El dúo dinámico de Núñez: cómo la sociedad Aimar-Saviola transformó a River Plate en 1999
Los juveniles Pablo Aimar y Javier Saviola lideraron el ataque del River Plate campeón bajo la conducción de Ramón Díaz. Su química en el Monumental marcó una era dorada para el fútbol argentino.
El surgimiento de la dupla compuesta por Pablo Aimar y Javier Saviola representó un cambio de paradigma en el fútbol argentino de finales del siglo XX. Con apenas 19 y 17 años respectivamente, estos talentos formados en las inferiores de River Plate revitalizaron el esquema ofensivo del club.
La irrupción definitiva ocurrió durante el Torneo Apertura 1999, cuando el entrenador Ramón Díaz decidió otorgarles la titularidad absoluta. La velocidad mental del cordobés y la capacidad goleadora del "Conejito" generaron una sinergia inmediata que desarticuló a las defensas rivales.
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Pablo Aimar, oriundo de Río Cuarto, aportaba la pausa y la visión periférica necesaria para organizar cada avance. Su control orientado y la facilidad para eliminar oponentes con un solo toque permitieron que el juego fluido de River recuperara su identidad histórica de "La Máquina".
Por su parte, Javier Saviola ostentaba una precocidad asombrosa frente al arco, habiendo debutado a los 16 años con un gol ante Gimnasia de Jujuy. Su explosividad en los últimos metros complementaba perfectamente los pases filtrados de Aimar, estableciendo una conexión letal.
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La prensa deportiva de la época bautizó a este equipo como el de los "Cuatro Fantásticos", sumando a Juan Pablo Ángel y Ariel Ortega. Sin embargo, el eje central del espectáculo residía en el entendimiento intuitivo entre el volante creativo y el centrodelantero bonaerense.
El éxito de esta sociedad también se trasladó a las selecciones juveniles dirigidas por José Pékerman en el predio de Ezeiza
En el libro River, la mayor de las historias, el periodista Diego Fucks destaca que el impacto de estos jóvenes no fue solo estadístico, sino estético. La capacidad para asociarse en espacios reducidos devolvió al público del Monumental el orgullo por el fútbol de alto vuelo.
El 19 de septiembre de 1999, en el Superclásico frente a Boca Juniors, ambos jugadores ratificaron su jerarquía internacional. Aquella tarde, la sociedad fabricó jugadas que terminaron de consagrar a Saviola como el máximo goleador del certamen con tan solo 15 anotaciones.
Aimar no solo asistía, sino que también llegaba al área con una frecuencia inusual para un enganche clásico. Su gol frente a Rosario Central, tras una pared milimétrica con Saviola, quedó registrado como uno de los momentos más representativos de aquella campaña del campeón.
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La madurez táctica demostrada por ambos permitió que River Plate mantuviera un ritmo vertiginoso durante todo el año 1999. A pesar de las presiones externas, los juveniles mantuvieron una regularidad que los catapultó rápidamente a ser observados por los grandes clubes europeos.
El éxito de esta sociedad también se trasladó a las selecciones juveniles dirigidas por José Pékerman en el predio de Ezeiza. Allí, la filosofía de juego basada en la técnica individual y el respeto por el balón potenció las virtudes que ya exhibían cada domingo en Primera.
Resulta fundamental entender que Aimar y Saviola no fueron productos del azar, sino de un proyecto de formación integral en Núñez. El club apostó por su proyección en un momento de transición institucional, obteniendo réditos deportivos inmediatos y un título inolvidable.
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En su obra El fútbol argentino, el historiador Julio Frydenberg menciona que este tipo de duplas reafirman la identidad del potrero aplicada al profesionalismo. La espontaneidad de sus movimientos recordaba a las grandes sociedades de las décadas de 1940 y 1950 del club.
La transferencia de Saviola al Barcelona y de Aimar al Valencia a principios del 2001 cerró una etapa de brillo absoluto en Argentina. Sus partidas dejaron un vacío difícil de llenar, marcando el fin de una era donde el talento joven dominaba la escena local sin escalas.
El legado de estos dos futbolistas sigue presente en la memoria del hincha millonario como un símbolo de pureza técnica. La sociedad Aimar-Saviola trascendió los colores de River, convirtiéndose en un referente de excelencia para el deporte nacional de aquel cambio de siglo.
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Para muchos especialistas, el Apertura 1999 fue el punto más alto de una química que parecía coreografiada de antemano. La facilidad con la que se encontraban en el campo sugería un lenguaje propio, ajeno a las instrucciones tácticas rígidas de los entrenadores modernos.
Finalmente, la importancia de este dúo radica en haber devuelto la alegría al juego en un contexto de creciente exigencia física. Su paso por las canchas argentinas permanece como un hito de frescura y eficacia que todavía hoy es recordado con profunda admiración y respeto.