Fuera De cuadro

Misterio tremendo y fascinante

Mategna. San Jerónimo... Foto: cedoc

Para explicar lo sagrado, Rudolf Otto tuvo que inventar un término cuyo significado es tan complejo como la santísima trinidad. Este teólogo alemán de religión protestante que nació en 1869 y murió en 1937 acuñó “numinoso”, un neologismo que necesitó para dar cuenta de la esencia de lo sagrado y quitarle cualquier sentido racional a la experiencia religiosa. Pero a ese término que arranca de numen, palabra latina que quiere decir dios, divinidad, lo vivisecciona en tres partes que caracterizan la relación del hombre con la majestad divina. Mysterium, Tremendum et Fascinans son los elementos que aparecen en su libro Lo santo de 1927 y que, así en latín, intentan componer lo numinoso.    

   El primero refiere a lo inefable de la experiencia completamente de lo otro que está en el concepto. El segundo, aunque puede traducirse como “tremendo”, su sentido profundo es “sobrecogedor” o “espantoso”. No implica un miedo común, sino un terror sagrado o reverencial ante una majestad abrumadora que hace que la persona se sienta pequeña o “condición de criatura”. Y por último, es el polo opuesto del tremendum; representa la atracción irresistible, la belleza y la gracia de lo divino que cautiva y atrae al individuo. Temor que se traduce en respeto y veneración. Ese silencio que todo lo invade y que produce un estremecimiento. En ese sentido, también el arte participa y refuerza lo numinoso. 

    San Jerónimo Penitente en el Desierto, de Andrea Mategna (1431-1506), puede ser sinécdoque de un todo exquisito. La figura del santo a un costado resume el sacrificio y la espiritualidad. Está sentado junto al león que curó, tópico que aparece en otras de las figuraciones de este santo, a la entrada de una caverna en su retiro penitente. Un paisaje rocoso que podría ser su estancia en Padua cristaliza el uso primordial que el artista le dio a la perspectiva. En este conjunto, se expresa esa una armonía de contrastes: lo sagrado es algo que simultáneamente nos repele por su poder infinito y nos atrae por su bondad suprema.