SOCIEDAD ELLA ‘ESTRENO’ EL INDICE DE ABUELIDAD

Ignacio, desde la mirada de la primera nieta recuperada

Paula Logares fue secuestrada junto a sus padres en 1978 y devuelta a su abuela en 1984. Explica que “la restitución de la identidad es un proceso permanente y constante”.

Foto:Juan Obregon

Cuando se conoció el caso de Ignacio Hurban-Guido, Paula Eva Logares (38) estaba en el trabajo y se enteró porque le empezaron a llegar mensajes diciéndole que había aparecido el nieto de Estela. Después vino la conferencia y la felicidad compartida.

“Me puse contenta como con todos y cada uno de los casos de nietos que aparecen”, dice, y su testimonio es valioso porque se trata del primer caso de una nieta recuperada por vía judicial por las Abuelas de Plaza de Mayo, que pudo comprobarse gracias al índice de abuelidad. Y si bien reconoce que el de Ignacio es un caso emblemático “porque Estela simboliza a la institución de Abuelas”, agrega que hay muchas abuelas y muchas familias que siguen esperando. “Tomar la decisión de hacerse un análisis es un acto de valor y coraje”, dice en relación con Ignacio Guido, y agrega que “lo bueno siempre es saber cuáles son tus raíces, y saber que fuimos un proyecto de vida, porque él lo fue y yo también sé que lo fui. Porque no es que nuestros padres nos perdieron o nos olvidaron en un lugar, ellos tuvieron intenciones y decidieron formar una familia”, agrega.

Luego del secuestro de sus padres en 1978, Paula pudo volver a vivir con su familia biológica a los ocho años, fruto de la búsqueda que llevó adelante su abuela, Elsa Pavón, que fue quien la encontró y quien le devolvió su verdad. Fue en diciembre de 1984, un año después de que Abuelas presentara una denuncia judicial y se comprobara vía análisis de sangre el lazo familiar.

“Mi caso es paradigmático en un punto y el de Ignacio en otro, en polos complementarios. El mío es un claro caso del Plan Cóndor, a mí me secuestran junto a mis padres, y conmigo se queda el subcomisario de una brigada, que me anota como hija natural, con un documento adulterado. Y el primer caso vía judicial, con análisis de sangre. En cambio con Ignacio fue lo contrario: es el último caso, es el nieto de quien representa a la institución, y es él quien se acerca y lo solicita. Y a los 36 años, que es muy diferente que a los 8. Además él recibe cierto apoyo de la sociedad completa, no porque recién hoy la sociedad argentina se entera de lo que pasa, pero cuando sucedió lo mío se cuestionaban un montón de cosas, se dudaba de los desaparecidos, de los análisis de sangre, de todo”, explica.

Cuando la secuestraron Paula tenía 23 meses y vivía en Uruguay junto a sus padres, Mónica Grinspon y Claudio Logares, que militaban en Montoneros y se habían exiliado ahí. Los tres fueron trasladados a la Brigada de San Justo, donde Paula fue apropiada por el subcomisario Rubén Lavallén, que la anotó como propia con dos años menos de los que en verdad tenía. Por eso hizo más tiempo del que le correspondía en el jardín de infantes.

Pero lo que no pudieron cambiarle fue el nombre, ella sólo respondía a Paula, por eso cuando se reencontró años más tarde con su abuela, que la llamó por su nombre y la llevó a la casa donde en algún momento ella había estado con su mamá, se sintió cómoda. “De beba mi mamá me llevaba a esa casa, y si bien yo no tengo memoria consciente, la conocía. Hay algo que había quedado”, dice. Una sola vez volvió a ver a sus apropiadores, no quiso más. “El quiebre en mi vida no fue a los 8 años, fue a los 23 meses, cuando desaparecen mis padres. Porque ellos a mí no me abandonaron, y yo todo eso lo viví, y quedó inscripto en algún lugar mío”, dice con convicción.

Y explica que cuando se reconoce a alguien hay que darle tiempo, porque el proceso de restitución de identidad requiere una elaboración interna, permanente y constante. Pero asegura que “nadie se arrepiente de saber y conocer la verdadera historia personal. A ninguno de nosotros nos pasó. De ahí en más, cómo continúa la vida, las relaciones, eso es otra cosa, pero ninguno de nosotros se arrepintió de saberlo”.



Josefina Hagelstrom