SOCIEDAD ES INVESTIGADA POR EL CRIMEN

La mujer del médico forense asesinado dice que no lo mató, pero teme ir presa

Ricardo Zottola apareció muerto en el baño de su casa. Su esposa afirma que fue un robo, pero en el lugar no hallaron huellas de otras personas.

Foto:Marcelo F. Aballay / ABA Photo, Marcelo F. Aballay / ABA Photo

No conoce su contenido ni la contraseña para abrirla, pero la caja fuerte empotrada en una de las paredes de la habitación la inquieta casi tanto como la visión de su marido muerto en el baño. Ricardo Zottola (73), médico forense, fue asesinado el viernes 19 de diciembre pasado y los motivos del crimen aún no están claros. La viuda, Matilde Gómez (62), no está acusada formalmente por el homicidio, pero sabe que es la principal sospechosa. Le contó a la Policía que cinco hombres entraron a su casa de Versalles con su marido para asaltarlo y que lo mataron a golpes porque no les dio la clave de la caja fuerte. Pero la mujer cayó en varias contradicciones que encendieron la alarma entre los investigadores. Los resultados de las primeras pericias tampoco la favorecen: el médico murió estrangulado, y no se hallaron otras huellas dactilares que no sean del matrimonio en el departamento. Ahora la vigila una consigna compuesta por seis policías. Pese al escenario, y como puede (aún está bajo los efectos de una fuerte crisis de nervios), Matilde se defiende ante PERFIL.
—¿Cómo conoció a Zottola?
—Lo conocí hace cuarenta años. Era el médico de la familia. Más tarde tuvimos una relación de 18 meses, y nos casamos hace cinco años. No me dejaron sentir mi dolor.
—¿Era violento?
—A él nunca le iban a hacer nada. Yo no sé dónde cabe que una mujer como yo (es menuda) podría hacerle algo. Me mata primero. Tenía fuerza, hacía gimnasia, caminaba, hacía buceo, nadaba... él me tiraba de un soplido. Si yo lo hubiera estrangulado, me habría dado un golpe. Decía que antes de dejarse robar, si estaba conmigo, me mataba a mí y al ladrón. Creía que yo era débil, por eso no me dio la clave de la caja fuerte. Además, tenía armas en el auto, el consultorio y la casa. ¿Cómo puede ser que entraron tantos hombres y no encontraron ni una huella?
—¿Percibía movimientos extraños en el trabajo de su marido?
—El tenía muchos amigos en la policía. Los mantenía alejados, él tenía sus cosas, entraba, salía... trabajaba con abogados con los puntajes para las pericias. Pasaba algo y siempre lo llamaban. Yo no estaba demasiado al tanto de lo que pasaba.
—¿Cómo fue el día del homicidio?
—El llegó y me dijo que se había olvidado algo. Siempre se olvidaba la plata que guardaba en el baúl del auto. Cuando volvió a entrar, cambió todo. Me quedé paralizada. Lo vi entrar con gente. Estaba aterrada. Me llevaron a la habitación, me sentaron de un golpe y escuchaba que me decía: “Matilde, ayudame”. Me decían que abra la caja fuerte, y yo no sabía... Escuchaba los golpes, una y otra vez, fuerte. Le decían: “Dame el número”. Cuando se fueron, me abalancé sobre él y le tomé el pulso. No estaba vivo. Estaba frío. Tenía la camisa para arriba, tapándole la cara. Tenía un fuerte golpe, todo abierto, acá (se señala la cabeza del lado izquierdo y llora). Fui a buscar al portero corriendo y me desmayé. Volví y me acosté de vuelta al lado de él y lo acaricié. Lo abracé porque iba a ser la última vez que lo iba a tener. La policía me pidió que salga porque estaba contaminando la escena.
—¿Tiene miedo?
—Tengo miedo, tengo mucho miedo. Algo que supiera, algo que habrá hecho. El daba los puntajes, más altos, más bajos... por eso lo buscaban a él. Sacaba asesinos de la cárcel, armaba los papeles. Por eso sé que me pueden armar la causa que quieran.
—¿A qué le teme?
—A sus enemigos. Tienen que saber que yo no sé nada. No tengo nombres ni sé qué hay en la caja fuerte. Tengo miedo de que me vengan a buscar, necesito que la Justicia abra esa caja. Yo escucho que soy la mujer asesina, lo decidieron desde un primer momento. Cómo no me va a afectar, me fui a entregar pero no tienen pruebas y se rieron de mí.
—¿Le robaron algo?
—Joyas que estaban a la vista y unos anillitos de oro, pero el arma de Ricardo no se la llevaron.

Las hipótesis que no cierran
El homicidio de Ricardo Zottola mereció la atención del secretario de Seguridad, Sergio Berni, que se presentó en la escena poco después del crimen. Desde el primer momento los investigadores repararon en las actitudes de Matilde Gómez. Su abogado, Marcelo Trimarchi, socio de Matías Morla, descree de la dirección que está tomando la causa. “Llama la atención que no haya huellas dactilares de las personas que entraron junto a Zottola y que no se hayan llevado el arma”, destaca Trimarchi en su estudio de Puerto Madero, donde recibió a PERFIL. Al abogado también le extraña la cantidad de policías destinados a la consigna de su clienta, y no cree que se haya tratado de una entradera. En la causa hay varias hipótesis: una de ellas señala a la viuda como la principal sospechosa. Incluso, la policía científica buscó por toda la casa el cuchillo con el que hirieron al médico forense. No lo encontraron, pero la causa de muerte, estrangulamiento mecánico, los lleva hacia otra pista.



Cecilia Di Lodovico