SOCIEDAD UN CASO ARGENTINO DE IMPACTO GLOBAL


“El Papa Francisco dijo ‘hagan lío’, y sin quererlo nosotros hicimos uno grande”

Jaquelina Lisbona está casada con Julio Sabetta, un divorciado con quien tiene dos hijas. Le escribió al Papa para que le permitiera comulgar. 

Ayer y hoy. Jaquelina y Julio, en su luna de miel en Bariloche (izq.). Julio posa con sus dos hijas en el mercado familiar después del llamado que les cambió la vida (der.).
Ayer y hoy. Jaquelina y Julio, en su luna de miel en Bariloche (izq.). Julio posa con sus dos hijas en el mercado familiar después del llamado que les cambió la vida (der.).
Foto:Diario La Capital

Un llamado, que podría ser uno más entre los muchos que ya se conocieron, generó una repercusión mundial. Jaquelina Lisbona vive en San Lorenzo, una ciudad al margen del Paraná ubicada a 24 kilómetros de Rosario, en la provincia de Santa Fe. Es creyente, asiste habitualmente a la iglesia y tiene devoción por el papa Francisco.

Hace un poco más de seis meses le escribió una carta al Sumo Pontífice debido a que deseaba comulgar, pese a estar casada con Julio Sabetta, un hombre divorciado. Todo comenzó en la confirmación de la hija menor del matrimonio, cuando Jaquelina le comentó al cura su situación y se enteró de la imposibilidad de continuar comulgando.

Según la doctrina de la Iglesia, no se les permite tomar la hostia a los divorciados, a sus parejas ni a los concubinos.

“Somos creyentes y mi esposa quería comulgar, y por eso mandó la carta, pero nos sobrepasó la repercusión. No pensamos nunca que todo esto llegaría tan lejos”, cuenta Julio, quien se convirtió en vocero de la familia a la hora de dialogar con los medios. “El Papa dijo: ‘Hagan lío’, y nosotros, sin quererlo, armamos un lío grande”, agrega en referencia a que la interpretación de las palabras del Papa generaron distintos debates y planteos.

Julio se dedica al reparto de frutas secas; Jaquelina atiende el pequeño almacén que tienen en la parte de adelante de la casa. El matrimonio tiene dos hijas, Josefina (17) y Candela (14). Las chicas estudian en el colegio San Carlos y juegan al hockey en el club Logaritmo. Ambas ayudan en el negocio e incluso preparan y venden empanadas en el barrio.

Los Sabetta se describen como una familia muy unida, que compartirá por siempre la felicidad de haber hablado con el Papa. Con emoción, Julio repasa una y otra vez lo que sucedió ese lunes cuando, a las 13.50, escuchó sonar el teléfono. “Atendí y escuché del otro lado del auricular: ‘Habla el padre Bergoglio’. El timbre de voz lo reconocí y lo atendí como un amigo más. Pidió hablar con Jaquelina y le pasé el tubo”, detalló Julio en una entrevista con el periodista local Hugo Bruscaglia.

Según cuenta, cuando le explicó a su esposa quién la llamaba, ella comenzó a llorar. Al cortar, Jaquelina dijo que se sentía en paz con las palabras de Bergoglio. En una entrevista de La Radio 93.5, de San Lorenzo, Julio detalló el momento que revolucionó sus vidas y la de toda una ciudad.

—¿Cómo surgió la idea de escribirle a Francisco?
—Jaquelina le contó al cura que estaba casada con un hombre divorciado y él le impidió comulgar. Ella se sintió mal, porque en sí no está haciendo nada malo. Según le explicaron, está pecando al casarse con un pecador. Unas amigas le recomendaron que le escribiera a Francisco para expresar su preocupación. En septiembre pasado redactó un e-mail y lo envió.

—¿Qué le dijo el Papa?
—El le dijo que vaya a comulgar, que estaba libre de todo pecado. Ella tiene la necesidad de comulgar y ahora lo hará porque tiene la tranquilidad de que la autorizó el Papa.

Una historia de amor. La vida de la mujer que tipeó cada una de las letras de ese correo electrónico debe reconstruirse con allegados y amigos, porque Jaquelina evita el contacto con los medios. Su  familia asegura que “se emociona demasiado al recordar esa comunicación”.

Jaquelina nació el 2 de febrero de 1967; su esposo, el 1º de agosto de 1963. Ella nació en Firmat, pero cuando tenía tres años su madre murió y se mudó a San Lorenzo, donde las criaron unas tías.

Cuando eran adolescentes, se pusieron de novios, pero la relación no duró más de seis meses. Julio se casó con otra mujer en 1985 y en 1992 se divorció. Entonces, se reencontró con Jaquelina y en 1994 se casaron. Luego vendrían Candela y Josefina.

“Nos llamaron de todas partes, incluso medios internacionales, y ahora encontramos notas en diarios del mundo donde mencionan a San Lorenzo”, dice él con alegría y cuenta que la ciudad santafesina también se revolucionó. Julio remarca que la paz interior que transmite Bergoglio es un momento único y, pese a que con los días todo volverá a la normalidad, la experiencia que vivieron será un recuerdo que guardarán para siempre.

 

La doctrina de la Iglesia

La doctrina de la Iglesia divide entre pecados veniales (leves) y mortales, es decir aquellos que generan un daño permanente, que “matan la amistad con Dios”. No puede comulgar ninguna persona con pecado mortal.

En el caso de alguien que se divorcia y se vuelve a casar, ninguno de los dos podría comulgar (incluso aquella que se está casando por primera vez), ya que el casamiento supone un sacramento que sólo se puede romper con la muerte de uno de los cónyuges. “Si yo acepté esa alianza que es el matrimonio, hasta que no se rompa con la muerte, no se puede comulgar”, explica el padre Mauricio Larrosa.

Lo mismo sucedería con dos personas que conviven sin pasar por el altar, ya que el compromiso de formar una familia, para la Iglesia requiere el casamiento. Larrosa aclara  que, no obstante, ningún cura puede negarle la comunión a una persona ya que no se puede acusar públicamente a nadie. En ese sentido, el padre Mauricio explica:  “Yo no soy juez de nadie”.

No es lo mismo no poder comulgar que la excomunión –cuando se está fuera de la Iglesia–, ya que una persona que se divorcia sigue siendo parte de la Iglesia, pero no puede tomar la hostia. Luego del llamado de Francisco, la Santa Sede aclaró que las acciones personales del Papa no necesariamente se relacionan con la doctrina que imparte la Iglesia.

 

Un llamado que revolucionó a toda una ciudad

San Lorenzo es una ciudad ubicada a 24 kilómetros al sur de Rosario, donde en 1796 se iniciaron las tareas evangelizadoras por parte de los franciscanos. Allí, la devoción por el papa Francisco se celebró desde el minuto uno de su nombramiento.

En cada escuela puede encontrarse una imagen de él, y también en casi todos los comercios y locales, como es el caso de la familia Sabetta; hay posters y recortes de notas periodísticas que hablan de Francisco. A su vez, hay frases extraídas de sus homilías que están perpetuadas en grafitis y carteles en distintos espacios públicos.

Según describe el periodista y director de La Radio 93.5, Hugo Bruscaglia, San Lorenzo es una ciudad con alma de pueblo y por eso la noticia revolucionó a todos. “El amor a Francisco es muy grande. Cuando se conoció el llamado, se contagió una alegría en todos. Algunos pocos dudaron del relato, incluso un párroco local, pero la familia dice que crea el que quiera y no tienen por qué mentir”, explica.  

El sacerdote José Ceschi, de esa localidad, descreyó de que el Papa hubiera autorizado a Jaquelina a tomar la comunión pero sostuvo que es verosímil el llamado del Pontífice en respuesta a una carta. También otro cura de esa ciudad, Sergio Tofful, se negó a darle el sacramento de la eucaristía a la mujer, por no cumplir las disposiciones vigentes de la Iglesia. En relación con los divorcios, el papa Francisco aseguró en febrero de este año “no condenar” sino “acompañar” a las personas que han terminado su matrimonio.

*Con la colaboración de Hugo Bruscaglia, desde San Lorenzo (Santa Fe).



Redacción de Perfil.com


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