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Los hostels ‘cool’, la otra forma de vivir Punta del Este

El primero abrió en 2003, y hoy son más de veinte. Argentinos y turistas de distintas partes del mundo los eligen por sus precios accesibles, pero también por el estilo y la onda.

Variantes. Los hostels están ubicados en distintas zonas de Punta del Este: La Barra, La Punta y Manantiales. Muchos tienen pileta, deck de madera y barra de tragos. Son elegidos por argentinos y brasileños, pero también por un público mochilero que viene de Europa.
Variantes. Los hostels están ubicados en distintas zonas de Punta del Este: La Barra, La Punta y Manantiales. Muchos tienen pileta, deck de madera y barra de tragos. Son elegidos por argentinos y brasileños, pero también por un público mochilero que viene de Europa. Foto:Negrita Hostel

Punta del Este es un destino más asociado al lujo y al glamour que al turismo mochilero. Sin embargo, en los últimos años los hostels se multiplicaron y se consolidan como una alternativa diferente para vacacionar en las playas esteñas. Si bien desde la Dirección de Turismo de la Intendencia de Maldonado no cuentan con información precisa sobre cuántos hay activos esta temporada, el sitio de reservas HostelWorld propone veinte alternativas de este tipo para alojarse este verano. “Hay más hostels y cada año abre uno nuevo”, afirma Camilo Rousserie, encargado de Negrita, ubicado en La Barra.

A pesar de que el círculo principal de gente de Punta del Este sea de mucho poder adquisitivo, es un lugar muy atractivo para otros sectores y el hostel ha ayudado mucho a eso”, agrega Gonzalo Laguna, uno de los dueños de Trip Hostel.

 Juan Martínez Escrich, presidente de la Cámara Uruguaya de Turismo, aclara que los de Punta del Este “no son hostels así nomás”, ya que cuentan con servicio de piscina, bar, deck para tomar sol y conexión de wi-fi. Un ejemplo es El Viajero, ubicado detrás del Hotel Conrad, en la parada 2. “Nosotros no tenemos una estructura de casa modificada; el lugar que ocupamos antiguamente era un hotel, y podríamos serlo perfectamente, pero elegimos ser un hostel”, explica su dueño, Pablo Ruiz, quien coincide con el crecimiento que este tipo de propuestas tuvo en los últimos años. “Cuando empezamos en 2005 en Manantiales, sólo éramos cinco hostels”, asegura.

En alza. El primer hostel de Punta del Este abrió en 2003. “Fue una directa consecuencia de la crisis de 2001: la gente quería veranear acá y no tenía el poder adquisitivo para hacerlo”, cuenta Diego Nieves, licenciado en turismo y dueño de Trip Hostel, ubicado a dos cuadras de La Mansa.

“No creo que Punta del Este sea sólo de hoteles de lujo, podés disfrutar la ciudad en un hostel. El lugar para dormir, en mi caso, es secundario y prefiero gastar en otras cosas, como comer o salidas de noche”, cuenta la rosarina Georgina Paredes, que pasó unos días alojada en El Viajero.

Desde la Dirección de Turismo aseguran que “para la segunda quincena de enero hay un 80% de ocupación en este tipo de alojamientos”, y que a pesar de que la mayoría sólo abren durante la temporada, “las reservas crecieron un 20% más respecto de 2016”. Sin embargo, el nivel de ocupación varía según cada albergue; en el caso de Hostel 32, por ejemplo, aumentó un 40% con respecto al año pasado y hoy está lleno.

Los precios van desde los 22 dólares la noche, en habitaciones compartidas, hasta 150 para las privadas. “Es una modalidad que crece cada año; sobre todo jóvenes y extranjeros de Europa y Estados Unidos los eligen como alojamiento”, afirman desde la Dirección. Y más allá de ser una alternativa para los turistas argentinos o brasileños para pasar el verano, también se consolida como destino de mochileros, “que llegan cada vez más”, según Remo Castiglioni, encargado de F&F Hostel.

Nuevas experiencias. Si bien los voceros del sector coinciden en que una de las razones de este crecimiento son los precios accesibles, destacan que el atractivo principal está en la experiencia de alojarse en un lugar más comunitario y con menos reglas. “La mayoría de los viajeros elige hostels por la onda del lugar; están muy de moda porque conocés a gente de todas partes del mundo”, opina Juan Piedrahita, encargado de 32, uno de los albergues, ubicado a una cuadra de Playa Brava.

 Martínez Escrich coincide. “No es que el que va al hostel tiene un poder adquisitivo bajo, sino que va tomando fuerza el estilo de compartir experiencias y de intercambiar formas de vivir”, asegura el funcionario. El caso de María Barbiero, que viajó desde Paraná, Entre Ríos, hasta Punta del Este, es un claro ejemplo de esta tendencia. “Elijo los hostels porque viajo sola y son ideales para encontrar nuevos amigos. Hay un clima especial. Hablás con gente de cualquier parte del mundo como si fueran tus mejores amigos. La pasé tan bien que esta semana vuelvo”, asegura.