SOCIEDAD DE DINAMARCA A LAS CALLES PORTEÑAS

Los urbanistas que cambiaron Times Square analizan la Ciudad

Los arquitectos Ricardo Marini y Carlota Pedersen-Madero buscan que las grandes urbes sean más disfrutables para la gente.

Foto:Nestor Grassi
Peatonalizar, aprovechar el transporte público, usar la bicicleta y hacer más sustentables los espacios públicos son algunos de los conceptos que, según los urbanistas, definen a una “ciudad para la gente”. Bajo esa premisa, Riccardo Marini y Carlota Pedersen-Madero, integrantes del estudio Gehl Architects de Dinamarca –creador de ese concepto–, explican, en Buenos Aires, cómo se puede volver más funcional a una ciudad a partir de determinadas intervenciones. Ellos son responsables, entre otros, de la “acupuntura urbana” de la vida del ciudadano en Nueva York, Copenhague, Melbourne, Londres y San Pablo, entre otras. “Las ciudades crecieron con un diseño que no tuvo en cuenta a las personas, donde, por ejemplo, se priorizó el uso del automóvil. Pero, en realidad, la urbe debe crecer de manera orgánica, y sus estructuras, ser funcionales a sus habitantes. Por eso apuntamos al aprovechamiento del espacio público”, asegura Marini a PERFIL, que está en el país trabajando sobre un proyecto de revitalización del casco histórico y el sur de Tigre.
Sobre los cambios que vivió Buenos Aires en los últimos años, Pedersen-Madero –suiza, pero que estudió su carrera de arquitectura en la Universidad de Buenos Aires– sostiene que “algunos son sustanciales, a partir de la peatonalización de áreas del centro, las bicisendas y el transporte público terrestre. De todas maneras, aún falta. Tiene mucho potencial sin aprovechar”, dice. Marini completa: “Hay que tener cuidado con que la descentralización no convierta al ciudadano en un dependiente del auto. Tiene que haber distintos centros que estén a una distancia de escala humana”.
A mediados de la década pasada, el estudio Gehl fue convocado por el entonces alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, para realizar una intervención temporal en Times Square. Marini cuenta que se pintaron islas a lo largo de cuatro cuadras sobre Broadway, donde se instalaron maceteros, plantas y mesas con sombrillas. “Se trataba de un centro neurálgico de la ciudad en el que el 90% del espacio estaba destinado a los vehículos pero era utilizado mayoritariamente por los peatones. Las áreas que se diseñaron eran temporales, pero dada la respuesta positiva de la gente quedaron en forma permanente”, explica el urbanista. En Buenos Aires, ese hallazgo fue replicado en algunas zonas del Microcentro. Y en el caso de San Pablo, Pedersen-Madero señala que “intervinimos con bancos una serie de parques que no se usaban, y se potenció su uso a la noche con la proyección de cine o espectáculos”.

Claudio Corsalini