SOCIEDAD TRAS EL EXITO DE CAMPANELLA

El metegol de barrio aún sobrevive en la era de la Play

Tiene miles de practicantes, dos asociaciones y hasta campeonatos del mundo.

Foto:Cedoc

Una canchita con los fierros engrasados y los muñequitos de metal con caras despintadas e inmóviles. Las infaltables pelotitas perseguidas por los ojos de los jugadores ansiosos de gol y el reto por la ficha o por la gaseosa.

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Parece parte de un simple juego de amigos de barrio, pero es un deporte con rebote mundial, que despierta pasiones y cala hondo en distintas generaciones, aún hoy, con el mundo tecnologizado. Tras el éxito de la película de Juan José Campanella, PERFIL revisita el mundo de ese juego que todavía hoy genera interés en grandes y chicos.

El film animado fue visto el jueves, en su estreno, por 110 mil espectadores y marcó un récord. La película narra que el destino de la vida de un joven dependerá de un reto de metegol. Casi como en la vida real.

“A los 10 años empecé a jugar. Me divertía mirar a otros y pensar jugadas. Me gusta hablar mucho durante el juego, darle ese toque divertido y marear a los jugadores moviendo la pelota para rematar y ganar”, cuenta Luis Magariños, uno de los integrantes de la selección nacional de metegol que participa de la 5ª edición del Campeonato Argentino de Metegol en el Polideportivo de Río Ceballos, Córdoba, este fin de semana. El padrino del evento es David Nalbandian, y hay también delegaciones provenientes de Perú, Bolivia, Brasil y Chile.

Inicios. El fútbol de mesa fue inventado en algún lugar de Francia o Alemania en 1890, pero en Suiza se dio la primera patente, en 1933. Lo cierto es que actualmente las canchas y los jugadores son distintos en cada país. Por ejemplo, algunas tienen barras de titanio, muñecos metálicos o de goma, y marcador electrónico o manual. La Federación Internacional, constituida en el año 2002, estableció cinco tipos diferentes de mesas oficiales para el también llamado futbolín, según el torneo.

En el alto nivel hasta se hace difícil ver la bola, que puede alcanzar hasta 120 km/h, y no es más que una imagen borrosa. El deporte requiere reflejos rápidos.

En la Argentina existe una Asociación de Fútbol de Mesa que organiza encuentros semanales, y hay distintos torneos durante el año. En paralelo, la organización Jugadores de Metegol tiene 25 mil seguidores en Facebook y organiza distintos enfrentamientos barriales. Uno de los coordinadores del grupo, Federico Cappa, participó del mundial de Alemania en 2006. “Fue una experiencia única. Pasamos cuatro días jugando desde las 10 de la mañana hasta las 8 de la noche con jugadores de todo el mundo. Los que no competían practicaban y hacían amistosos con otros jugadores. Ahora tengo en mi casa un salón con varias mesas, y nos reunimos los sábados para jugar, es una parte fundamental en mi vida”, cuenta.

Como él, Alan Lupiañez, quien también estuvo en el mundial, sostiene que el metegol es un deporte que se practica y se entrena para pensar estrategias. “Veo videos y busco la manera de hacer bailar a los muñecos para que sea un juego atrapante”, dice Lupiañez, quién además fue el primer campeón de metegol en el torneo nacional en 2005.

Pero no hay que limitar este juego a una cosa de hombres. “Juego desde chica. No había tantas opciones de entretenimiento para mí. Además, cualquier niño que ve un metegol se detiene a mirar y quiere jugar. Tengo trucos para ganar que los practico para llevar a los torneos; este año voy a defender mi título”, cuenta Andrea Leguizamón, de 40 años, quien, junto a María Palero, logró el segundo puesto nacional en dobles el año pasado.

Si bien la tecnología invadió los espacios de ocio de la sociedad, persisten ciertas actividades vinculadas a los juegos de mesa que incluso funcionan como escape a esa invasión 2.0. “Muchos padres compran metegoles para que los chicos se alejen de la PC o de la PlayStation. Atrae a toda la familia”, cuenta Germán Papich, encargado de Tissus, empresa dedicada a fabricación y venta de juegos de mesa.

De cada cien mesas de ping pong se venden 25 metegoles. Es un juego que siempre se mantiene, pero que hace dos años aumentó su demanda porque también muchas empresas los utilizan para integrar empleados o para que se dispersen”, agregó. Asimismo, Papich cuenta que hacen pedidos para pintar las camisetas. Los más solicitados son dos superclásicos River-Boca y Argentina-Brasil. Como sea, al metegol argentina aún le falta su Maradona o su Messi.



Gisela Nicosia