SOCIEDAD

El agua también es un derecho humano

El sábado fue el Día Mundial del Agua. Un problema también en Argentina.

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Foto:AFP

La primera vez que uno escuchaba a los pueblos indígenas decir que el acceso al agua debía ser un Derecho Humano era lógico pensar que era una locura. ¿Cómo podía elevarse a calidad de Derecho Humano algo tan simple como abrir la canilla y ver al agua correr?

Sin embargo lo que para muchos es tan común, para millones de personas no lo es. Casi la mitad de la población mundial no tiene acceso a agua potable. No en todos los lugares del mundo existe una red que lleva agua a la gente. No todos tienen un fácil acceso a una fuente de agua. Muchos deben recorrer kilómetros incluso para poder hidratarse. Y, a diferencia de nuestra ducha que puede ser infinita, el agua que tanto les cuesta se cuida como a la vida. El agua es valiosa.

Si bien la escuela se cansa de enseñar que las plantas necesitan agua y que algo así como el 70 por ciento de nuestro cuerpo es agua, es difícil comprender que el agua es sinónimo de vida. Por supuesto que a quienes les sobra el agua (somos millonarios de agua), les es difícil apreciar su importancia. Tal vez en un viaje por un país lejano pueden notar su importancia, cuando un leve dolor de cabeza da cuenta del primer indicio de deshidratación.

Las estadísticas son aún más claras. La Organización de Naciones Unidas señala que 1.100 millones de personas (el 18% de la población mundial) no tienen acceso a agua potable. La Organización Mundial de la Salud agrega que hasta hace dos años, 768 millones de personas no consumían agua de una fuente mejorada, mientras que 2.500 millones de personas carecían de acceso a servicios básicos de saneamiento y 1.000 millones defecaban al aire libre.

Por su parte, la UNESCO cita otros estudios que indican que 2.000 millones de personas no tienen acceso al agua potable de modo continuo, mientras que 3.500 millones ni siquiera tienen cubierto su derecho al agua. Finalmente, UNICEF informa que de los 2.000 niños menores de cinco años que mueren día a día por diarrea (cuántos, ¿no?), el 90% se debe al consumo de agua contaminada, la falta de instalaciones sanitarias e higiene inadecuada.

En Argentina el Censo de 2010 determinó que el 17,37 por ciento de la población que habitaba en viviendas particulares no tenía acceso a la red. Cabe destacar que según los Objetivos del Desarrollo del Milenio, la Argentina se comprometía a que la red llegara al 88,9% de la población, o sea, que no cumplimos por 2.477.827 vidas. Bastante lejos para un país que creció a tasas chinas en la última década.  Parece que la educación no es la única área donde el crecimiento económico no se reflejó en desarrollo.

El agua es vida. Y la falta de agua es muerte. Parece irreal que haya gente que se muera por falta de agua, pero efectivamente ocurre. Desde quienes no pueden acceder a ella, hasta quienes beben agua no apta para consumo. Los pueblos que viven cerca de una industria que utiliza miles o millones de litros de agua, o que la contaminan con cianuro pueden dar fe de su importancia. La mega-minería a cielo abierto es un lindo ejemplo y por eso los vecinos protestan contra ella.

El agua es vida. Y privatizar el agua es privatizar la vida. El agua no puede ser un negocio y esto debe ser contemplado en la ley. Ponerle un precio al agua es ponerle un precio a la vida. Por lo tanto es obligación del Estado garantizar el acceso al agua. Y justamente por eso, es una pena que el kirchnerismo haya eliminado el artículo 241 del anteproyecto de reforma del Código Civil y Comercial de la Nación que tan transformador era: “Derecho fundamental de acceso al agua potable. Todos los  habitantes tienen garantizado el acceso al agua potable para fines vitales”.

El agua es vida. Y quienes están a favor de la vida, deben crear consciencia sobre su importancia. Por un lado, deben pugnar discursivamente para que el agua no tenga una visión mercantil. Por otro lado, deben presionar al Estado para que todos puedan acceder al agua potable.

El agua es vida. Y desde el 28 de julio de 2010, a través de la Resolución 64/292, la Asamblea General de las Naciones Unidas reconoce que el "derecho al agua potable y el saneamiento es un derecho humano esencial para el pleno disfrute de la vida y de todos los derechos humanos".

El agua es vida. Y, por lo tanto, el agua es un Derecho Humano.

(*) Profesor de Comunicación y Periodismo en la Universidad del Salvador y Maestrando en Ciencias Políticas y Sociología en FLACSO Argentina.



Damián Andrada