SOCIEDAD LA FRUSTRADA VENGANZA DE LOS MONOS

El extenso prontuario del policía que planeó matar al juez rosarino

Germán Almirón es el suboficial que dio instrucciones a un miembro de la banda narco. Ahora, teme que lo maten.

Foto:Cedoc Perfil

No es demasiado alto, aunque su contextura robusta es suficiente para intimidar. Sin embargo, Germán Matías Almirón dice que tiene miedo. El policía de 32 años, que está preso por facilitar la fuga de un sicario de Los Monos e información a otra banda de narcotraficantes de Rosario, ahora está acusado de tramar un “plan homicida”.

“Hay que matar a un juez o a un fiscal para que esto no pase más. Nunca mataron a un juez. Nunca les pasó nada. Y hoy son los dueños del poder”. Almirón resumió de esa manera el objetivo del plan que buscaba atentar contra la vida del juez Juan Carlos Vienna, el fiscal Guillermo Camporini, al jefe de la Policía Judicial, Cristian Romero, y el subjefe Luis Quevertoque.

La conversación quedó registrada gracias a la intervención de teléfonos ordenada por el juez federal Carlos Vera Barros, que investiga al agente como miembro de una banda narco de Rosario. En las conversaciones que mantenía con otro recluso, el oficial quedó en evidencia.

Almirón se desempeñaba como suboficial en la División Judiciales de la Unidad Regional II, y como tal, “ha participado en distintos procedimientos vinculados con la organización criminal. No era un jefe”, aclaró una fuente de la investigación a PERFIL.

El supuesto temor que siente el agente tiene nombre y apellido: Ariel “Guille” Cantero. La celda que ocupa en el pabellón de máxima seguridad de la cárcel de Piñero está ubicada justo frente a la del jefe de la banda de Los Monos.  

“Está asustado, fue golpeado y amenazaron a su familia”, asegura su abogada, Paula Ríos. Y pese a que la defensora insiste en que se trata de “un chivo expiatorio”, sus antecedentes no son los mejores.

En enero de 2010, con 27 años, fue sindicado como el líder de una banda de policías dedicada a “mejicanear”, es decir, robar a otros delincuentes. Cuando fue detenido en la Comisaría 17ª, donde prestaba servicio, intentó huir golpeando a un compañero. No lo logró y fue acusado por “robo calificado, privación ilegítima de la libertad, hurto, adulteración de la numeración de dominio, incumplimiento de funcionario público y malversación de caudales públicos”.

El efectivo fue pasado a disponibilidad, pero fue sobreseído en la causa y retomó sus tareas en la fuerza de seguridad. Pero la mancha quedó en su legajo y los jefes de la División Judicial de Rosario, abocados a la causa que intenta combatir a Los Monos, le prestaron atención: “Era personal de calle. No tenía relevancia en los trabajos ni participación directa”, indicó una fuente.

Almirón trabajó poco tiempo para la división de judiciales. Al tercer mes, el subcomisario Quevertoque detectó una maniobra que lo llevaría de nuevo a prisión: el agente está acusado de haber ayudado a Juan Ramírez, un presunto sicario de Los Monos, a escapar de la jefatura el 15 de enero pasado. Días más tarde, la mujer del prófugo reconoció a Almirón como el uniformado que le pidió dinero y un coche a cambio de facilitar la fuga de Ramírez.  Al mismo tiempo, Almirón está siendo investigado por el juez federal Carlos Vera Barros. El miércoles pasado fue imputado por haber facilitado información a otra banda narco rosarina, liderada por Reina Isabel Quevedo. La mujer está presa desde el 9 de febrero junto a su socio salteño, Julio César Feldkicher, con quien tendría vínculo el policía.

En el marco de esa causa, Vera Barros intervino un celular utilizado por el policía y entre el 16 y 17 de marzo descubrió la conversación en la que Almirón daba información para asesinar a su jefe, el subcomisario Quevertoque, al juez Vienna y el fiscal Camporini. Su interlocutor era César Arón Treves, un presunto narco preso en la cárcel de Coronda por un homicidio.

Según se desprende de las escuchas, los dos hombres buscaban venganza: “Me dijeron que si pasaba información de Los Monos me iban a largar. Y me mintieron”, se lamenta Treves en la charla. Almirón, en cambio, se sintió traicionado por sus jefes. El plan, que ya tenía fecha y sicario designado, fue desactivado a tiempo



Cecilia Di Lodovico