SOCIEDAD

Reírse de la propia desgracia

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La producción cultural al interior de los barrios populares del conurbano bonaerense es, para la gran mayoría de la población capitalina de clase media, un misterio. Por eso, cada vez que un artista de esos pagos logra filtrarse a los espacios porteños, debe darse una explicación sociológica.
Como pasó en otros momentos históricos con la cumbia, parece que los habitantes de las villas ahora, además de tener ritmo, tienen humor y hay un subgénero denominado stand up villero que está siendo furor en Palermo, pero también en los territorios locales de los incipientes humoristas.
Los porteños deberían convencerse de que hay vida inteligente en esos barrios, y no sólo un montón de gente dedicada a planear delitos o estrategias para cobrar planes sociales, o cumbia, vino y joda en la casa, la calle y el barrio entero.

¿Por qué el stand up ha llegado al Conurbano profundo y tiene éxito? Posiblemente porque el humor, la risa y el desenfreno han sido, históricamente, un vehículo potente y maravilloso para dramatizar la vida social, la jodida vida social que muchas de estas personas sufren, pero también gozan a diario.

Poder reírse de la propia desgracia, poder compartir ese dolor y esa carcajada, tiene un valor inmenso, que debe celebrarse y multiplicarse. Para luchar contra la desigualdad, no hay mejor herramienta que una distribución equitativa de recursos, y los bienes culturales no deben quedar fuera de ese reparto.

*Socióloga del Instituto Gino Germani,  investigadora del Conicet y docente de la UBA.



Malvina Silba