SOCIEDAD TAMBIEN ABRIO UNO EN HOMENAJE A CORTAZAR

En una vuelta a lo clásico, cafés y bares notables se renuevan

Con otros propietarios, lugares míticos como Los Galgos, Tabac y La Flor de Barracas buscan acercar nuevos públicos, además de mantener los clientes de siempre.

Foto:Gza. Damián Liviciche

Cuando terminaba su maestría de Administración Cultural en la UBA, a Carlos Cantini su directora de tesis le dijo que tenía que abrirse un blog: fanático de los cafés clásicos de Buenos Aires, Cantini le hizo caso y empezó a plasmar su pasión por estos rincones de identidad cultural porteños en Café Contado.
Ese recorrido lo llevó a que el año pasado lo llamaran para encarar un flamante desafío: la dueña de La Flor de Barracas, un clásico del sur de la Ciudad, buscaba un nuevo administrador. Desde entonces, La Flor, ubicado en Suárez y Arcamendia, reabrió, como tantos otros cafés y bares notables patrimonio de la Ciudad, y que en el último tiempo volvieron a abrir sus puertas renovados, como también sucedió con Los Galgos o Caffé Tabac.
“Cuando llegamos hicimos una refrescada patrimonial, porque el lugar ya estaba puesto en valor cuando cambió de dueños en 2009. Lo que hicimos fue una especie de limpieza temática, nos focalizamos más en el tema de café, en Barracas y en trasmitir ese concepto para anclarlo más con el barrio”, cuenta Cantini, quien lo administra junto a su hermano, su primo chef, y su mujer, que se ocupa de la imagen. “El cafetín se mantiene”, agrega, y cuenta que el año que viene cumple 110 años.
Acercarlo a la gente del barrio es uno de los principales desafíos, por eso trabajan mucho en la comunicación en redes sociales y con las pizarras en la entrada, y se suman a todas las propuestas culturales que tenga Barracas. “Celebramos cosas propias del barrio, y muchos recorridos turísticos llegan acá. Vendemos artesanías del Borda, y tenemos vínculo con Marino Santa María, del Pasaje Lalín, que viene todos los días”, cuenta Cantini.

Identidad. En la esquina de Callao y Lavalle, Los Galgos es otro clásico que reabrió hace poco. “El valor de este bar tiene que ver con la memoria de la Ciudad. La idea es mantener el espíritu clásico, entendiendo que tiene que evolucionar, porque si no lo aggiornamos con una buena propuesta gastronómica es muy difícil competir en el mercado”, dice Julián Díaz, cocinero y propietario del bar. Díaz es también dueño de 878, en Villa Crespo, por lo que el mundo de la gastronomía no le es para nada ajeno.
Llegó a Los Galgos luego de verlo con las persianas bajas y entender que allí había una oportunidad. El local, donde se sentaron alguna vez personajes como Arturo Frondizi y Oscar Alende, estaba cerrado desde que murieron sus últimos dueños (los hermanos Ramos), por lo que Díaz y su mujer decidieron ponerlo a punto y devolverle a la Ciudad uno de sus clásicos.
“La idea fue recuperarlo, ya que tenerlo cerrado era una derrota, y una vez que alquilamos la propiedad salimos a recuperar todos los muebles que se habían rematado; fuimos encontrando las carpinterías por un lado, la boiserie por otro, y las mesas en otro. Por acá pasó buena parte de de la historia política del país, del tango, de la música”, agrega Díaz.
Para muchos los cafés son sitios de encuentro con amigos, pero para otros son espacios de soledad. Por eso, son muchos los que celebran estos “regresos”. “Siempre es algo importante reabrir un bar, sobre todo para mí que trabajé siempre en este lugar, que es un clásico del barrio. La gente estaba esperando su reapertura”, dice Mariano Barros, nuevo administrador de Tabac, de la esquina de Libertador y Coronel Díaz, cerrado por un año y medio.
El día de su reapertura estuvo lleno, y desde entonces, los vecinos volvieron a esa esquina donde muchos políticos y figuras del espectáculo siempre fueron a mostrarse. Entre los cambios que hicieron, además de la renovación del edificio, fue modernizar la carta, pero el café y los clásicos espumantes siguen estando.

Temático.  Con un menú donde resuenan los títulos Bestiario, hasta Un tal Lucas, quienes visiten el nuevo bar de la esquina de Cabrera y Medrano se sumergirán en el mundo del gran escritor argentino Julio Cortázar. Allí, en pleno Almagro, abrió el primer bar temático dedicado al autor de Rayuela, que se suma a la red de cafés notables porteños.
Con frases, tapas de libros y muestras de fotos, las paredes dan cuenta de la vida del padre de La Maga, con el fin de generar allí una red de fanáticos que, mientras leen, puedan disfrutar de un café.

Pippo y Bahamas, dos históricos que se van
La otra cara de los bares y cafés que se renuevan son los clásicos que cierran sus puertas o que se venden y transforman en otra cosa. Hace poco, mucha gente se lamentaba en las redes sociales con la noticia de que Pippo, un mítico restaurante de la calle de Montevideo, en el barrio de Congreso, se declaraba en quiebra después de 75 años de existencia.
Por allí, durante décadas, famosos y personajes del espectáculo ocuparon sus mesas, entre ellos Alberto Olmedo, Tato Bores, Palito Ortega y Jorge Porcel.
Los grandes platos de pastas eran su fuerte y sello distintivo, y también sus precios bajos. Sin embargo, tras haberse mantenido en pie durante tanto tiempo, hace pocas semanas cerró sus puertas.
En la Costanera Norte, en tanto, otro clásico dice adiós: se trata de Bahamas, que si bien había vuelto a abrir sus puertas en 2009 tras permanecer años cerrado, a partir del año que viene tendrá nuevo dueño y se convertirá en una heladería y un restaurante cinco estrellas (Persicco y Azul Profundo, marcas con varias sedes en la Ciudad).
Este cambio se da en el marco de la renovación de  concesiones que hizo en la zona el gobierno porteño, donde funcionan también varios locales gastronómicos y boliches, como Siga la Vaca, Gardiner, Pacha, Tequila, Rodizio y Aquellos Años, entre otros.



Josefina Hagelstrom / Claudio Corsalini