SOCIEDAD TOMO UN REHEN Y LUEGO SE ATRINCHERO

Entró a tiros y mató a una bioquímica en una clínica

Ocurrió en Cipolletti. Una travesti enfurecida por presunta mala praxis disparó más de treinta balas.

La furia de una travesti, que entró a una clínica de la ciudad de Cipolletti reclamando una disculpa por un caso de mala praxis, terminó con un saldo trágico cuando sacó un arma de fuego y comenzó a tirar indiscriminadamente contra el personal. Según fuentes policiales, realizó más de treinta disparos, asesinó a una técnica bioquímica y se atrincheró hasta que finalmente pudo ser esposada y detenida por la Policía de la provincia de Río Negro.

El caso ocurrió ayer a las 8.45 de la mañana en el sanatorio Fundación Médica de Río Negro y Neuquén (Funmed), ubicado en la esquina de Mengelle e Yrigoyen, en pleno centro de la ciudad.

La travesti entró a los gritos a la recepción y lo primero que hizo fue tomar como rehén a un médico. Según los testigos, estaba sacada. Furiosa. Pedía una explicación (o una disculpa) por la difícil situación que actualmente atraviesa su madre, quien está grave e internada en el hospital provincial Castro Rendón de la ciudad de Neuquén. La mujer en cuestión habría sido derivada allí después de un presunto caso de mala praxis en Funmed.

“Al oír los tiros me tiré al piso, ayudé a mi compañero de sala y abrí las puertas de los placares para protegernos”, relató a sus familiares el paciente Sergio Cabezas, según un cable de la agencia de noticias Télam.

Cabezas no pudo precisar la cantidad de disparos que escuchó. “Fueron varios y se escuchaban muy cerca”, puntualizó.

La travesti, identificada por fuentes policiales como Héctor Ruíz, escupió toda su rabia contra el personal médico. Y enseguida comenzó a disparar. Primero lo hizo contra el piso. Pero después levantó el arma y tiró a matar.

Carla Milla, una técnica bioquímica de 22 años que vivía en la localidad de Allen, a 25 kilómetros de Cipolletti, recibió un disparo que le provocó la muerte casi de manera instantánea. Según fuentes policiales, Carla fue una de las empleadas que intervino y trató de calmarla.

En medio de la desesperación y las corridas de médicos y pacientes, la joven fue auxiliada y asistida en el sanatorio, aunque los médicos no consiguieron salvarle la vida.

Atrincherada. La desesperación de los testigos que habían conseguido escapar motivó un despligue policial inmediato. Los alrededores fueron cerrados, mientras decenas de curiosos y familiares comenzaban a acercarse. Los bomberos llegaron con una escalera mecánica y empezaron a rescatar a los rehenes que se encontraban en la parte superior de la clínica.

En la puerta, la desesperación de los familiares crecía minuto a minuto. Sobre todo ante la falta de información oficial. Una mujer que esperaba una respuesta sobre un familiar internado sufrió un desmayo y debió ser asistida por personal médico.

Pasadas las 9 de la mañana, la zona estaba totalmente cercada. El Cuerpo de Operaciones Especiales y de Rescate (COER) había llegado con el firme objetivo de tomar por asalto el sanatorio y detener a la travesti.

Afuera todo era incertidumbre. Nadie sabía si había muertos o heridos hasta que el jefe de Policía de Río Negro, Fabián Gatti, se hizo presente en la clínica y comunicó el deceso de la mujer.

Casi una hora después, la acusada fue apresada y detenida por un grupo de policías que entraron con cascos y escudos. Más tarde abandonó el sanatorio en silla de ruedas y esposada, en medio de una lluvia de insultos de las personas que esperaban afuera.

El final parecía una escena de una película de terror. La calma comenzaba a retornar en la clínica, aunque los tiros seguían sonando en la cabeza de los médicos y pacientes que sobrevivieron a una mañana demencial que nunca podrán olvidar.



Leonardo Nieva