SOCIEDAD

Einstein y el huevo frito

PERFIL COMPLETO

El supuesto boom de la filosofía concierne a dispositivos que no interesan al filósofo, por lo mismo que pueden interesar a aquellos que ni practican ni estudian filosofía. Que puede haber buena divulgación, seguro; que un espectáculo puede ser entretenido incluyendo referencias “filosóficas”, también. Pero todo esto tiene muy poco que ver con lo que practico, enseño y escribo hace más de treinta años. No está de más recordar aquella graciosa anécdota de Einstein, a quien un periodista le preguntó si podía explicarle la teoría de la relatividad. El científico replicó con una curiosa pregunta: “¿me puede usted explicar cómo se fríe un huevo?”. El periodista lo miró extrañado y afirmó que claro que podía, ante lo que el físico completó: “hágalo imaginando que no sé lo que es un huevo, ni una sartén, ni el aceite ni el fuego”.
Se dirá que la sartén y los huevos de la teoría de la relatividad están muchos más lejos del profano, de lo que lo están los del filósofo. Pero eso hace más difícil el caso filosófico, por razones que no puedo explicar en doce líneas –y en más de doce, tampoco–. En resumen, si por filosofía entendemos un trabajo sobre la propia comprensión, diré que se trata de un asunto personal que no siempre requiere mediaciones especiales, pero cuando las requiere, la frecuentación de los maestros es irremplazable.

*Filósofo.



Samuel Cabanchik