UNIVERSIDADES MIRANDO AL FUTURO


Cambios dentro del ecosistema académico

En la era de la digitalización extrema el aprendizaje del sector terciario se transforma vertiginosamente. Cuáles son los nuevos paradigmas para los alumnos, los profesores y la universidad. Cómo se forman los profesionales del mañana.

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Para Aristóteles, educar a Alejandro Magno habrá sido fácil. Filipo tenía en claro lo que Alejandro necesitaba, y Alejandro tenía en claro cuál era su destino. Aristóteles no sólo contó con la ventaja de una tarea definida, sino que sus enseñanzas eran para sólo un alumno. Una situación envidiable para cualquier profesor en los tiempos que corren.

Hoy en día y más que nunca, el soberano es la infinitamente analizada juventud. Por ello, la sociedad se enfrenta a diario con el desafío de asegurar su porvenir y grandeza a través de la educación de sus integrantes. Tarea digna de Gargantúa si consideramos este mundo complejo y en constante evolución, donde nadie tiene absolutamente en claro qué se necesitará saber hacer. Si como sociedad es difícil, imaginen cualquier joven de corazón y mente abierta que quiera decidir su destino, probablemente se sienta abrumado ante el desafío de qué estudiar. Ni qué hablar para aquellos que por diversas razones muy atendibles ni siquiera se plantean un estudio.

Formas. No sólo somos muchos más los habitantes del planeta, sino que además hemos evolucionado y ya a nadie le sirve aprender o trabajar de forma individual. La inteligencia colectiva y su aprendizaje está basada en la interacción entre pares, como abejas en un panal. Esta condición de éxito –innovar y pensar en equipo, priorizando compartir información sobre buscar reconocimientos– debe ser aprendido y practicado como parte inherente de la educación en todos sus niveles.

Otro ingrediente omnipresente es la ya conocida era de la información, cuarta revolución industrial, digitalización-extrema-nunca-más-un-papel o como guste llamarse. En definitiva, saber más sobre cosas que siempre estuvieron allí, pero nunca nos dignamos en interesarnos porque no estaban a nuestro alcance. Como, por ejemplo, dónde en este exacto momento está el libro que ordené. Asumiendo que la respuesta, “en el medio del Atlántico” es útil. Con tanta plataforma de conexión entre oferta y demanda, y la información resultante, corremos el riesgo de que se nos recaliente el cerebro, citando a Timón la suricata. La información al alcance literal de la mano tiene un impacto paradigmático en las aulas, provocando que los profesores compitan palmo a palmo con YouTube.

Finalmente, y disfrazados de gran novedad cual reina de carnaval, estamos cayendo en la cuenta que los juegos son una de las mejores maneras de aprender. Baden Powell se debe estar retorciendo en su descanso eterno buscando la manera de gritar “les dije!”. La “gamification” llegó a nuestras vidas como medio natural para la adquisición de conocimientos y habilidades. Potenciada por plataformas digitales que permiten personalizar y hacer asincrónico el aprendizaje. Adiós vacaciones.

Actores. Para comprender los desafíos que implica el aprendizaje, deberíamos distinguir tres actores clave del ecosistema: los alumnos, los profesores y la universidad. Son la tríada que sostiene, por ahora, la creación de profesionales. Y por ello, creo que resulta útil describirlos.
Si hablamos de alumnos universitarios, existe más de un estudio que los caracteriza como idealistas, exigentes, comprometidos consigo mismos, capaces de prestar atención lo que dura un recreo, multimediáticos, ustedes digan, los jóvenes de hoy parecen tenerlas todas. Pero aprenden y son muy capaces, si están incentivados pueden cambiar el mundo y muchos se lo proponen.

En cuanto a los profesores, históricamente han tenido tres perfiles distintivos en su función docente. Para algunos, la experiencia profesional es la fuente primaria de conocimientos y experiencias a transmitir en las aulas, sobre todo en las carreras tecnológicas. En otros muchos casos son investigadores, generadores e impulsores de nuevos conocimientos, perfil clásico en una universidad. Finalmente, y cobrando una mayor relevancia en los tiempos que corren, los docentes son facilitadores. La función de un docente siempre fue ser el transmisor primario de conocimientos y experiencias, un rol de docente informador. Ahora, la información y conocimiento directo toma un segundo lugar respecto de la facilitación y el tutelaje en la adquisición de prácticas y conocimientos.

La universidad se la podría caracterizar como fuente de conocimientos. Antes era un rol asignado por la sociedad de forma casi exclusiva, ahora tal vez no tanto. Esto obliga a formar redes de conocimiento con otras universidades y organizaciones donde se desarrollan actividades similares. Además de conocimientos, se espera que la universidad se ocupe de las competencias que los futuros profesionales deberán tener. Esto con el objetivo de lograr una mejor inserción de los graduados en el mundo laboral.

Profesionales 2020. Ahora bien, ¿qué enseñar? Pronosticar los trabajos del futuro no es fácil. Para ello les propongo recurrir al World Economic Forum. Según el WEF, para el año 2020 habrá una demanda creciente de trabajos centrados en capacidades analíticas superiores empujadas por la gran cantidad de datos que se generan y un poder computacional muchas veces mayor. Trabajos relacionados a las matemáticas y la informática seguirán siendo altamente demandados. Arquitectos e ingenieros se sostendrán en su demanda, entre las ingenierías, la biotecnología, la nanotecnología, los materiales y la robótica seguirán en auge a nivel mundial, estimándose unos dos millones de nuevos puestos para el 2020. Los vendedores especializados tendrán un lugar de preponderancia en el futuro, toda la tecnología que se desarrolle necesitará llegar al mercado de una forma exitosa. Gerentes con conocimientos en diversas industrias para superar períodos de cambios disruptivos serán claves en el futuro. Diseñadores de productos con su aporte en creatividad e innovación como factores claves de las industrias del futuro. Expertos en organizaciones y gestores de capital humano seguirán creciendo en cantidad traccionados por un marcado laboral cada vez más sofisticado.

En resumen, para conquistar el mundo del mañana, deberemos educar a nuestros soberanos en las artes de las ciencias sin perder de vista la estética y su capacidad de relacionamiento. Lo haremos sumando plataformas digitales y juegos al proceso, pero sin ceder el lugar preponderante de la interacción con pares y facilitadores. Y todo esto en un contexto de constante cambio y adaptación al entorno. No sé a ustedes, pero a mí me parece que si Aristóteles viviera, aceptaría con gusto.

*Director de la Escuela de Ingeniería y Gestión del ITBA.



Andrés Agres