El invicto de 39 partidos de Racing: la cumbre del Equipo de José en la década del sesenta
La histórica racha de la Academia bajo la conducción de Juan José Pizzuti marcó un hito de solidez táctica y despliegue físico, consolidando un ciclo que culminó en la gloria mundial de 1967.
El ciclo comenzó tras una crisis deportiva que ubicaba a Racing en el último puesto de la tabla en 1965. La llegada de Juan José Pizzuti transformó la mentalidad de un plantel que pasó de la incertidumbre a una dinámica de juego revolucionaria basada en el despliegue y la presión constante.
La racha invicta se extendió desde la decimoquinta fecha del campeonato de 1965 hasta la trigésima jornada del certamen de 1966. Durante ese período, la Academia disputó 39 encuentros sin conocer la derrota, estableciendo un récord de imbatibilidad que perduró por más de tres décadas.
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El sistema táctico de Pizzuti prescindía de posiciones fijas, permitiendo que defensores como Roberto Perfumo o Alfio Basile se sumaran al ataque. Esta movilidad desconcertaba a los rivales de la época, quienes no lograban neutralizar el avance en bloque de un equipo físicamente superior.
En el arco, Agustín Mario Cejas brindaba una seguridad fundamental para sostener los resultados en momentos críticos. El guardameta fue una de las piezas clave para mantener el cero en partidos cerrados, donde la efectividad ofensiva de Juan Carlos Cárdenas terminaba por definir los puntos.
Crónica del récord invicto y el campeonato argentino de 1966
El hito de los 39 partidos incluyó victorias memorables frente a los clubes más grandes del país. La solidez del grupo se reflejaba en la capacidad de revertir marcadores adversos, una característica que la prensa especializada de aquel entonces destacaba como el espíritu de la Academia.
La solidez del grupo se reflejaba en la capacidad de revertir marcadores adversos
Juan Carlos Lorenzo, en su libro "Mis vivencias", resaltó que aquel Racing jugaba a una velocidad distinta, anticipándose a la evolución del fútbol moderno. La coordinación entre los volantes y los delanteros permitía una transición rápida que asfixiaba la salida de los equipos contrarios.
La derrota que cortó la serie se produjo ante River Plate en el Estadio Monumental, con un resultado de 2 a 0. A pesar de perder el invicto, el equipo no decayó en su rendimiento y terminó coronándose campeón del torneo argentino de 1966 con una ventaja considerable sobre sus perseguidores.
El historiador Alejandro Fabbri, en su obra "Historias de los tradicionales", menciona que el Equipo de José rompió con el paradigma del fútbol lento y pausado. La intensidad era el sello distintivo de un plantel que contaba con figuras de la talla de Humberto Maschio y el "Bocha" Maschio.
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El éxito doméstico fue el trampolín necesario para la proyección internacional del club de Avellaneda. La confianza obtenida durante los meses sin derrotas permitió que el grupo afrontara la Copa Libertadores de 1967 con una jerarquía que los posicionaba como los máximos candidatos al título.
La preparación física, liderada por el profesor Rufino Ojeda, fue determinante para sostener el ritmo durante los 39 cotejos. En una era donde el entrenamiento no era tan riguroso, Racing sacó provecho de su vitalidad para imponerse en los segundos tiempos, cuando los rivales ya no daban más.
La mística del Cilindro de Avellaneda se fortaleció en este proceso, convirtiendo el estadio en una fortaleza inexpugnable. La comunión entre la hinchada y los jugadores generó una atmósfera de optimismo que acompañó cada paso de la racha, alimentando la leyenda del fútbol nacional.
La derrota que cortó la serie se produjo ante River Plate
Roberto Perfumo, en "Jugar al fútbol", describió que la clave era la solidaridad absoluta entre compañeros dentro del campo. Si un lateral subía, un volante cubría el espacio automáticamente, demostrando una inteligencia táctica que Pizzuti había logrado inculcar en sesiones de práctica.
El récord de los 39 partidos fue superado recién en 1999 por el Boca Juniors de Carlos Bianchi, que alcanzó los 40 encuentros. Sin embargo, la marca de Racing sigue siendo valorada por el contexto de paridad que existía en el fútbol argentino durante la competitiva década de 1960.
La importancia de este hito radica en que no fue un evento aislado, sino la base de la primera Copa Intercontinental para Argentina. Los cimientos de la victoria ante el Celtic en Montevideo se construyeron durante aquellas tardes de invicto donde Racing aprendió a ser un equipo ganador.
Los especialistas coinciden en que aquel Racing de Pizzuti cambió la forma de ver el deporte en el país. Se dejó de lado el lirismo excesivo para adoptar un estilo más pragmático y dinámico, logrando un equilibrio perfecto entre la técnica individual y el esfuerzo colectivo sostenido.
Finalmente, la hazaña de los 39 partidos permanece en la memoria colectiva como la etapa dorada de la institución. Fue el momento en que el fútbol argentino demostró que podía competir y ganar bajo estándares de profesionalismo y planificación táctica superiores a la media regional.
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