Memorias del fútbol argentino

Pipo Gorosito en San Lorenzo: la vigencia de un enganche clásico que marcó una era en Boedo

El legado de Néstor Raúl Gorosito en el Ciclón destaca por su visión de juego y técnica depurada. Repaso histórico de sus ciclos, goles memorables y su rol como ídolo en el Viejo Gasómetro.

Pipo Gorosito en San Lorenzo: La vigencia de un enganche clásico que marcó una era en Boedo Foto: Captura X

Néstor Raúl Gorosito representa una de las páginas más brillantes en la historia moderna de San Lorenzo de Almagro. Su llegada al club en 1988, proveniente de River Plate, marcó el inicio de un vínculo inquebrantable que transformó la estética del mediocampo azulgrana con su estilo distintivo.

El impacto de "Pipo" fue inmediato gracias a una técnica individual que parecía de otra época. Con la camiseta número diez, se adueñó de la conducción del equipo, ofreciendo una visión de juego periférica que permitía asistir a los delanteros con pases milimétricos en situaciones complejas.

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En su primera etapa, Gorosito formó una sociedad legendaria con Alberto Acosta. Esta dupla, conocida como la sociedad del gol, se convirtió en una pesadilla para las defensas rivales. La precisión del volante y la contundencia del delantero definieron una identidad ofensiva de gran éxito.

El mediocampista no solo destacaba por su distribución, sino también por su pegada en jugadas de pelota parada. Sus tiros libres eran ejecuciones de alta precisión, colocando el balón en ángulos imposibles para los porteros, lo que le valió el reconocimiento de toda la afición local.

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Durante el torneo de 1988/89, Gorosito alcanzó niveles de rendimiento superlativos, consolidándose como el máximo asistidor del certamen. Su capacidad para leer los tiempos del partido le permitía manejar el ritmo del juego, acelerando o pausando según las necesidades tácticas del equipo.

El impacto de "Pipo" fue inmediato gracias a una técnica individual que parecía de otra época

La relación de Néstor con la hinchada se fortaleció en momentos de adversidad. A pesar de las ofertas del exterior, su compromiso con la institución fue evidente en cada retorno. Su figura trascendió lo deportivo, convirtiéndose en un símbolo de pertenencia y de amor por los colores del club.

En el libro "San Lorenzo: Historia de una pasión", el historiador Adolfo Res destaca que Gorosito devolvió al club la elegancia del fútbol de potrero. Según Res, su presencia en el campo garantizaba una cuota de creatividad necesaria para competir en los niveles más exigentes de la liga.

El regreso de Pipo en la década del noventa reafirmó su estatus de ídolo. Aunque el equipo atravesaba transiciones institucionales, su liderazgo dentro del vestuario fue clave para guiar a los futbolistas más jóvenes, transmitiendo los valores y la mística que caracterizan a Boedo.

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Uno de los hitos más recordados es su actuación en partidos clásicos, donde su temperamento y clase solían relucir. Gorosito entendía la importancia de estos encuentros para el socio, entregando actuaciones que hoy forman parte del folclore y la memoria colectiva de la institución.

La estética de su juego, caracterizada por jugar con la cabeza levantada y las medias bajas, evocaba a los grandes creadores de la historia argentina. Esta estampa clásica lo diferenció de los volantes modernos, más enfocados en el despliegue físico que en la generación de juego creativo.

Como señala el autor Román Iucht en su obra sobre grandes volantes creativos, "Pipo" era el dueño del tiempo en San Lorenzo. Iucht describe que el mediocampista poseía la facultad de simplificar jugadas difíciles mediante una técnica de recepción y pase que era pura eficacia.

Uno de los hitos más recordados es su actuación en partidos clásicos

Su producción goleadora también fue relevante, especialmente en encuentros decisivos de copas internacionales. Gorosito aparecía cuando las papas quemaban, asumiendo la responsabilidad de conducir al equipo hacia la victoria con una serenidad que contagiaba confianza a sus compañeros.

La etapa final de su carrera como jugador en el Bajo Flores cerró un ciclo de fidelidad absoluta. Se despidió con la ovación de un estadio que reconoció en él a uno de los últimos exponentes del enganche tradicional, una posición que parece estar en peligro de extinción hoy día.

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Incluso tras su retiro, el nombre de Gorosito sigue resonando en los pasillos de la institución. Su transición a la dirección técnica en el club demostró que su conocimiento del juego y su conexión con el hincha permanecen intactos, manteniendo vivo su legado para las nuevas camadas.

Néstor Raúl Gorosito no fue solo un futbolista talentoso; fue el arquitecto de un estilo que San Lorenzo abrazó como propio. Su huella permanece en cada rincón de Boedo, recordado como el hombre que hizo del pase gol una obra de arte y de la camiseta azulgrana su piel.