SOCIEDAD A CUATRO AÑOS DE LA LEY DE IDENTIDAD

Diez chicos trans menores de 12 años ya tienen su DNI con cambio de género

Los padres de tres de ellos comparten sus historias con PERFIL. El proceso, la discriminación y la satisfacción de ver hoy a sus hijos felices.

PERFIL COMPLETO

Foto:Marcelo Silvestro

Nombre: Luana. Año de Nacimiento: 2007. Género: Femenino. El Registro Civil de Haedo finalmente dio con el documento que afirmaba lo que Gabriela, su mamá, siempre había sabido: Luana era una niña trans. En 2013 y a sus seis años, fue la primera en el mundo que recibió un DNI con cambio de género sin una batalla legal mediante.

A cuatro años de la promulgación de la Ley de Identidad de Género (ver recuadro), diez menores de 12 años han modificado su documento con el nombre y el género autopercibido, según datos de la Asociación de Travestis, Transexuales, Transgénero de Argentina (Attta). Los padres de tres de ellos (en todos los casos se omiten los apellidos para preservar la identidad de los menores) aceptaron compartir sus historias con PERFIL. “Hay que dejar el miedo de lado, el egoísmo y ponerse en el lugar de los niños. Hay que desaprender términos y modos. Nuestros hijos vinieron a enseñarnos”, comenta Gabriela.

Luana.  Al año y medio de vida, Luana, que nació con genitales masculinos, gritaba “Yo nena. Yo princesa”.

Sin ley de identidad de género, ni visibilidad de la infancia trans, Gabriela buscó el reconocimiento legal de su hija. “Lulú no nació en un cuerpo equivocado. Siempre fue nena: fue un trabajo de aceptación desde el amor y la libertad”, explica.

Al principio no fue nada fácil. “Estuve en el centro de la tormenta, sin información, transité esto con angustia y desesperación”, recuerda Gabriela, quien para evitar que otros pasen por lo mismo se decidió a escribir un libro, a participar de un documental y de campañas sobre el tema.

Las cosas cambiaron cuando se encontraron con Valeria Paván, la coordinadora del área de salud de la Comunidad Homosexual Argentina (CHA), que las recibió en su consultorio en 2011. “No nos sorprendió la historia de una nena trans tan chica, nos sorprendió que su familia la había escuchado”, explica Paván.

El Facha. “Yo a la cigüeña la voy a cagar a palos: me trajo nena y yo soy nene”, dijo el Facha. A Brisa, su mamá, le tembló la estructura.  

El camino de Brisa se inició tocando muchas puertas, entrando en contacto con el caso de Luana y, finalmente, visitando la Casa Cuna. Psicólogos, endocrinólogos y médicos comenzaron a contener, entonces, al niño que sabía desde hace mucho su nombre.

“El Facha pateaba las cabezas de las muñecas de sus hermanas y podía convertir una resma de hojas de escuela en un ejército de pelotitas para jugar al fútbol. En ese momento no te sale decir mucho: sencillamente intentar acompañar y aprender. Después vas haciendo los clicks que te dicen que tu hijo siempre fue así. El nunca fue una nena.”

El segundo niño con DNI modificado lo recibió en 2014. Lo obtuvo después de diez años de luchar con el pelo largo, andar con el equipo de fútbol de Boca e idolatrar a Carlos Tevez. Hoy, a sus 12, va por la cuarta sesión de bloqueadores hormonales, práctica médica habitual llegando a la pubertad trans.

Alma. “Tu hijo está enfermo”, les dijeron a Alejandra  y Fidel, padres de trillizos, en un hospital de San Juan. El psiquiatra de la obra social hizo ese diagnóstico cuando sus padres fueron a plantearle que uno de ellos, nacido varón, bailaba en tacos desde los dos años. “No está enfermo: ha nacido en un cuerpo equivocado”, le respondió Alejandra.

Vivir en una provincia más tradicional complicó las cosas más sencillas y por eso el documento nuevo era una necesidad. Llevar a Alma al médico era un desafío: no  aceptaban a una menor con remera rosa y uñas pintadas, pero con un documento de varón. La misma discriminación la sufrieron en las instituciones educativas, por eso tuvieron que cambiarla a un colegio que aceptara presentarla como niña.

Ponerse en contacto con Gabriela y la CHA aclararon el panorama. Alma Mía se autopercibió como niña y su documento lo afirma desde el 23 de enero de este año. “Estoy tranquila y feliz: preparando el largo camino que le queda por recorrer”, afirma su mamá.

“Corregir estas conductas es lo más destructivo”

No sólo la ley que permite cambiar de género en el DNI es argentina. También lo es uno de los mayores especialistas en diversidad a nivel global: el psiquiatra Edgardo Menvielle nació en La Plata y dirige, en Estados Unidos, uno de los pocos programas de desarrollo de la sexualidad y el género que existen en el mundo. Entre otras actividades, organiza campamentos donde los niños y sus padres aprenden a compartir su realidad. En una entrevista que dio a PERFIL en 2012, Menvielle explicó que “la mayoría de los niños que llegan a las primeras consultas tienen entre 3 y 5 años, pero vienen por la angustia que la situación genera en los padres. Hasta que se escolarizan, los chicos no viven su situación como algo angustiante: hacen lo que les gusta, no aprendieron a esconder sus intereses”. Recién en la primaria, cuando los tabúes de género están más arraigados, los chicos “empiezan a sufrir. Y para los varones es aún más difícil: ser femenino es visto como ‘imperdonable’, mientras que las mujeres sean más ‘varoniles’ no es tan condenado”, detalló. ¿Y qué falta? “Una reflexión adecuada sobre el tema, y que los psicólogos infantiles no procuren ‘corregir’ esas conductas. Eso es lo más destructivo”, señaló.



G. Botello / C. Fernández Escudero