SOCIEDAD CRIMENES SIN SENTIDO

Vecinos salvajes: aumentan los enfrentamientos a causa de la ira

Esta semana un hombre mató a otro en una disputa por una medianera.  “Este tipo de peleas son cada vez más violentas”, dice el fiscal a cargo de un caso similar ocurrido el 15 de julio.

Foto:Cedoc Perfil

“Me contó esta mañana que ayer había tenido una discusión muy fuerte, que le dijo que lo iba a matar. Yo estaba en la cocina haciendo la comida, escuché los disparos y salí corriendo para adelante. Cuando salí, estaba tirado encima de la bolsa de pan que traía en la mano”. El móvil del crimen fue la disputa por una medianera. Ocurrió el miércoles pasado en Mataderos cuando José Pérez mató a Eduardo Nieves.

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La escena, relatada por la esposa del hombre asesinado, tiene dos componentes predominantes: el absurdo y la simpleza de la vida cotidiana alterada de manera brutal por la ira, un sentimiento que es definido por la Real Academia Española como “pasión del alma, que causa indignación y enojo”, pero también “apetito o deseo de venganza”. Se trata de un caso que podría formar parte de Relatos salvajes, la película de Damian Szifrón que aborda este tipo de situaciones.

La ira también fue el motor que hizo estallar a Oscar Hernández, un psiquiatra que descargó su revólver contra Sergio Beltrán. Así, el 15 de julio de este año se terminaron las disputas entre las dos familias que compartían un PH en Vicente López. Al igual que Nieves y Pérez, la relación entre Hernández y Beltrán era explosiva y tenía antecedentes violentos.

Es posible que el hombre asesinado haya subestimado la ferocidad de su rival. En la casa del médico, la policía encontró una escopeta de dos caños recortada, una carabina calibre 22, una pistola-ametralladora, un rifle de aire comprimido, un revólver calibre 32 y un 38 y varios cuchillos.
La semana pasada, el fiscal Alejandro Guevara pidió que la causa sea elevada a juicio. “No hay nada que haga suponer que no haya comprendido sus acciones. Sabe que lo que hizo estuvo mal”, explica Guevara a PERFIL.

“En estos diez años que estoy al frente de la fiscalía es el único caso que terminó en muerte, pero noto que las peleas entre vecinos o en el tráfico son cada vez más violentas. Las disputas pueden empezar porque un vecino encuentra que su garaje está tapado por el auto de otro o porque dos automovilistas se insultaron en la calle. Se vive mal, hay una cuestión social que provoca esta escalada de violencia”, dice el fiscal con preocupación.

Cuentan que la anestesista María Verónica Ambertín perdió la razón cuando se separó de su novio nefrólogo, quien resultó uno de los principales blancos de los ataques que protagonizó en el country San Diego de Moreno. No fue el único. Vecinos y empleados de seguridad recibieron los balines que disparaba con un rifle de gas comprimido hasta que fue expulsada del barrio cerrado.

La médica se refugió en su departamento de Recoleta con rifle incluido. Fue entonces, en octubre de 2013, cuando saltó a la fama por balear un auto que había estacionado en su lugar.
Luego de permanecer internada por algunos meses, fue declarada inimputable y dada de alta. “Nunca más supimos de ella. Vendió su casa del country –donde la recuerdan como ‘la loca de la escopeta’– y no regresó a Recoleta”, comenta Claudio Caffarello, abogado de la ex pareja de la anestesista. “Ella se manejaba con impunidad porque todas las denuncias que acumulaba no llegaban a nada. En la Justicia no les prestan atención a estos incidentes, pero deberían hacerlo porque a veces terminan mal”, opina Marcelo Rochetti, abogado del dueño del Peugeot 307 baleado.

El próximo 17 de octubre se cumple un año del asesinato de Carmen Zorzoli, la víctima de Liliana Bargas, “la loca de los perros”, en Villa Bosch. El hijo de la víctima, Alexander, aún no puede superar la pérdida. “La muerte de mi mamá fue un giro tremendo en mi vida, es un dolor que sobrellevo conmigo y más cuando declararon inimputable a la asesina. Me llegaron versiones de que está libre. Después de lo que pasó, estuve meses con depresión aislado de todo”, dice el joven de 22 años.

“Me quedé con hambre de justicia”, remarca. “Mi única familia era mi mamá y una basura me la arrebató de la peor manera. La pesadilla de revivir lo que pasó ese día me persigue, pero trato de tapar la herida con recuerdos lindos y haciendo que ella se sienta orgullosa de mí”, se consuela.



Cecilia Di Lodovico