SOCIEDAD

Mucha pasión trucha

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Como publicitario sufro más que el resto de los alérgicos al Mundial. Si todos los afectados comienzan a retorcerse en mayo, cuando los avisos mundialistas asoman en el horizonte y el periodismo calienta el ambiente con banderitas, gorros y cotillón alusivo a la “gesta”, quienes fabricamos comerciales venimos envenenados desde marzo, ni bien los clientes se lanzaron desesperados a aprovechar las emociones por venir mientras los estadios brasileños estaban a medio construir y el argento clásico veía cómo pagaba el saldo de la tarjeta post vacaciones.

Para colmo de males en esta Argentina empobrecida cada vez hay menos sponsors oficiales, que ponen buena plata y aceitan la picazón alérgica con billetes reconfortantes, y se multiplican los oportunistas que surfean la ola mundialista con avisos truchos en los que no podés mostrar a ninguna de las figuras vigentes, tenés que recurrir a argucias miserables o comprar imágenes baratas del Mundial del 45. Si se fijan bien el grueso de las empresas evitaron meter la mano en el bolsillo (los derechos de imagen son carísimos) y sólo nos mostraron nucas que se abrazaban y “parecían” ser de algún jugador famoso, o un símil brasileño sufriendo frente a una tele. Cualquier alergia es incómoda, pero ésta de cabotaje que pulula en 2014, donde en lugar de vomitar ante la pasión fingida de Messi terminás engañado por su doble, habla de lo bajo que caímos a la hora de pintar la pasión futbolera.

* Filósofo y publicista.



Omar Bello