SANTORAL CATÓLICO

Qué santo se recuerda hoy, 2 de febrero: San Simeón, el profeta que sostuvo en sus brazos la luz del mundo

San Simeone y la profetisa Ana protagonizan hoy el cierre del ciclo navideño, simbolizando la esperanza y la luz eterna en la tradicional fiesta de la Presentación del Señor.

SANTORAL CATÓLICO Foto: IA

Este lunes 2 de febrero la Iglesia conmemora a San Simeone el Anciano y a Santa Ana, figuras centrales que el santoral católico destaca en el marco de la Presentación del Señor. Según las escrituras recopiladas en latín y griego, Simeone era un hombre justo que esperaba el consuelo de Israel. Su vida estuvo marcada por la promesa divina de que no vería la muerte antes de contemplar al Mesías, convirtiéndose en el símbolo máximo de la fe paciente y la visión espiritual.

San Simeone y el cumplimiento de la promesa divina

La vida de Simeone se narra como una larga espera iluminada por el Espíritu Santo en Jerusalén. Las fuentes hagiográficas italianas describen que, al entrar el Niño Jesús al Templo, Simeone lo tomó en sus brazos, reconociendo instantáneamente la salvación universal. Su cántico, conocido como Nunc Dimittis, es una de las piezas litúrgicas más antiguas y profundas, donde solicita partir en paz tras haber visto la luz que iluminará a todas las naciones.

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Junto a él aparece la profetisa Ana, una viuda de 84 años que servía a Dios día y noche con ayunos y oraciones. Ella representa la perseverancia de los humildes y la alegría de comunicar la redención a quienes la esperaban. Ambos santos encarnan el puente entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, cerrando el ciclo de las promesas antiguas para dar paso a la era de la gracia bajo la luz de Cristo.

Los milagros atribuidos a la intercesión de San Simeone se centran históricamente en la protección de los ancianos y la claridad en momentos de duda espiritual. En la tradición de la "Candelora", o Fiesta de las Candelas, se bendicen cirios que simbolizan la luz revelada a Simeone. Esta devoción actual mantiene viva la creencia de que, a través de su oración, los fieles pueden obtener la paz interior necesaria para enfrentar los desafíos del final de la vida.

La oración dedicada a este santo suele repetir las palabras bíblicas: "Ahora, Señor, puedes dejar a tu siervo irse en paz". Los devotos recurren a él para pedir una muerte santa y la capacidad de reconocer la presencia de Dios en las pequeñas señales cotidianas. Es un intercesor poderoso para quienes atraviesan periodos de larga espera, enseñando que la fidelidad a los preceptos divinos siempre encuentra su recompensa en el encuentro cara a cara con el Salvador.

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En la actualidad, la celebración de San Simeone y Santa Ana se ha convertido en el Día de la Vida Consagrada. Esto se debe a que su entrega total en el Templo sirve de modelo para religiosos y monjas en todo el mundo. La iconografía italiana suele representarlos sosteniendo al Niño o con una espada de dolor dirigida hacia María, simbolizando la profecía de Simeone sobre los sufrimientos que la Virgen Madre habría de padecer.

La liturgia de este día también recuerda la purificación de la Virgen y la bendición de las gargantas que anticipa la festividad de San Blas mañana. Durante esta semana, el santoral católico honrará además a Santa Águeda el 5 de febrero y a San Pablo Miki junto a sus compañeros mártires el día 6. Cada una de estas figuras refuerza el mensaje de testimonio valiente y luz espiritual que caracteriza el inicio del mes.

En la Ciudad de Buenos Aires, puedes venerar a San Simeone y participar de la tradicional bendición de velas en la Basílica de Nuestra Señora del Pilar, ubicada en el barrio de Recoleta. Este templo histórico conserva tradiciones ligadas a la liturgia de la Presentación y ofrece un espacio de recogimiento donde la imagen de los ancianos Simeone y Ana recuerda a los fieles la importancia de la esperanza cristiana.