SOCIEDAD NILDA GOMEZ Y PAOLO MENGHINI

“No se puede dejar la lucha: de ella depende que no gane el impune”

En la misma semana, se dictaron las sentencias en el juicio de Once y se cumplieron once años de Cromañón. PERFIL reunió a los padres de dos de las víctimas. Hablan del dolor y la búsqueda de justicia.

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Foto:Pablo Cuarterolo

A Paolo Menghini y Nilda Gómez les bastó una cuadra para unirlos para siempre. Esa conexión es dolorosa: allí perdieron a sus hijos. Pero también les dio fuerza: ambos se convirtieron en las caras visibles de la lucha de los padres de Cromañón y los familiares de la tragedia de Once.

Los dos caminan entre esos cien metros que separan el Andén 2 de la estación de Once –donde el hijo de Paolo, Lucas, con tan sólo 20 años, fue la última víctima en encontrarse de las 51 que perdieron la vida aquel 22 de febrero de 2012, en el accidente ferroviario más grave de los últimos años–; del memorial de Cromañón, donde Mariano, el hijo de Nilda, también con 20 años, murió en el recital de Callejeros la noche del 30 de diciembre de 2004.

La semana pasada, las circunstancias volvieron a cruzarlos: se dio a conocer el fallo de 21 condenas y siete absoluciones del juicio de Once y al día siguiente se cumplieron once años del drama causado por una bengala en pleno show que dejó 194 víctimas fatales. Al acercarse al memorial por la calle Mitre, Nilda Gómez le pregunta a Menghini por el estado de salud de su hermano, el abogado Leonardo, quien representó a la mayoría de los familiares.

“El ni siquiera es penalista y dejó todo por ayudar a los familiares. El día previo al fallo tuvo un pico de presión”, le explica Menghini a Gómez. “Hay que entender a lo que se enfrenta. Del otro lado tenés a los monstruos del poder”. Ella asiente con su cabeza, como quien ya vivió lo que él relata, y le dice: “En ese momento es cuando te sentís bien chiquitito”.

— ¿Recuerdan ambos cuándo fue la primera vez que se vieron?
GOMEZ: Nosotros anduvimos buscando a Lucas porque justo teníamos un acto en el memorial. Así que nos presentamos y los ayudamos. Cuando uno entiende la soledad de la ausencia, está ahí para contener al otro porque ya sabe lo que viene.

— Paolo, vos en el discurso cuando se conoció la sentencia nombraste la lucha de los padres de Cromañón…
MENGHINI: Su persistencia y su sostenimiento de lucha constante fue un aliciente para nosotros. Nos retroalimentamos.
G: Hay un hilo conductor en la lucha contra las impunidades. La impunidad que hubo en LAPA o Kheyvis fue como el huevo de la serpiente que dio a luz a Cromañón, y así te vas dando cuenta que no podés dejar la lucha porque sabés que de ella depende que ni tu caso, ni otros, queden impunes.

Los guardianes. Al llegar al memorial del boliche, hay una soga repleta de zapatillas colgando y debajo una placa dedicada a ‘Los guardianes del santuario’; es decir, a los padres, pero a aquellos que “no pudieron soportar la impunidad y hoy están junto a sus hijos” “Ya son 31”, afirma Gómez. “El 60% murió de cáncer”. Menghini le dice que no sabía que ya pasaban los treinta, él se había quedado con un número viejo. “Es que es un drama que no para”, le dice Gómez. Por eso, desde su ONG, Familias por la Vida, reclaman el seguimiento y asesoramiento por parte del Estado de todos aquellos padres que perdieron a sus hijos en tragedias de este tipo.

—La respuesta de la Justicia en la tragedia de Once fue mucho más rápida que la de Cromañón,en la que esperaron cinco años para la llegada del Juicio Oral.
G: La lucha constante en el tiempo va germinando. Son todos cambios en un país donde parecía que la Justicia no avanzaba.

—Otro punto en común es el enfrentamiento al poder político y empresarial. ¿Se podría decir que el Chabán de Cromañón sería como los Cirigiliano de Once?
M: Exactamente. Los apellidos son determinantes a la hora de la condena y de ponerle cara a los que deben ir presos. Pero en realidad es un concepto y un tipo de manejo que se da en todas las tragedias con total desaprensión, como en el derrumbe de Beara, Cromañón, Eco y las inundaciones de La Plata. El tema es evitar que no se multiplique.

Ya ambos están por dejar la cuadra que los une, pero sin antes descubrir otros puntos en común. Tanto a Lucas como a Mariano les fanatizaba la música. Hasta en un momento a Lucas llegó a gustarle Metallica, la banda preferida de Mariano. Y los dos aseguran que el secreto de tener fuerza para levantarse cada día y vivir una vida que no eligieron es su entorno. Gómez confiesa que su vida se reacomodó cuando adoptó a un hijo del corazón de 8 años, que ahora tiene 17. Menghini sonríe: “Mi nieta Paz, la hija de Lucas, me puede pedir lo que sea. Ella es mi faro”, asegura.

 

Esperar por Callejeros

Mariano Benítez estaba juntando plata con su padre Nino para comprarse un Torino. Ese era su sueño,  otro sueño de los miles que truncó la tragedia de Cromañón. Con ese dinero, Nino terminó comprando un equipo de música con el que empezaron a reclamar justicia: “Escúchenlo, ni la bengala ni el rock and roll, a nuestros pibes los mató la corrupción”, coreaban en las marchas.
Cinco años después de aquel 30 de diciembre de 2004 comenzó el juicio oral, y luego las apelaciones. “Chabán, antes de morir, ya estaba con una domiciliaria. El comisario Díaz también termina su condena de manera domiciliaria. Ambos con sentencia firme. Ahora nos queda esperar por los músicos de Callejeros”, dice.

 

Once: seguir adelante

Si bien la cantidad de absueltos fueron siete contra 21 condenas, los familiares de Once saben que “ahora empieza el momento de las apelaciones y hay que mantenerse firme porque como con Cromañón lo que parecía una derrota judicial con el tiempo fue revertida, en el caso nuestro si bien la cantidad de absueltos es menor, hay absueltos importantes como Mario Cirigliano y los ex interventores de la CNRT Antonio Sicaro y Pedro Ochoa Romero”, detalla Paolo Menghini. Nilda Gómez le advierte a Menghini que deben estar atentos ya que en un primer momento a Chabán le habían dado 20 años, pero con el tiempo le redujeron la pena casi a la mitad… Eso no atemoriza al papá de Lucas ya que él está convencido de que “no hay chance jurídica de que  un tribunal pueda revisar el fallo y retroceder, respecto a la acumulación de prueba  que es absolutamente contundente”.
Sergio Cirigliano, Juan Pablo Schiavi, Ricardo Jaime y el maquinista Marcos Córdoba fueron algunos de los que recibieron entre tres y nueve años de prisión.



Agustina Grasso