SOCIEDAD SEXTING EN LAS ALTURAS


‘Tinder en los cielos’: cómo funcionan las apps para conquistas dentro del avión

Los usuarios crean un perfil con número de vuelo y asiento. Les permite contactarse desde el aeropuerto hasta el destino. Testimonios y

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Foto:AFP

Hacer en el cielo lo que Tinder, la más grande aplicación de citas del mundo, hizo en la Tierra: ése es el objetivo de las nuevas apps de pareja que revolucionan el espacio aéreo y animan a flirtear a 30 mil pies de altura, coquetear en el aeropuerto y hasta seducirse en los baños. MileHi y Wingman hacen despegar la fantasía y, en primera o en turista, apuntan poner en contacto a las personas que, en el mismo vuelo, buscan un affaire de altura.

El sistema de ambas es sencillo: se crea un perfil con foto, profesión, edad y se explicita el target de interés, que va desde “busco viajeros frecuentes” o “sólo pasajeros de clase business” hasta insinuaciones de las posiciones sexuales favoritas. Las apps conectan con el resto de los usuarios sólo ingresando el número de vuelo y de asiento. Desde el taxi hacia el aeropuerto hasta el mismo avión, éstas permiten enviar textos vía Bluetooth o a través del WiFi para conectar sin siquiera sacarse el cinturón.

La fantasía de escaparse hacia los baños o que suceda algo bajo las mantas con otro pasajero se convierte en realidad con Wingman. Desde 2015, la ‘sexapp’ muestra compañeros de vuelo para hallar un partenaire entre los 5 mil usuarios de la red para cumplir el deseo a bordo sin incómodas presentaciones. “Es controvertida, pero podés conectarte con alguien y ver qué posibilidades tenés”, explica Gabe Whaley, el desarrollador de la app, que tiene 26 años.

“La fantasía del avión es una de las más populares: el espacio reducido, las luces tenues, poder esconderse bajo las mantas, todo ese universo es sumamente estimulante”, explica Walter Ghedin, psiquiatra y sexólogo. “Viajar es afrodisíaco, es salir del espacio conocido y nos predispone a ser aventureros. Si dos personas que inician un viaje se encuentran, vibran en una frecuencia de altísima excitación”, sostiene.

La aplicación MileHi se nutre de esa fantasía y hace el juego de palabras: el “Mile High” es el club cuyos miembros se jactan de haber tenido relaciones a más de una milla de altura. No obstante Richard Lloyd, su creador, insiste en que la app es una herramienta de negocios. “La idea es que haga la vida más fácil para aquellos que van a la misma conferencia, quieren compartir un taxi o conocer una ciudad”, explica a PERFIL Paul Charles, encargado de comunicación de la app, que permite ver quién está en el vuelo, mensajear e incluso modificar la ubicación de los asientos para conectar antes, durante y después con otro pasajero. De cualquier modo, y con 100 mil descargas alrededor del mundo desde su lanzamiento en 2015, más de la mitad de sus usuarios confiesan estar allí “por placer” más que “por trabajo”, y la app ya fue bautizada como el “Tinder de los Cielos”.

Experiencias. Nombre: Olivia Harrington. Vuelo: 359 de Swiss Airlines con destino a Verbier, Suiza. Asiento: 36B. La foto de perfil de la morocha de ojos verdes fue todo lo que Harry Sunder necesitó para cambiar su asiento del 29C al 36C, a través de MileHi. El resto, dice, es historia.

“Nunca pensé que podría encontrar el amor a miles de metros a nivel del mar”, explica Sunder a PERFIL. “Descargué la app porque viajaba solo a esquiar y fantaseé con vivir un romance: conocer a alguien por chat te quita presión. Vi la foto de Olivia y supe que ella era lo que esperaba”, se emociona. Hoy, un año y medio después, planean vivir juntos en Londres.

“Conocer a alguien desde el anonimato es muy liberador, despierta vivencias de mayor intensidad: los mensajes son más calientes y permiten decir cosas explícitas”, comenta Ghedin acerca del sexting de alto vuelo. Gonzalo, un empresario argentino de 37 años radicado en San Francisco y usuario de MileHi, coincide. “Viajo mucho por trabajo y suele ser muy aburrido: con la app te podés liberar para coquetear, ver adónde te lleva”, dice. De cualquier manera, y como en la vida real, el flirteo en aviones tiene sus límites. “La falla obvia es que los vuelos no son ni cómodos ni románticos: por lo general, tenés una pileta muy pequeña de la que elegir. Y si te sale mal, no tenés dónde meterte: no es que podés abrir la salida de emergencia”, concluye Gonzalo.

De tragos a 10 mil metros de altura. Volar en un avión es una oportunidad maravillosa para el amor. O, al menos, eso piensa Richard Branson, el multimillonario dueño de Virgin America, que ofrece un “sistema de coqueteo” integrado al avión que permite invitar una copa y tener una cita a 10 mil metros de altura. La plataforma Red in-flight de la aerolínea, con pantallas en los respaldos de cada asiento, permite localizar a la potencial pareja en el mapa digital de asientos e invitar bebidas, comidas y snacks para cortejar a otros viajeros. Si es correspondido, puede conversar a través del sistema de chat que ofrece la plataforma.

“No soy un hombre de apuestas, pero estoy seguro de las probabilidades de bajar del avión con un ‘plus’ son del 50%”, promociona Branson en un video titulado “Guía de Sir Richard Branson para tener suerte a 10.000 metros”. La aerolínea no es la única que ofrece este sistema: Air New Zealand y United Airlines disponen de las pantallas para el chateo entre sus pasajeros.

Conexión entre viajeros. Si el avión no fue escenario para el romance, el destino seguramente lo será con la ayuda de apps que ponen a los viajeros en contacto. Tripr es una plataforma que, con el mismo sistema que Tinder, contacta únicamente a los trotamundos con afán de enamorarse… o de un encuentro de una noche. Ingresando la fecha y lugar de estadía, señala qué otros viajeros están en las proximidades y, permite concretar una cita. A HelloTell le dicen el “Tinder de los ejecutivos” y une, tras un check-in, a los usuarios que quieran negociar (o socializar) y que estén en las inmediaciones o en el mismo hotel. Ventoura y Miss Travel tienen el mismo objetivo: reunir a viajeros para recorrer la ciudad junto con locales y entusiastas. Organizar una salida de bares, conocer museos.



Gabriella Botello