SOCIEDAD RUGBIER AGREDIDO

"No estaba triste por mí, sino angustiado por que sigan pasando cosas así"

Jonathan Castellari fue golpeado por siete jóvenes por su orientación sexual. Dice que "no hay que tener miedo" y recomienda denunciar los casos de violencia.

Recuperado. Castellari tiene 25 años y vive en un PH en La Paternal. A un mes y medio del ataque que sufrió, cuenta que aún tiene miedo de salir a la calle y que teme a los grupos de gente. Durante y después de su internación fue posteando cartas y fotos en su Facebook.
Recuperado. Castellari tiene 25 años y vive en un PH en La Paternal. A un mes y medio del ataque que sufrió, cuenta que aún tiene miedo de salir a la calle y que teme a los grupos de gente. Durante y después de su internación fue posteando cartas y fotos en su Facebook. Foto:cuarterolo

La imagen de Jonathan Castellari (25) golpeado y acostado en una cama de hospital contrasta con la que tiene ahora, en su casa de La Paternal. El ojo hinchado que no pudo abrir durante dos días –y que hasta le llegaron a decir que podía perder– ya está bien. Las cicatrices casi no se le ven. Y solo le queda esperar a ver qué pasa con la fractura que tuvo en la cara; si lo tienen que volver a operar.

A un mes y medio del feroz ataque homofóbico que sufrió en Palermo, cuando entre siete personas le pegaron a plena luz del día, por su orientación sexual; Jony, como le dicen sus amigos, se muestra entero.  Pero todavía no sale de su casa, por miedo a que le pase algo, menos si está solo. Sus días, por ahora, pasan ahí, en el PH donde vive con su hermano, entre las visitas de sus amigos y familia, y de Gustavo, su novio, con quien se  acaba de comprometer.

“Recibí muchísimos mensajes de aliento de distintas partes del mundo, donde me cuentan que cosas así también pasan en sus países. Estoy respondiendo a todos y les digo que esto es un ataque de odio que le puede pasar a cualquiera, pero que no hay que tener miedo de ser como sos, y hay que denunciar estos hechos para que no vuelvan a pasar”, dice a PERFIL. Y agrega que lo que le pasó lo angustió por entender que cosas así sigan pasando.

A principios de diciembre, Jonathan fue a bailar con un amigo. Se estaba por ir de viaje solo por un mes, así que salieron como despedida. Fueron a un boliche por Recoleta, y a la salida pasaron por el McDonald's de Córdoba y Medrano a comer algo antes de irse a dormir. Mientras esperaban el pedido, entró un grupo de ocho chicos de entre 18 y 24 años; que después de un cruce de palabras, los empezaron a insultar. “Yo estaba sentado en una de las mesas, y en un momento Sebastián me dice ‘Jony, vení’. Ahí se da vuelta uno de estos chicos que también se llama Jonathan y le dice ‘¿Qué me dijiste?’. Ahí empezaron las burlas, nos señalaban y hacían comentarios homofóbicos en voz alta como si no estuviéramos al lado”, relata. Comentarios a los que, dice, está acostumbrado. En la calle pasa seguido que alguien grite algo fuera de lugar. “Te dicen ‘puto’, ‘trolo’, ‘maricón’. Es triste, pero todavía pasa”, dice. Hasta ese día, sin embargo,  nunca había sufrido una agresión física ni pensó que le podía llegar a pasar algo así.

“Cuando salgo del McDonald's un chico me abraza y cuando termino de cruzar la puerta recibo un golpe de atrás. Ahí intento darme vuelta pero me pegan una patada, caigo al piso y desde ahí ya no hubo forma de levantarme. Ahí empezaron los insultos más agresivos: ‘Tomá, por puto’, ‘comé, por puto’, ‘te vamos a matar’. Esas tres frases creo que no me las voy a borrar”.

Buscar justicia. A Jonathan le dieron golpes y patadas en la cabeza y en las costillas. De día, a la salida de un McDonald's donde había gente, pero no personal de seguridad.

“Yo me agarraba la cabeza y veía sangre, pero en un momento ya no sentía más dolor. Ahí pensé que algo estaba mal”, recuerda. A su amigo lo amenazaban con gas pimienta. Cuando pudo pararse, salió corriendo y una mujer que era enfermera lo ayudó a volver a entrar. Le querían seguir pegando. “Les dijimos que íbamos a llamar a la policía y se tranquilizaron, pero dos me seguían gritando que me iban a matar”.

Estuvo seis días internado, y desde el sanatorio escribió un posteo en Facebook contando lo que le pasó. “No estaba triste porque me haya pasado eso a mí: estaba angustiado por el hecho de que pase algo así, de día, con gente alrededor. Así como me pasó a mí le podría haber pasado a cualquiera. Y  eso hablaba con mis amigos, de no poder creer que pase esto, lo veía como algo tan lejano”, dice.

Por las redes sociales recibió una foto que lo ayudó a encontrar a los agresores. Estuvo cuatro días buscándolos con su amigo en las redes, hasta que encontraron los nombres y fotos de siete de los ocho agresores. Con eso, sumado a las cámaras de seguridad que aportó McDonald's –a excepción de una, la que apuntaba al lugar donde se produjo el ataque que, según les dijeron, no funcionaba–, se los logró identificar.

Por lo que pasó hay una causa penal, con la carátula “tentativa de homicidio agravado”, con el agravante del artículo 80 del Código Penal, por orientación sexual de la víctima, explican los abogados de Jonathan. A fines de diciembre detuvieron a cinco de los agresores, que ya declararon ante la fiscal Paula Asaro, y fueron liberados tras pagar hasta $ 50 mil. Otros dos imputados declararán una vez que pase la feria judicial.

Una vez tomadas las indagatorias, la causa podría cambiar la carátula a lesiones graves, pero manteniendo el agravante. Ninguno de los agresores, ni sus familias, se pusieron en contacto con Jonathan.

Desde su casa, admite que estuvo muy “angustiado y dolido”. Pero también agradecido. “Porque podría no estar contándolo”, dice. “Y porque tengo familia y amigos que me apoyaron desde el primer momento, y porque todo se dio para que yo esté bien. En otro contexto, podés terminar tirado sin que nadie sepa que te pasó”.


Un tackle al prejuicio

Castellari juega al rugby hace dos años en Ciervos Pampas, el primer equipo de rugby inclusivo del país. Buscan romper los estereotipos de un deporte como el rugby, visibilizar la diversidad sexual y luchar contra la homofobia. Usan medias con los colores del arco iris. Tras el ataque, organizaron un torneo en el Club Virreyes, al que se sumaron más de diez clubes de rugby tradicional, femenino y mixto. El club es el único de Latinoamérica miembro de la International Gay Rugby (IGR); una organización de equipos de todo el  mundo que  cada dos años organiza un torneo, que este año Ciervos Pampas jugará por primera vez.