Suele decirse que la maestra es la segunda mamá. A mí, de alguna manera, por la cantidad de mamás solteras de mi alumnado, en muchos casos me tocó ser el primer papá. Fui la primera imagen masculina para muchos de ellos”, cuenta Luis Marconetto, el primer varón en recibirse en el profesorado de Córdoba.

Lo cierto es que los maestros jardineros coinciden en la importancia de “revolucionar” una profesión históricamente ligada a la figura de la mujer, para responder a una sociedad donde todo –modelos de familia y escuelas– cambia.



Federico Frau Barros