Delirios

El rey está desnudo

El logo de Editorial Perfil Foto: Cedoc Perfil

Un presidente loco de atar. Y otro presidente con su chaleco de fuerza a medio abrochar que le rinde pleitesía. ¿Cuál es más loco? Unos millonarios delirantes se construyen bunkers de superviviencia o planean viajar a Marte, y varios presidentes les piden consejo. ¿Quién es más loco?

Es difícil ya localizar la locura, especificarla, porque la espiral de demencia ocupa todos los registros, lo contamina todo.

Un terremoto en Venezuela, meses después otro en Colombia. Las llamas devoran los bosques europeos y se licúan los témpanos de hielo. Mientras tanto, se producen crisis migratorias, con asesinatos incluidos. Las guerras se multiplican y se estabilizan como una neonormalidad. 

No es que haya proyectos de futuro (nacional, mundial) que no coincidan con los intereses de la mayoría, es que todos los proyectos de futuro han perdido racionalidad o se apuntalan en racionalidades abstractas y por lo tanto falaces: racionalidades sin cuerpos, sin comunidad, sin esperanza. Todo es lo que es y nada más, pero lo que es está fuera de toda lógica que no sea la del terrorismo: terror a lo chino, terror a lo árabe, terror al comunismo, terror al wokismno. Es el terror senil a la propia extinción y por eso se sale a destruir todo lo posible, es decir: el futuro.

Liberemos las energías para provocar más desarrollo.  ¿Desarrollo para qué, para quiénes?, si después hay que salir a matar a los que sobran, a los que protestan, a los que se rebelan, a los que lloran por la destrucción. 

No queremos sino sobrevivir, parecen decir. No importan las consecuencias. Cortemos el paso a toda hipótesis que suponga una solución común a los problemas de todos. No nos interesa llegar a ver un atardecer en paz, el mismo que otro mira desde otro punto de vista. La tarde y la puesta de sol son mías y solo mías. 

Está bien que les demos derechos soberanos a los locos, pero no está bien creerles los delirios en los que ellos se empecinan. Convendría, mientras dejen que los adelgazados mecanismos democráticos sigan funcionando, parar un poco el carro. ¿Nadie puede decirle al rey, al soberano, que está desnudo? ¿O estamos todas locas?