SOCIEDAD ARGENTINA ESTA LEJOS DE LA CIMA

Desmitificando los rankings universitarios

Esta semana se difundió el informe QS, donde las instituciones argentinas tuvieron un retroceso. Por qué son índices cuestionados por los investigadores. El marketing y la publicidad, por sobre la calidad académica. Los secretos para subir en los índices.

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En los rankings internacionales de universidades siempre son las mismas instituciones las que se posicionan entre los primeros puestos, principalmente, las inglesas y estadounidenses, mientras que las argentinas no obtienen buenos resultados. Lo cierto es que la metodología utilizada en estas evaluaciones se basa en indicadores arbitrarios que se enfocan más en aspectos de marketing que en la calidad de enseñanza educativa.

“Los rankings no reflejan el trabajo cotidiano que se realiza en la vida académica, son un mecanismo de publicidad que hacen las propias universidades privadas para incrementar sus matrículas con alumnos internacionales”, señala Fernando Napoli, doctor en Ciencias de la Educación y director de la Maestría en Docencia Universitaria en la Universidad Tecnológica Nacional (UTN). Además, opina que uno de los objetivos de las mediciones es “salir a buscar fondos de financiamiento en corporaciones que precisan blanquear sus ganancias”.

Napoli cree que algunas instituciones aportan dinero a las consultoras que realizan las mediciones y expresa que para la comunidad académica argentina esos resultados no tienen un impacto relevante, porque “las metodologías que utilizan son formuladas por las mismas universidades para luego posicionarse en los niveles deseados”.

“Lo peligroso no es el ranking, sino su uso, especialmente, cuando se informan resultados sin tener presente qué se está midiendo”, apunta Ana García de Fanelli, investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) en el Centro de Estudios de Estado y Sociedad.

García de Fanelli explica que los rankings están compuestos por una serie de indicadores arbitrarios y que la utilización que pueda hacerse de ellos dependerá de la calidad de la información utilizada y a qué dimensiones los índices le den mayor valor: si a los intereses de la política institucional o a los de la política pública. “Hay universidades que tienen un alto reconocimiento en la sociedad, pero de ello no se deriva que todas las carreras que se ofrecen en esa institución tengan el mismo nivel de calidad”, concluye.

Para Carlos Mazzola, investigador y profesor de la Universidad Nacional de San Luis, los rankings sirven como referencia para determinar los niveles de aranceles, que suben o bajan en sintonía con el puesto alcanzado. Las que logran mejores resultados pueden obtener más dinero por el aumento de sus matrículas y mayor apoyo del Estado.

Mazzola agrega que una de las dimensiones más importantes en su conformación es la de considerar cuánto paga el mercado a un egresado de una universidad determinada, “por lo que pasa a ser el mercado un evaluador privilegiado”. Por lo que, aunque sean procedimientos poco eficientes académicamente, sí lo son desde una perspectiva económica, advierte el especialista.

Las críticas también se escuchan en las universidades privadas argentinas. “Los rankings no son fiables porque no miden la calidad de los egresados. Este índice solo tiene importancia para los que quieren estudiar en Estados Unidos”, advierte Alieto Guadagni profesor de la Universidad Católica Argentina (UCA). “No me interesan esos índices, me preocupa mejorar la calidad de las universidades argentinas y para eso debemos mejorar la calidad de los egresados de las secundarias, con un examen de graduación para entrar a la universidad, como hacen países como Chile, Cuba o Brasil”, agrega el miembro de la Academia Nacional de Educación.

En el caso particular de las mediciones publicadas, esta semana por la empresa Quacquarelli Symonds (QS) acerca de las mejores universidades de Latinoamérica, en el primer puesto se ubica la Universidad Católica de Chile y en el segundo, la de San Pablo, Brasil. Mientras que la Universidad de Buenos Aires (UBA) es la mejor posicionada entre las argentinas, pero se observa un marcado retroceso con respecto al año anterior.

En esa evaluación universitaria –la que más instituciones argentinas incluye–, se asigna una alta ponderación a índices construidos a partir de encuestas a académicos y empleadores, que por lo general sólo favorecen a las instituciones más grandes y con mayor visibilidad. Además, se tiene en cuenta la cantidad de publicaciones en inglés –sin importar el interés que tengan esas investigaciones–, y se pondera la cantidad de alumnos por docentes –sin tener en cuenta la apuesta de masividad que tienen las universidades públicas argentinas–.

Es por eso que los especialistas advierten sobre la necesidad de construir rankings multidimensionales que admitan perspectivas diferentes y más interdisciplinarias.

Por otra parte, el doctor en Ciencias de la Educación, Enrique Bambozzi, destaca que “las universidades argentinas vienen de un tiempo histórico de recuperación de las políticas públicas” y que hoy hay más espacios nuevos para que muchos jóvenes puedan acceder a la educación superior. No obstante, esas acciones no son tenidas en cuenta por los protocolos de apreciación internacional porque aplican metodologías sesgadas.

Por último, Bambozzi cree que no se puede confrontar la “universidad chilena, paga y selectiva, con la universidad argentina, gratuita e inclusiva”.  Sin embargo, resalta que si las comparaciones permiten habilitar un punto de encuentro para la mejora de la calidad educativa desde una perspectiva pedagógica e inclusiva, en ese caso sí las mediciones pueden funcionar como “espacios en los que Argentina puede mirar para aprender de otras experiencias que puedan mejorar el sistema educativo”.



Candela Villalibre