SOCIEDAD HOMO CUANTIFICADO

Tecno control: miden los pasos, ronquidos y el nivel de felicidad

Los “selftrackers”, a través de aplicaciones para el celular y otros dispositivos, controlan distintas variables cotidianas. Un fenómeno en EE.UU. que llega al país.

Medir todo. Desde cuántos pasos damos durante el día, hasta cuánto café tomamos en una semana, cuántas horas dormimos por noche, cuánto tiempo dedicamos al ocio, hasta cuán felices somos. Todo es apto para la medición. El fenómeno de la autocuantificación, Quantified Self en inglés, gana cada vez más adeptos en los EE.UU. y en Europa, y en Argentina empieza, poco a poco, a despertar fanatismos. Los selftrackers –como se llama a quienes participan de este movimiento– son aquellos que miden distintos aspectos de su vida cotidiana, con ayuda de aplicaciones tecnológicas, que sirven para controlar su salud, alcanzar un objetivo –como bajar de peso–, o porque quieren exprimir a fondo el jugo de los adelantos tecnológicos y el efecto que puede tener sobre nuestras vidas. Tres preguntas son  clave: ¿qué hiciste?, ¿cómo lo hiciste? y ¿qué aprendiste? La idea es tener un control, una disciplina, una dominación de nosotros mismos.

Víctor Hugo de Almeyda es un comerciante de La Plata. A sus 50 años, se considera un selftracker local. En un programa de radio escuchó al tecnólogo y emprendedor Santiago Bilinkis hablando sobre el tema y empezó a investigar. Así fue como se compró un Fitbit, un dispositivo que le permite medir todos los pasos que da durante el día, ya sea mientras camina o sube escaleras, así como la calidad del sueño. “Controla cuánto duermes y la calidad de tu sueño. Nunca descansa, aunque tú sí lo hagas. Su alarma silenciosa te despierta suavemente y sin molestar a tu pareja”, reza el mensaje en la web del dispositivo.

Semanalmente, De Almeyda recibe un resumen por mail con los resultados. “Soy un fanático de las estadísticas. Todos los días me peso y lo registro. Así descubrí que todos los martes subo de peso, y no así los fines de semana, que siempre uno come más. Entonces entendí que los martes engordo por una cuestión de estrés, porque vengo descansado del fin de semana, y el lunes volver a la rutina me hace engordar”, relata a PERFIL.

Pablo Fernández es periodista y trabaja como editor jefe de Apertura.com. En su caso, encontró en Fitbit un buen estímulo para hacer ejercicio. “Te proponés metas y podés encontrarte haciendo más ejercicio del que hacías, te suma ganas y hasta podés competir con amigos que lo usen”, cuenta. Desde que se mide, cambió la actitud: antes, para hacer un par de cuadras a lo mejor tomaba un colectivo, ahora, que se sabe “controlado”, camina.

A fines del año pasado, se organizó la primera reunión QS en Buenos Aires, a la que asistieron unas quince personas. Hombres todos, de entre 30 y 40 años. Allí cada uno contó su experiencia. Juan Gargiulo, emprendedor y tecnólogo, fue quien organizó el encuentro, y recuerda que “uno de los que vino contaba que era alérgico, y tenía que tomar medicación todos los días para prevención. Se le ocurrió que tal vez podía saber en qué momentos le iba a venir la alergia, y así tomar la medicación sólo cuando era necesario. Empezó a medirse algunos factores corporales, así como también factores externos como el clima. Se dio cuenta de que la alergia le venía con ciertos valores de mediciones corporales, combinados con cierta época del año. Y redujo considerablemente la cantidad de medicación para la alergia que toma durante el año”, recuerda Gargiulo.

Felicidad. En los encuentros que se hacen en ciudades norteamericanas o europeas, las conferencias son mucho más grandes. Allí, los grupos de asistentes suelen superar las cien personas, y las exposiciones abarcan temas más bien insólitos como medir qué tan felices somos, cuánto café tomamos y si tiene alguna influencia en los niveles de concentración, la cantidad de ideas que se tiene en un día y las que se concretan, cuánto comemos. Y la lista sigue.

En un video, un expositor da cuenta de la clave de la felicidad: el experimento, que duró 34 días, consistía en medir en un rango del 1 al 10 el humor que se tiene al empezar y al terminar el día. Luego, sumarle una serie de variables que podrían tener influencia en nuestro estado de ánimo, como la aceptación, la autonomía, el manejo de situaciones o el crecimiento personal.

En la suma de todo estaría, aparentemente, la clave para ser feliz. Al menos, así cuantificado.

Como dejan en claro los selftrackers en su página web: “Nos gustan los datos, y nos gusta comunicarlos en formas nuevas y divertidas”.

 

La medición y la desmesura

Protágoras sostenía que “el hombre es la medida de todas las cosas”, y parafrasearlo en tiempos donde para algunos se trata de “medirlo” todo, latidos cardíacos, pasos dados, calorías, remite a una suerte de “obsesionalización” creciente y a la que la tecnología contribuye con aparatajes cada vez más aptos para medir lo que sea. Incluso, la felicidad inatrapable para algunos sería medible. Ya lo dijo Machado: “El hombre es un animal absurdo, que necesita lógica...” y también el filósofo Alain Badiou, cuando dice que: “Sólo hay cuerpos y lenguajes”.

Se trata, entonces, de intentar una vida sana, midiendo los riesgos, tratando de no excederse, balanceando dietas, ejercicios, actitudes, en una suerte de programación diríamos patológica o del orden de una obsesión que como tal, si no coarta al menos limita espontaneidades creadoras e incluso transgresoras de esas pautas dictatoriales. La obsesión busca controlar, medir, acotar, disciplinar. Si bien es benéfico el control moderado, el exceso genera empobrecimientos a la larga. Por eso, y volviendo a los griegos, si la hybris o desmesura era algo a combatir, no olvidemos que el deseo humano, caprichoso, anárquico como es, tan dado a los excesos, debe expresarse porque expresa algo de la íntima verdad de un sujeto, más allá de las programaciones de salud y sus correlativas mediciones.

La salud mental incluye algunas dosis de desprogramación esclavizante, aunque parezca que uno elige medir, y la felicidad además de no medible es usualmente desmesurada.
 

*Gabriel Espiño, Miembro de la Asociación Argentina de Psiquiatría.



Josefina Hagelstrom