SOCIEDAD CONTAMINACION Y TALLERES CLANDESTINOS

Ecologistas cuestionan a la industria de la ‘moda rápida’

El 24 de abril de 2013, un edificio de ocho pisos en las afueras de Daca, capital de Bangladesh, se derrumbó sobre los empleados de la fábrica textil que alojaba, y producían ropa para más de treinta marcas occidentales.

Conciencia. Documentales y campañas alertan sobre el tema.
Conciencia. Documentales y campañas alertan sobre el tema. Foto:cedoc

El 24 de abril de 2013, un edificio de ocho pisos en las afueras de Daca, capital de Bangladesh, se derrumbó sobre los empleados de la fábrica textil que alojaba, y producían ropa para más de treinta marcas occidentales. La noticia recorrió el mundo y dejó al descubierto las problemáticas del mundo de la moda: el trabajo esclavo y la contaminación ambiental. En los últimos años, películas, movimientos en redes sociales y marcas sustentables buscan concientizar al consumidor.

La semana que viene, la discusión llegará al cine, de la mano de dos películas: The true cost, del director estadounidense Andrew Morgan, y RiverBlue, can fashion save the planet? (Río Azul, ¿puede la moda salvar al planeta?), de los canadienses David McIlvride y Roger Williams. Ambos reflexionan sobre el auge de la “moda rápida”, y formarán parte de la octava edición del Green Film Festival que tendrá lugar en Buenos Aires, del 24 al 30 de agosto.

“La película nació a partir de una imagen de la NASA, que tomaron del río Perla en China, donde el color del agua era muy oscuro. Nos dimos cuenta de que allí se fabricaba la mayor parte de los pantalones de jean del mundo”, cuenta a PERFIL Roger Williams. Filmar RiverBlue les llevó dos años a sus autores, que recorrieron países como India, Zimbabwe, China e Indonesia. “Nuestro mayor desafío fue poder ingresar a las locaciones para grabar, todavía recuerdo el fuerte olor que provocaba la fabricación de jeans, y con el que vivían los trabajadores”, comenta Williams.

Con un tono más radical, The true cost muestra la dura realidad que se vive en los talleres clandestinos de Bangladesh, hasta que la ropa llega a las pasarelas más glamorosas del mundo. Denuncian que la industria textil es la segunda más contaminante después del petróleo. “Comprar ropa es un acto moral que tiene consecuencias”, asegura en sus redes sociales Andrew Morgan, su autor.

El activismo sobre esta problemática también llegó a las redes sociales, con el movimiento “The fashion revolution”. Bajo el lema #QuiénHizoMiRopa, usuarios viralizan su foto con la frase o muestran las etiquetas de sus prendas.

En Argentina, son las marcas independientes las que comenzaron a distinguirse para crear conciencia. “Es posible hacer moda limpia, más allá de las millones de dificultades”, explica Paula Gray, diseñadora de prendas con algodón orgánico.



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