SOCIEDAD ANIVERSARIO

La revolución de internet cumple un cuarto de siglo

El gigante informático se volvió accesible al público en general en 1989, y desde entonces cambió la vida de las personas en todo el mundo.

Foto:Gentileza Taringa!

Una idea que cambió la vida social está a punto de celebrar su cuarto de siglo. Cuenta la historia que un 12 de marzo de 1989, el equipo inglés Tim Berners-Lee publicó un documento técnico que luego se convirtió en la base teórica de internet (World Wide Web), y que en estos 25 años se propagó por el mundo. Similar a una revolución, todos los aspectos de la vida cotidiana fueron atravesados por la web: desde buscar una dirección o un restaurante, a los acontecimientos más grandes, como la información en tiempo real, las redes sociales, televisión y transmisión de música. Incluso encontrar a tu media naranja.

En 1995 Maximilano Oddone y Mariel Rovella se conocieron en un chat y nunca más se separaron. Lo que para esos tiempos era algo a lo que pocos tenían acceso, y no había demasiada información, ellos supieron sacarle provecho y ya llevan 19 años de relación.

“Internet no era libre y no había tantos proveedores del servicio. Utilizabamos un sistema llamado BBS, donde los usuarios podían enviarse mensajes. No existían redes sociales ni nada parecido. Tampoco había emoticones; era un texto pelado, rústico pero igual nos enamoramos”, asegura Oddone. La teleconferencia virtual terminó en una cita y los cibernovios comenzaron su relación en diciembre de 1995. Se vieron cara a cara y sin más tipeos comenzaron la relación real. Con las Commodore 64 como testigos imaginaron su boda y al año se casaron.  “Internet nos cambió la vida. Resultaba raro explicar cómo nos conocimos. En broma, con un amigo dueño de una empresa de internet dijimos de trasmitir la ceremonia online y lo hicimos. Nos hicieron notas en los medios y ahora al recordarlo nos da risa porque ya quedó antiguo. Avanza todo muy rápido”, cuenta Oddone, mientras sus hijas Tamara y Martina, de 5 años, manejan sin problemas el iPad. “Algún día les contaremos a las nenas nuestra historia de amor, pero ya les parecerá normal, nada sorprendente”, sostiene.

En el caso de Marián Segura, internet fue vital para lograr la adopción de sus hijos en Rusia, en 2006. Se informó, asesoró e inició los trámites sentada en su casa junto a su esposo. “Siempre digo que son hijos de internet porque para la mayor parte del proceso burocrático completé planillas y formularios online, además de enviar emails. También envié documentación por correo y viajé en dos oportunidades, pero la red fue muy importante para acortar distancias geográficas y lograr la adopción de Yaroslav y Stanislav”, cuenta con emoción sobre sus hijos, de 10 y 11 años. Gracias a un matrimonio amigo, se enteró de la posibilidad de adoptar niños rusos. “Tengo aún vínculo con los gestores que colaboraron en el proceso y hablo por la red con otros padres adoptivos de chicos de ese país que nos denominamos las ‘mamushkas’”, cuenta.

Además de ser útil para pasar tiempo navegando, internet es nicho de múltiples negocios. Hernán Botbol, es uno de los tres directores de Taringa!, sitio que tiene 75 millones de visitas por mes y más de 24 millones de usuarios registrados. “De adolescente la computadora la usaba para juegos y para entretenimiento. Eran los tiempos en que aparecían las primeras conexiones dial up. La mayoría de las personas que se dedican a internet comenzó como autodidacta”, cuenta y recuerda cuando su padre lo llevó a una conferencia de una empresa informática y quedó maravillado. Con su hermano Matías, y un amigo, Alberto Nakayama, crearon una empresa de hosting, y luego entre los tres compraron Taringa! en 2006. “En cualquier lugar del mundo donde se hable español se usa Taringa!, sobre todo en México. Nos gusta ver el intercambio de información entre los usuarios gracias a la herramienta que es internet. Logramos tener nuestra empresa, con éxito y dando un espacio a la comunidad”, agrega.

A 25 años de su explosión, la Red Informática Mundial es la puerta de acceso a un mundo cada vez más real.



Gisela Nicosia