SOCIEDAD EZEIZA

Detuvieron a una cultivadora de cannabis que entregaba aceite medicinal

Allanaron la vivienda de Adriana Funaro por la denuncia de un vecino. Reclaman su libertad. Causa contra periodista.

Detienen a una cultivadora de cannabis
Detienen a una cultivadora de cannabis Foto:diario4v.com
La policía de Ezeiza allanó en la noche del lunes la casa de una cultivadora y activista por los derechos de los usuarios de cannabis, y la encarceló. Adriana Funaro tenía decenas de plantas con las cuales producía aceite medicinal, pero policía de la Comisaría 1ª de Luis Guillón ingresó en el domicilio con una orden de allanamiento por "cultivo y posesión de estupefacientes", librada por una denuncia anónima de un vecino.

Durante el operativo, se le secuestraron 36 plantas, algunas semillas y goteros con aceite medicinal de cannabis. Padres de niños con distintas patologías -que se combaten con el aceite- se presentaron en la vivienda para evitar que la detengan.

Según relató el periodista Fernando Soriano en su cuenta de Twitter. "La denuncia 'anónima' la hizo un vecino que en medio del allanamiento disparó al aire y dijo que tenía contactos con el intendente de Ezeiza", escribió. Además relató que "Adriana padece artrosis, necesita las plantas de cannabis para mejorar su calidad de vida".

La pesadilla no terminó allí. En el lugar estaba Lúcia de Souza Madeira, periodista de la revista cannabica THC, cubriendo el hecho y sacando fotos. Según relataron sus compañeros a Perfil, como la policía se negó a detener al hombre que portaba el arma de fuego, ella fue a realizar la denuncia a la comisaría más cercana. Pero al parecer los oficiales no le quisieron tomar ninguna denuncia y encima le iniciaron una causa por "coacción".

En abril de 2012 Adriana fue víctima del cogollero (ladrón de plantas de marihuana). En aquella oportunidad, toda su cosecha fue arrancada de raíz y en plena madrugada salió a pedir ayuda. Se encontró con un móvil policial. Adriana no anduvo con vueltas: "me robaron las plantas de marihuana", denunció. Media hora después, uno de los policías golpeó a su puerta. La atención a la víctima se transformó en extorsión: "Mi compañero es nuevo y quiere hablar. Lo convencí de que no dijera nada, pero quiere 900 pesos para callarse".